
En una palabra: mentirosos.
Ya después, si gustan, les pueden llamar otras cosas. Geniales, visionarios. Osados. Incluso periodistas, si es por atender a su profesión. Pero lo que verdaderamente los define es lo otro. Lo de faltar a la verdad. Por mucho que de sus manos nacieran, por ejemplo, algunas de las carreras ciclistas más legendarias. Aunque su nombre sea sinónimo, ojo, de reportero extremo, de pluma controvertida, de firma admirable…
Acompáñenos el lector curioso por toda una sarta de bravuconadas, falsedades, certezas que no lo son, leyendas sin base alguna y mucha, mucha mala baba.
El primer Tourmalet
¿Quiere que acuda a verlo sobre el terreno?, pregunta Alphonse a Henri. Vaya, contesta el padre del Tour, y a su vuelta hablaremos sobre esta locura.
La escena transcurre en el número 10 de Faubourg Montmartre, sede del diario L’Auto. París, principios del año 1910. Hace solo unos minutos que Alphonse Steinès, redactor, ha propuesto a Henri Desgrange, director, una idea que más parece epopeya. Hacer que los ciclistas del Tour de Francia suban los grandes puertos pirenaicos. El Peyresourde, el Aspin, quizá el Tourmalet y el Aubisque.
Imposible, brama Desgrange, imposible, demasiados peligros, las rutas están rotas, impracticables. Pero vaya, vaya allí, y dígame si se puede hacer.
Steinès, osado y orgulloso, parte. En Pau el Ingeniero de Puertos y Caminos encargado de la zona responde riéndose. ¿Ciclistas en el Aubisque?, en París os habéis vuelto locos, es muy fácil ahí, sentaditos junto al fuego, jugar a ser pioneros. Pero esto son las montañas, amigo. Steinès no se rinde, y viaja hasta Bagnères de Bigorre. En el pueblo busca un chófer que lo acompañe a atravesar nada menos que el Tourmalet, el monstruo de más de 2000 metros. Un tal Dupont acepta, después de muchas reticencias. Aún hay nieve arriba, pese a ser junio. A cuatro kilómetros de la cima, el coche no puede avanzar más. No hay camino, solo un blanco homogéneo, refulgente, que se va apagando poco a poco porque la noche cae. Steinès insiste, concluiré la subida a pie, usted espéreme en la otra vertiente del Tourmalet. Dupont queda preocupado, pero como aquel tipo tan raro ha pagado por adelantado lo deja ir con un consejo: siga usted las pértigas rojas y blancas… marcan la senda.
Un par de horas después la situación de Steinès es dramática. Ya no hay pértigas, ya no hay luz, está congelado, sus ropas completamente empapadas, avanzando casi a tientas entre la nieve, hundido hasta la cintura. Corona el coloso completamente a oscuras y, aturdido, empieza a bajar. Es de madrugada cuando ve, a lo lejos, unas luces. El pequeño pueblo de Barèges. Llega a las primeras casas, una voz lo interrumpe. ¿Quién va?, dice. Steinès está tan agotado que no responde. ¿Quién va?, repiten, más apremiantemente ahora. Si no se identifica dispararé. El periodista susurra. Soy Alphonse Steinès. El otro lo reconoce, todos están buscándolo después de que Dupont diera la voz de alarma. Le llevan a una cabaña, lo acercan al fuego, lo meten en un barreño de agua templada. En la montaña saben tratar a los hombres que regresan del frío. Al día siguiente, apenas recuperado, Alphonse Steinès manda un telegrama a Henri Desgrange. Falaz, canalla. Histórico.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Lo de Mauro no lo acabo de pillar. Si según las actas metió los 23 goles, ¿dónde está la falsedad del cronista? O lo que es peor, si el de Vigo se dedicaba a ponerle goles que no había metido y aún así la cifra final coincidía, es que otros cronistas de otras ciudades se los quitaban, ¿no?
No necesariamente: bastaba con atribuir a Mauro los goles de otros jugadores del mismo equipo (la camiseta del celta es lo que vería la mayoría). Y si se untaban unas cuantas manos en partidos que no iría a ver casi nadie… Eran otros tiempos.
Lo de Frodosini tuvo su aquel también. Recuerdo leer la historia en un foro de aficionados de Unicaja que decían estar seguros que varios periodistas les leían y luego iban a sus medios a soltar la «noticia». Inventaron lo de Frodosini para eso mismo, para desenmascarar a varios de ellos,que se las daban de sabios y efectivamente, gente como Paniagua diciendo en la SER cosas como » Frodosini no dará espectáculo pero es un jugador que ayudará al equipo» o » Enorme capacidad atlética de este argentino».