Arte y Letras Arquitectura

La ciudad que se construyó en tres años y medio

Brasilia
El Eixo Monumental, la principal avenida de Brasilia. Fotografía: Leandro Neumann Ciuffo (CC).

No princípio era o ermo…
Eram antigas solidões sem mágoa,
O altiplano, o infinito descampado…
No princípio era o agreste:
O céu azul, a terra vermelho-pungente
E o verde triste do cerrado.
(En el principio era el yermo…
Eran soledades tan antiguas que ni siquiera tenían dolor,
El altiplano, el desierto infinito…
En el principio era el agreste:
El cielo azul, la tierra roja y acre
Y el verde triste de la sabana(.
«O Planalto Deserto».

Antônio Carlos Jobim y Vinícius de Moraes, 1959.

Es una imagen tan presente en el mundo contemporáneo que se ha convertido en símbolo de las grandes inauguraciones; tan identificativa de los fastos como la antorcha olímpica encendiendo el pebetero, como los grupos de danzas regionales desplegados cual alfombra mutante y multicolor sobre el césped, como Los Manolos cantando junto a Peret para una audiencia de mil millones de personas o como el pezón de Janet Jackson en el descanso de la SuperBowl XXXVIII. Porque si rascamos sobre la pátina del espectáculo manufacturado, nos encontramos la estructura que lo sostiene y lo hace posible; y esa estructura de la realidad no siempre es tan alegre y festiva. A saber: decenas de arquitectos e ingenieros apurados para entregar a tiempo los proyectos, cientos de jefes de obra apurados para que la construcción siga a tiempo el contenido de los proyectos, miles de oficiales de construcción apurados para que las órdenes de sus superiores se cumplan a tiempo, decenas de miles de peones apurados para que los estadios y los pabellones estén operativos a tiempo. Cientos de kilómetros de infraestructuras y millones de toneladas de hormigón, acero, madera y vidrio a la distancia de un parpadeo de no estar colocadas a tiempo. Prisa, barullo, estrés. Tiempo. Falta de tiempo.

Lo hemos visto en casi cualquier gran acontecimiento deportivo —y no solo deportivo— de las últimas décadas, y con especial relevancia en los pasados Juegos Olímpicos de Río o en el Mundial de Brasil de 2014. Claro que, si la experiencia es un grado, deberíamos haber tenido total confianza en que los brasileños serían capaces de llevar a cabo tales empresas. No en vano, la capital de Brasil se levantó en menos de cuatro años. Desde la nada. Desde el desierto.

Al principio era el desierto 

Quizá por lo exótico del apellido, a Juscelino Kubitschek le empezaron a llamar «JK» desde bien niño. Hasta su madre alternaba el «Juscinho» y el «Nonô» con el «JK», orgullosa de esa K que era la inicial de su propio apellido y que el pequeño había decidido adoptar. El padre de JK había muerto cuando él contaba con apenas tres años y su recuerdo tampoco era precisamente noble. Nocturno, bebedor y mujeriego, João César de Oliveira era lo que algunos llaman canalla pero que, en realidad, es lo que viene a ser un gilipollas. El caso es que, antes y después de muerto, los ingresos de la familia venían exclusivamente del lado de Júlia Kubitschek, hija de inmigrantes checos de etnia gitana. Esos ingresos no eran precisamente boyantes porque la señora K tan solo era la maestra de primaria de uno de los barrios periféricos de la pequeña ciudad de Diamantina, en el estado de Minas Gerais. Y a principios del siglo XX, la vida de una joven madre de origen extranjero en el centro de Brasil no se parecía mucho a la opulencia campestre de Dona Beija. Era una vida dura y jodida, y más teniendo que sacar adelante a dos hijos de corta edad. Entre clases, comidas y lavanderías, la señora K poco podía imaginarse que, cinco décadas después, su pequeño «Nonô» se convertiría en el vigésimo primer presidente de Brasil. Y, por cierto, el primer mandatario del planeta con sangre gitana. También sería el hombre que cambió el corazón del país. 

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Un comentario

  1. Buenos días. Un articulo estupendo con el que no puedo estar más de acuerdo en su narrativa. Me ha recordado un tema que tratamos en mis tiempos de estudiante. Las pinceladas musicales son brillantes entre textos técnicos acertados
    Gracias por ser un referente en la lectura cultural.

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