Eros Ocio y Vicio

La inverosímil aventura de un infeliz con una diosa sexual

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The Deuce (2017– ). Imagen: Blown Deadline Productions / HBO.

Tuve una vez un compañero de trabajo, de carácter un poco huidizo, que acabó en una secta. No una secta como tal, sino que empezó a comportarse como si estuviera en una. Le comieron totalmente el coco, pero no fue un grupo organizado, ni siquiera una persona. Mejor dicho, fue una sola persona, una mujer, pero esa mujer no tuvo la más mínima intención de abducir a este hombre. Sí de seducirle, pero vamos, es que ni sabía que existía. Pero él cayó rendido a sus pies con devoción casi religiosa. De hecho, es que esta mujer era una diosa. En fin, era una diosa porno de internet.

No se habla mucho de estas diosas, ni de cuán grande es su poder. ¿Cuántos acólitos reúnen a su alrededor en rituales solitarios, pero colectivos, simultáneos, globales, hombres de todas las edades con su voluntad anulada? Yo no era consciente de la dimensión del fenómeno hasta que pasó lo de Marcelo, que así se llamaba este pobre hombre. Acabó colado por una diosa porno que encontró zascandileando por internet. Al principio era una más y no se la tomaba en serio. Iba saltando de una a otra, la red es así de maravillosa e impersonal. Como todo el mundo sabe, hay decenas de miles de tías que alguien se cepilla cada día en millones de vídeos, con varios millones de tipos en su casa, o donde les pille, dale que te pego, que se imaginan que son ellos los que lo están haciendo. Lo que pasa es que Marcelo se fue encariñando con una. Nunca supe bien cómo se llamaba, creo que Cristal Lane, o algo así. Por alguna razón —sus formas, su modo de moverse, el color de sus ojos— coincidía exactamente, como en un embrujo o un sueño hecho realidad, con la idea de mujer perfecta de mi colega, tanto que, cuando se topó con ella, el corazón le dio un vuelco, según me contó un día tomando una cerveza. Es decir, pensaba que estaba hecha para él, pero en exclusiva, como por encargo, como realización de un deseo o como si alguien le hubiera leído el pensamiento. Este es el tipo de seres empanados que estamos creando hoy en día, supongo que son conscientes. No se creía lo que estaba viendo, fue como un flechazo, con la diferencia, respecto a la vida real, de que se la podía tirar allí mismo, al menos como uno lo hace con el ordenador delante. Pensó que después se le olvidaría, como todas, pero el caso es que día a día, surfeando por aquí y por allá, curioseando en el menú (asiáticas, negras, brasileñas, etcétera), acababa volviendo a teclear su nombre, que aprendió de memoria a la segunda o tercera vez.

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9 comentarios

  1. Hay un «porque» que duele mucho verlo.

  2. Es un artículo divertido y con más trasfondo del q parece.

  3. Ignoro qué tiene de veracidad este artículo, pero sin duda es magistral; me he reído lo que no está escrito :-)

  4. Lo de que ahora corre maratones es la guinda del pastel. Estoy llorando de la risa.

  5. Estupendo relato y apoteósica frase final.

  6. Después de la risa, y volviéndolo a leer es cierto que hay un trasfondo, traído de los pelos pero no por eso imposible: las utopías, los sueños, las esperanzas que comenzaron con la oralidad, luego la prensa y ahora la imagen. De todas las utopías o sueños que nos presentaron a través de la Historia no quedó ni una en pie. Dioses, ciencias, filosofía, política, patria, géneros… menos el sexo (o eso espero) Estrepitoso el final con la cura adoptada. Gracias por la lectura.

  7. Stephen De Ventre

    Me he reído lo que no está escroto.
    Habéis oído «Pictures Of Lily» de los Who?

  8. Merche la prostituta ninfomana y voluptuosa

    Me ha gustado leer esto.

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