Ciencias

La crisis de los treinta años

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El Puente de la bahía de Sídney, Australia. Fotografía: Robert Montgomery (CC).

El puente roto, la ciudad de miedo pasmada.

Extracto de la Centuria LXX, Cuarteta 81, de Las Profecías. Nostradamus, astrólogo (1503-1566)

Hace algún tiempo, con una combinación de elementos que con dificultad podría ser más políticamente incorrecta, circulaba un chiste que finalizaba con un elefante afirmando entre sollozos: «Soy un conejo, ¡soy un conejo! O lo que quieras que sea, pero por favor no me pegues más». Se suele decir, con razón, que si torturas los números lo suficiente al final te dicen lo que quieres, como por ejemplo los estudios de tráfico en los que se basan los pliegos de concesiones de autopistas de pago o, en general, cualquier análisis multicriterio a partir del que se planifican las grandes infraestructuras. En otras ocasiones la estadística por sí sola arroja un frío dato que cuesta interpretar, o incluso aceptar, porque no parece justificable. Como, por ejemplo (y sin llevar puesto un sombrero de papel de aluminio en la cabeza), esta primicia que les puedo adelantar: en el entorno del año 2030 es muy probable que ocurra un fallo estructural grave en un puente importante que supondrá el fin de la forma tradicional de calcular esa tipología.

Primero, retrocedamos cuarenta años

En el año 1977, un estudiante de posgrado de la Universidad de Londres llamado Paul Sibly defendía su tesis doctoral titulada Predicción de fallos estructurales. Tanto en su tesis como en el artículo «Accidentes estructurales y sus causas», publicado ese mismo año junto a su tutor Alastair C. Walker en Proceedings of the Institute of Civil Engineers, analizaba los factores que habían influido en el fallo de diversas estructuras. Su contenido no era revolucionario puesto que no era la primera vez que en ingeniería civil se ponía el foco en este tipo de análisis, pero en cambio sí que descubría una curiosa e inquietante tendencia. Dentro de la larga lista de construcciones que se habían derrumbado estando en servicio o en construcción, Sibly había destacado en su tesis cuatro grandes puentes metálicos que habían terminado con un dramático colapso: el puente de Dee, el de Tay, el de Quebec y el de Tacoma Narrows. Repasemos sucintamente lo que ocurrió en cada uno de ellos:

El puente ferroviario de Dee estaba compuesto por tres vanos de unos treinta metros de luz salvados mediante celosías de hierro forjado. Se vino abajo en 1847 cuando circulaba un tren sobre él. Murieron cinco personas. Su colapso por inestabilidad torsional obligó a reforzar o remodelar todos los puentes con un diseño similar. 

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3 comentarios

  1. Me sorprende no ver mencionado el derrumbe del puente Morandi de Genova en 2018. No tengo conocimientos de arquitectura, pero según la wikipedia (ya sé, ya sé…) es atirantado, y aunque no cumple el calendario, nunca nadie ha acusado a los italianos de ser especialmente puntuales…

    • Leandro Gao

      Diría que en este caso el puente de Génova no es estrictamente un puente atirantado y en parte funciona como un puente cantilever. Además los tirantes fueron encofrados y hormigonados como protección, hecho que creo es exclusivo de Morandi.

  2. El derrumbe del Morandi tendrá sus motivos racionales para no ser considerado entre los puentes con esa precisa cadencia trágica que el autor bien detalla, pero es algo preocupante que entre en la otra dimensión, la metafisica, donde caerían todos porque sí. De paso vuelvo a señalar que sobre el puente de Calatrava en Venezia, es angustiante querer caminar como naturaleza manda. Excelente artículo sobre esta invención que nació para unir. Gracias.

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