
Todos los años las calles de la Ciudad Vieja de Jerusalén se llenan de mesías. A estos se suman un buen número de mujeres que aseguran ir a dar a luz al Niño Jesús (normalmente sin estar siquiera embarazadas) y de hombres que creen ser profetas del Antiguo Testamento. Así, hace algún tiempo, un norteamericano que creía ser Sansón se desplazó a Jerusalén con la idea de mover un bloque de piedra del Muro de las Lamentaciones, pues, según él, no se encontraba en el lugar adecuado. Este fenómeno, conocido como síndrome de Jerusalén, tiene su punto álgido coincidiendo con la Semana Santa y la Pascua judía (por alguna razón, solo se ha descrito en judíos y cristianos, no así en musulmanes) y puede darse incluso en personas sin ningún tipo de sintomatología previa. Según un artículo publicado en The British Journal of Psychiatry, algunas personas que llegan a Jerusalén como turistas, normalmente acompañados de sus familiares o en grupos de viajes organizados desde países mediterráneos, sufren una inexplicable transformación transcurridos unos días en la ciudad. De repente, sienten la necesidad de proclamar salmos o versículos de la Biblia y se ven obligados a pronunciar sermones, casi siempre de mensaje confuso, en alguno de los lugares sagrados que abundan en la ciudad. Pasados unos pocos días, vuelven a la normalidad.
Es posible que a los psiquiatras del centro que suele atenderlos, el Kfar Shaul Mental Health Center, se les haya pasado por la cabeza alguna vez la idea de juntarlos en una especie de terapia de grupo. No sabemos qué pasaría si la mujer que va a dar a luz al Niño Jesús se encuentra cara a cara con su hijo… ya adulto, pero lo que ocurrió a finales de los cincuenta en el Hospital Estatal de Ypsilanti, Michigan, nos puede ayudar a hacernos una idea. En 1959, el psicólogo social Milton Rokeach llevó a cabo un controvertido experimento con tres hombres que creían ser Jesucristo. Rokeach juntó a aquellos hombres, que convivieron durante dos años, con la esperanza de que, al verse confrontados con otras personas que reclamasen su misma identidad, su delirio (por definición, inmodificable) hiciese aguas. Como precedente de su estudio de investigación, citaba un caso del psicoanalista, y novelista, Robert M. Lindner. Este describió la historia de dos mujeres que decían ser la Virgen María. Al entablar conversación, y después de decirse la una a la otra «Eso no puede ser. Debes de estar loca» en repetidas ocasiones, una de ellas llegó a la conclusión de que, si la otra mujer era la Virgen María, ella debía de ser su madre, santa Ana. Según cuenta Lindner, poco después esta mujer respondió al tratamiento, abandonó su delirio y fue dada de alta.
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Qué buen cierre para un gran artículo.
Ay, qué no escribiría yo sobre los delirios de grandeza y sobre lo que algunos creemos que tenemos en nuestras manos.
Me ha gustado mucho, felicidades.
«No hay mayor delirio de grandeza que creer que está en nuestra mano eliminar todo el sufrimiento del mundo…»
Qué buen cierre para un gran artículo.
Ay, sobre los delirios de grandeza y sobre lo que algunos creemos que tenemos en nuestras manos podría yo hablar mucho.
Me ha gustado mucho, felicidades.
*así mejor.
En prácticas de quinto, yo tuve la «suerte» de realizar la anamnesis a un chaval con depresión (y que años más tarde acabaría suicidándose) y a un psicótico (un esquizofrénico).
Ah, por cierto, antes de continuar, magnífico artículo.
Para quien no pertenece al gremio sanitario (excepción hecha de quienes conviven con un enfermo mental), es muy difícil hacerse una idea de la magnitud del problema, del grado de desconexión de la realidad que sufre una persona psicótica. Tienes la sensación de asistir a una representación con un vacío espaciotemporal. No entiendes, no te cabe en la cabeza la ceguera de esa mente. Es algo absolutamente triste y espectacular.
Qué gran artículo.
Desenvolverse cotidianamente dentro de la complejidad de nuestro sistema cognitivo es un ejemplo claro de la insensatez y fragilidad de nuestras existencias. ¿Qué defensas puede adoptar nuestra voluntad, que por definición tendría que ser “autónoma”, para analizar y eventualmente separar pensamientos potencialmente peligrosos si la misma voluntad es parte de ese devenir caótico de reflexiones? Por eso los poetas y místicos dicen más o menos lo mismo: al llevar muerte y vida al mismo tiempo somos muertos que caminan. Y a veces las pulsiones de muerte, siempre y extrañamente a través de sacrificios se sobreponen a la mayoritaria, la pulsión de vida. Y aquí habría que considerar cómo el arte se confunde con la vida, ya que un sacrificio cruento, al ser teatral, tiene más difusión mediática que el sacrificio gris de una simple vida. Y en todo esto la Fe a-crítica (una contradicción, lo sé pero me lo permitan) es una de las causas. Todas las Fe tienen origen en una parte bien definida de nuestros cerebros, así sea la Fe en un Dios bueno y todopoderosos o la Fe en un universo que se muestra matemáticamente previsible, finito, indiferente hacia nosotros y hasta diría casi banal. Se nace y se muere, borrón y cuenta nueva. El problema se presenta cuando nos convencen de que la Fe es un dono de Dios, y de consecuencia es muy natural que nos sintamos elegidos, predestinados y no prestemos atención a las contradicciones e injusticias palmares que conlleva, comenzando con la aceptación de la minoridad de la mujer o la masculinidad de Dios, o considerar la homosexualidad y los ateos como una manifestación del mal. Digamos que la Fe, todas, son positivas porque son una manera de defensa contra el horror de la existencia. Al fin y al cabo, ¿qué diferencia hay en lo primigenio y más puro del Dios de Abram que ordenaba amor hacía él y hacia sus criaturas, y los consejos no dogmáticos de la ciencia cuando nos muestra la maravilla del universo y la fragilidad de nuestro planeta y sus criaturas que sin vos nos piden solamente piedad? Muchas gracias por la lectura.
Yo nunca me crei Dios fui por otro rumbo, desde muy pequeño fui muy rechazado, y siempre recurría ante cualquier tristeza estar a solas, y es allí donde entraba en escena mi gran y muy querido amigo Dios, si así lo creí , que el se sentaba a mi lado y me acariciaba llegando hasta el punto de verlo llorar por mi dolor, me decía que me amaba y que hasta el último día de mi vida allí estaría, pero eso siempre fue una locura pues hoy más que nunca , estoy al borde del suicidio, y así como no lo veo ni lo siento en mi desesperación, así vi morir a mis seres amados, que también un día se sintieron amados de Dios, en sus últimos momentos de angustia clamaron y clamaron a el pidiéndole salir de esas angustias, yo sufría oyendoles en sus desesperaciones pero más sufrí cuando los vi suicidarse, pues su amado y querido Dios nunca estuvo allí, y ahora me doy cuenta que no fui el único enfermo en mi familia, y ojalá sea así, que creí en lo que nunca existió, y peor si si existes, entonces das la espalda a quien quiere creerte, por último solo fui un niño loco, pero ahora a mis 40 años no lo soporto más , y terminaré con esta locura.
Te convendria aprender a escribir en oraciones. Asi se te entenderia mejor!