
En la década de los sesenta surgía en Estados Unidos el término minimalismo para definir un tipo de arte desprovisto de casi todo. Aunque el concepto no se acuñó hasta finales de aquella década, en arquitectura Ludwing Mies van der Rohe ya diseñó, junto a Lilly Reich, el Pabellón de Alemania para la Expo de Barcelona de 1929. Este edifico cumple con el principio del arquitectónico estilo moderno de principios del siglo XX y con algo que Mies defendió en todos sus proyectos: menos es más.
En 2016 aparecía un documental llamado Minimalismo: las cosas importantes. Sin embargo, en los setenta y ocho minutos de metraje no se habla ni una vez sobre arte o arquitectura, sino de un estilo de vida. Hoy en día, se conoce al minimalismo como una filosofía que sigue cumpliendo con el mismo principio que la Casa Farnsworth de Mies: menos es más.
El documental cuenta con los testimonios de varias personas que se han tomado esta doctrina al pie de la letra y viven solo con lo necesario. Joshua Fields Millburn y Ryan Nicodemus son dos de esas personas que narran cómo, hastiados por el yugo de una vida basada en trabajar y en un consumismo voraz, fomentado por las despiadadas estratagemas publicitarias modernas, comenzaron a practicar esta filosofía basada en el «menos es más». Su calidad de vida aumentó hasta tal punto que comenzaron a compartir lo que habían aprendido a través de internet. Actualmente se les conoce como The Minimalists, mismo nombre de su web oficial, e imparten charlas, escriben libros y tienen un podcast sobre minimalismo.
Los estadounidenses han conseguido llegar a más de veinte millones de personas a través de sus charlas, sus libros y, en definitiva, su web. En ella explican qué es el minimalismo sin mucha concreción, ya que esto no tendría sentido. Según lo definen, el minimalismo es un estilo de vida basado en cuestionarte qué cosas, especialmente materiales, son importantes y aportan significado a tu vida. Se trata de vivir con aquello que realmente es útil y olvidar lo demás, no otorgando tanta importancia a lo material. De esta manera, según apuntan desde el sitio online, se tendrán más tiempo, más dinero, mejores relaciones y, sobre todo, una vida más plena. Se trata de buscar el sentido de la vida a través de la sencillez.
No obstante, algo que dejan muy claro es que no hay una pauta o unas reglas que seguir para ser minimalista. Cada uno debe serlo a su manera y de la forma que más se ajuste a la persona. Si no quieres tener un coche o una casa, perfecto. Si quieres tener un coche y una mansión con piscina, perfecto también. No es más minimalista uno que otro porque no va de eso, sino de ser consciente de lo que uno tiene y por qué.
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Siempre supone un drama para mí el tema de ordenar las cosas. Cualquier cosa. Es verdad que odio una casa desordenada y el caos generalizado, pero todavía odio más el hecho de tener que SOLUCIONARLO YO. Ya me molesta, si tengo sed, tener que levantarme del sillonazo reclinable en el que veo mis series o películas favoritas para abrir la nevera y ponerme un vaso de lo que sea. Ahora bien, lo que no puedo hacer de ninguna manera, es lavar luego ese vaso y recolocarlo donde estaba. De manera que poco a poco, mi casa es un barullo de prendas de ropa dejadas al azar, platos y vasos sin lavar, desorden absoluto y no digo mugre porque viene una asistenta muy competente dos veces por semana. a razón de cuatro horas diarias. Claro que el día antes de que venga, recojo todo como buenamente puedo porque si no fuera así, no habría nadie que quisiera venir a limpiar a mi casa. Pero os aseguro que mientras realizo esa penosísima labor, me siento la persona más desgraciada del mundo. La recompensa la obtengo cuando veo mi casa reluciente y ordenada por una profesional que es capaz ¡hasta de cantar! mientras trabaja.
Esto se arregla con un mayordomo a tiempo completo, una doncella, una cocinera y un chófer. De nada.
No ordeno porque me la paso mirando
pasar el mundo, como los perezosos,
ese mamífero de caminar lento pero
no como nosotros. Y si la energía no
se crea ni se destruye, pero se transforma,
es él, el que siempre gana con el mismo
resultado de tener siempre menos ganas.
Algo de Dalai Lama tiene este animal
con su parsimonia, simpatía y decoro
que por suerte no sabe que un día
es posible que termine mal.
Excelente lectura. Gracias.
Creo que así, esté mejor.
No ordeno nada porque no hago otra cosa
que mirar pasar el mundo, como los perezosos,
ese mamífero de caminar lento, pero no como
nosotros, y si la energía no se crea ni se destruye,
pero se transforma, es él quien siempre gana
con los mismos resultados de tener muchas
menos ganas.
Algo del Dalai Lama tiene ese animal con su
parsimonia, ética, simpatía y decoro que por
suerte no sabe que un día u otro es posible
que termine muy mal, como nosotros.