
Duncan Jones era conocido por ser hijo de Bowie (1) hasta que rodó Moon mezclando ciencia ficción con cine de autor y cultivando una envidiable legión de fans que lo ensalzaron como creador de culto. Código Fuente es su incursión en la industria generalista.
Y empieza de manera excepcional, con Jones situándonos al mismo nivel de conocimiento del entorno que al descolocado Coltern Stevens (Jake Gyllenhaal): de golpe, a saco, sentado en un tren, frente a una desconocida y sin recordar nada sobre quién es, dónde se dirige o por qué está ahí en ese preciso momento. La atención a pequeños detalles iniciales (el café que se le derrama a una pasajera, una llamada de teléfono, el revisor solicitando el billete) nos da la pista: hay algo más.
De repente, una explosión y todo el pasaje se va a tomar por el saco.
Hábilmente se desenvuelven las reglas. Es una carrera contrarreloj: en el tren hay una bomba, Coltern tiene continues infinitos y revive una y otra vez en el mismo sitio los ocho minutos anteriores al momento en que el artefacto se detona. Todo se repite y su misión es localizar al responsable del atentado.
Con este ingenioso punto de partida Jones factura un thriller notable y utiliza de forma inteligente sus cartas para crear una versión seria de Atrapado en el Tiempo en formato carrera contra la bomba y compartiendo propuesta con la televisiva serie A Través del Tiempo (hasta el punto de rendirle un cameo de voz y, por lo tanto, sólo reconocible en la versión original).
El entretenimiento está repleto de aciertos reseñables, desde colocar en el escenario a una serie de secundarios cuya función no es servir de atrezzo sino de piezas más o menos útiles en el juego, hasta diseminar el ritmo con mucho ojo durante el metraje involucrando perfectamente al espectador y haciéndole testigo de un Gyllenhaal cada vez más puteado con eso de explosionar en el Cercanías pasados los ocho minutos.
Sus puntos más flojos vienen en la manera en que se desarrolla la relación del protagonista con los personajes interpretados por Vera Farmiga y Jeffrey Wright, ambos ajenos al escenario del vagón. Pese a que se cuidan muy bien los detalles de la narración (como remarcar la omnipresente cam sobre el monitor de Vera Farming pero evitar mostrar lo que ella ve en la pantalla), ambos roles están subordinados a ejercer de tutorial de las normas, y los pequeños detalles de los mismos (la muleta de Wright, por ejemplo) sólo son elementos innecesarios que despistan de lo más importante: que Coltren tiene la marcha puesta en modo Speed para descubrir al terrorista, salvar al pasaje o hacerlo todo a la vez.
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