Sociedad

El gesto de alguien que ha visto el infierno

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Una mujer congoleña, víctima de violación en grupo, posa en las instalaciones de la ONG Heal Africa en Ndosho, República
Democrática del Congo, 2006. Fotografía: Per-Anders Pettersson / Getty.

—¿Qué fue lo que más te llamó la atención cuando la viste?

—Tenía un gesto muy peculiar, la mirada de alguien que ha visto el infierno.

Emilio Vercillo [1] es un calabrés (resopla cuando lo dice en voz alta) afincado en Roma desde que empezó a estudiar Medicina; se especializó en Psiquiatría. Actualmente, trabaja en un centro de salud público para refugiados. Se encarga de los casos de estrés postraumático y de los trastornos disociativos. Su interés por estas patologías fue definitivo en 2002, durante unas vacaciones en Rodas, tras una larga conversación con Sami Modiano, superviviente de Auschwitz. 

Supe de su trabajo por casualidad, durante una cena, y me pareció imprescindible interrogarle en varios encuentros posteriores con el fin de saber qué ocurre con los migrantes cuando acaba la crónica, cuando se apagan las cámaras de televisión. Qué ocurre cuando están a salvo de aquello de lo que huyen, cuando llegan a la tierra prometida: Europa. 

—Leí el artículo que publicasteis sobre Baluchistán. Curiosamente, tuve un paciente baluche.

—Es tremendo lo que están viviendo allá.

—El trauma que le traté fue provocado por la paliza que le dieron aquí, en Roma, un grupo organizado de jóvenes neonazis que se dedica a la «caza del bangla» (muchos de los que llegan a Italia son de Bangladés). Le rompieron la mandíbula a patadas.

El SaMiFo (salud para el migrante forzado) ASL ROMA 1, centro referencia en la Regione Lazio, recibe y trata a personas de muchas nacionalidades que están a la espera de asilo político (o humanitario). Vercillo aterrizó en este centro tras el cierre, en 2008, del hospital San Giacomo, donde trabajaba en la planta de agudos. San Giacomo era el segundo hospital más antiguo de Europa. A la planta de agudos llegaban pacientes de todo el mundo. Emilio coincidió allí con Goffredo Bartocci, una autoridad en la psiquiatría transcultural, esa rama que se ocupa de las diferencias culturales en la enfermedad mental. 

Cuando le pido que me explique con una frase en qué consiste su trabajo me dice que intenta, con farmacología y terapia, que sus pacientes dejen de revivir los traumas que sufrieron. Que acaben siendo solo recuerdos.

Alexia tiene treinta años y llegó a Roma desde Congo. Esta historia comienza cuando decide participar en una manifestación contra el gobierno de su país. Hay, además, un agravante: ella pertenece a la etnia del anterior presidente. 

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2 comentarios

  1. Artículo tan amargo como necesario. Gracias por explicar estas historias.

  2. Impresionante artículo sobre hechos lamentables que se presentan en muchos lugares del mundo. Yo, que estoy al otro lado del Atlántico, he conocido casos similares por aquí e impresionantemente las historias son bastante parecidas, como si hubieran ocurrido aquí.

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