Arte y Letras Literatura

Asimov, resublimado

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Isaac Asimov en 1980. Foto: Cordon Press.

En 1920, es decir, hace justo ahora cien años de nada, ocurrieron tres cosas estupendas. Primero: el genio fugópata Louis Armstrong —diecisiete años, exconvicto y ya padre de un hijo— empezó a tocar con la banda Fate Marable en una de las enormes barcazas a vapor que se deslizaban desesperadamente despacio Misisipi abajo. Segundo: se publicó The Heads of Cerberus, de Francis Stevens (el seudónimo de la muy respetable Gertrude Barrows Bennett), en una revistita pulp bastante desastrosa que se llamaba The Thrill Book. Trataba sobre tres amigos que esnifan un polvo gris (no blanco) y aparecen por arte de magia en Filadelfia doscientos años más tarde. Para muchos, esta historia escrita por una viuda de raya en medio y rizos pegados a la frente con vaselina sería la primera historia de ciencia ficción sobre un viaje temporal jamás publicada, un salto a un universo paralelo bastante poco acogedor, por cierto, como suelen ser todos los universos paralelos. Y tercero: el 2 de enero de ese mismo año de 1920, vino a este mundo el pequeño Isaac Asimov en Petrovichi, un gélido pueblo en medio de la Rusia en guerra. De Petrovichi salieron pitando sus padres hacia Estados Unidos en 1923, años antes de que los nazis arrasaran con todos los judíos de la ciudad. Llegaron a Brooklyn y el resto ya es historia conocida por los fans de Asimov: el padre abrió una minúscula tienda de caramelos en un pasaje del metro que abría diecinueve horas al día, donde el pequeño Isaac entró a currar y se acostumbró a estar en sitios muy pequeños y cerrados, algo que acabó prefiriendo siempre (le daba pavor volar: cogió dos aviones en toda su vida). 

Trabajaba a lo bestia, como hizo a partir de entonces, sin parar, con una atención del mil por ciento, sobre todo en las revistas de ciencia ficción que su padre vendía por kilos en el kiosco. Muy pronto, Isaac empezó a escribirlas él mismo y a publicarlas en Astounding Science Fiction. Al mismo tiempo, estudiaba bioquímica en la Universidad de Columbia, donde entró ¡con quince años! Era vivaz, divertido y un poco caradura, guapete. Un buen chico. A mediados de los cuarenta, se decidió por hacer el doctorado y empezó a preparar su tesis, para la que tenía que llevar a cabo una serie de ensayos en el laboratorio de la universidad. Por aquel entonces, solo llevaba gafas de montura metálica, no esas patillas ni las gafas de armador griego que tanto nos gustan. Esa cara de sabio bíblico seguramente se aburría como una mona: Asimov tenía un agudo sentido del humor, le encantaban los chascarrillos y los chistes malos, llegó a escribir un libro de limericks o chistes en verso, bromas blancas de empollón con un punto gamberro.

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8 comentarios

  1. Un artículo absolutamente delicioso. Gracias.

  2. Recuerdo haberlo leído y no comprendí Nada. Hay que ser muy versado en química para comprender la tiotimolina.

  3. Asimov es un autor que hizo mucho por la divulgación científica.
    Se lo critica por un estilo despojado pero nunca recurrió al kitsch como otros escritores.

    Otra cosa es que adolece de un defecto muy común yes que sus personajes por ej en fundación hablan y piensan como hombres de 1950. Por no hablar de «sus mujeres» que son comparsas.

    Solamente a partir del sol desnudo se animo a volar un poco más pero otra ves en una sociedad con ectogenesis y total control genético la gente se casa de por vida por obligación. Uno pensaría para que si pueden aportar material genético.

    Robots del amanecer por otra parte también imagina un poco más se atisba un mundo con parejas intercambiables matrimonios temporales y homosexualidad libre pero los habitantes insisten que no son promiscuo y «cuidan» sus relaciones (como si tuvieran que disculparse con algún tipo de moral)
    Por otra parte es muy divertido describir a la tierra como un mundo «donde todo el mundo tiene sexo con quien quiere pero fingen estar casados con exclusividad sexual»
    El libro escandalizo mucho en su época

  4. Jajaja. Un crack. Y cuánto tiempo fantástico nos ha hecho pasar. Felicidades por el artículo.

  5. Gran artículo.
    Sólo una cosa. Dice que “The Heads of Cerberus, de Francis Stevens …. Para muchos, sería la primera historia de ciencia ficción sobre un viaje temporal jamás publicada, un salto a un universo paralelo bastante poco acogedor, por cierto, como suelen ser todos los universos paralelos.“
    He comprobado que “Un yanki en la corte del rey Arturo” de M. Twain se escribió en 1889. También “La máquina del tiempo” de H.G. Wells es de 1895.
    Un saludo.

  6. Juan Molina Porras

    Solo una precisión: en 1887, ocho años antes que Wells, Enrique Gaspar publicó en la colección Arte y Letras «El Anacronopete», primera novela donde aparece una máquina del tiempo y hay varios saltos al pasado. Para informarse sobre la ciencia ficción española no estaría mal que consultaran «Historia de la ciencia ficción en la cultura española» editada y dirigida por Teresa López Pellisa

  7. Pingback: Los robots de Isaac Asimov - Jot Down Cultural Magazine

  8. Pingback: Asimov, resublimado by Esther García Llovet – Masticadores

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