Íñigo Gurruchaga y Walter Oppenheimer, y los nombramos por estricto orden alfabético, son respectivamente los corresponsales en Londres de Los diarios regionales de Vocento y El País. Un corresponsal, como todo estudiante de periodismo debería saber si ha desaprovechado sus años universitarios asistiendo a clase, envía noticias desde el extranjero, profundiza sobre los temas más diversos y teje una red de informadores y relaciones profesionales que le permiten llegar más allá, a las maquinaciones que se intrigan en los bajos fondos y en las altas esferas que, gracias a la refundación del capitalismo, la política italiana y los matrimonios regios por amor, por fin se ha demostrado que son la misma cosa. En el imaginario popular un corresponsal se juega la vida en cada reportaje, demuestra una calma tibetana mientras toma notas bajo el fuego enemigo y amigo; desprecia las generosas ofertas de malvados cárteles que pronto se transforman en promesas de muerte dolorosa y hace temblar a las estructuras de poder más tiranas con sólo dejar su tarjeta sobre las bandejas de plata de ministerios y cancillerías. Y algo de cierto hay en todo esto; corresponsales fueron Vasili Grossman, Graham Greene, Ernest Hemingway, Iliá Erenburg y el enorme Chaves Nogales. La diferencia entre un corresponsal y un reportero figura en el Capítulo 1 de cualquier manual de periodismo; nosotros no se la enunciaremos aquí, entre otras cosas porque si bien es cierto que el corresponsal está varios escalones por encima del reportero en una imaginaria escala de virtudes periodísticas, no lo es menos que éste apenas sí podría divisar por debajo de él en esa misma graduación la pomposidad innata al redactor de Jot Down.
Es a partir de una respetuosa visita a la iglesia de St. Bride, obra de Christopher Wren (otra personalidad que pide un artículo a gritos), durante la cual ambos recuerdan emotivamente el funeral de un colega, cuando se hace más patente la veneración que ambos sienten hacia su profesión. Recorren Fleet Street señalando los edificios en los que en otro tiempo se encontraban las redacciones de las cabeceras más legendarias de la prensa británica, hoy trasladadas a barrios más funcionales. Recuerdan huelgas de linotipistas, carnets de la Oficina Internacional de Telégrafos y crónicas enviadas por télex.
¿Cómo es ahora la vida de un corresponsal en Londres? ¿Ha cambiado mucho la manera de ejercer la profesión desde que llegasteis?
Walter — Iñigo llegó hace muchísimo más tiempo que yo, así que habrá cambiado más para él.
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Me parece un poco fuerte que teniendo a dos corresponsales en Londres a mano, un o de ellos con mas de 35 tacos de experiencia en la ciudad el entrevistador solo sepa recurrir a tipicos topicos sobre Londres y los Ingleses. Una entrevista extensa, perdida en parrafos sobre futbol, ETA y el IRA y sus no similitudes y por supuesto la comida y el conducir por el otro lado. Siento tener que hacer la critica, pero me parece una perdida de tiempo escribir tanto sobre algo que no tiene relevancia. Mi sugerencia, revisar la entrevista desde un punto de vista que no sea Espanocentrico. Espana no es el ombligo del mundo y por muy buena que sea nuestra comida y nuestro futbol y por mucho que creamos que conducimos por el lado correcto se pueden hacer entrevistas que no se dediquen simplemente a comparar estos topicos. Una sugerencia y una critica. Servidor.
No comparto la indignación de Eduardo. La entrevista me parece una magnífica disección de los vínculos España Reino Unido, que permite además conocer cómo son los británicos realmente, sin los tópicos habituales. Interesante comprobar, que con el paso del tiempo, cada vez tenemos más cosas en común con los británicos como el ombliguismo y el euroescepticismo, entre otras.
Me ha encantado la entrevista
Hacer una entrevista larga no la convierte en una entrevista interesante. Este es el ejemplo.
Si no fuera porque no se le entiende cuando escribe, supongo que Iñigo Gurruchaga podría llegar a ser un buen corresponsal, verbigracia:
«Bone podía prever esas reacciones pero no podía saber, cuando llamó en 2010 a la Sociedad Laica Nacional para preguntar si el Ayuntamiento de su ciudad, del que era concejal, podía convocarle a plenos que se inician con el rezo de oraciones, que un juez iba a fallar en contra de los rezos precisamente con su partido, el liberal-demócrata, en coalición con el conservador, y con éste reivindicando en estos mismos días el papel de la fe en la política»
y así toda la vida, luego la gente no lee periódicos…
Dos leyendas mano a mano