
Hasta el año 2012 ningún ciclista inglés había entrado entre los tres primeros de una gran vuelta. País anónimo, cierta tradición pero nada más. Desde entonces suman seis Tours de Francia, tres Vueltas a España (una ganada en diferido, como los contratos) y, en el caso del Giro de Italia, dos. Con cinco ciclistas distintos, además, que tiene más mérito. Es su edad de oro (el color de las medallas buenas en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, precisamente). Ahora Tao Geoghegan Hart viene a sumarse a ese club con una victoria inesperada en Milán. Esta es su historia.
Una tarde en el volcán y muchos para casa
El de 1946 fue un año jodido en Italia. Guerra. Posguerra, más bien. Heridas, un conflicto planetario pueblo a pueblo, casa por casa. Una república recién parida. Y su carrera. El Giro del Rinascimento lo llamaron, y no es necesario extenderse más. Postales de ventanas sin cristales ni muros, carrera de viudas en las cunetas, tipos vestidos de negro, niños comidos por piojos y miseria. Pero hubo Giro. Y fue, como es siempre, oasis rosa, sonrisas y despreocupación.
El país que logró organizar una vuelta menos de un año más tarde de concluida la Segunda Guerra Mundial ha estado a punto de ver como uno de sus símbolos más conocidos (junto con la Olivetti, el café en taza pequeña y las gafas de sol aunque caigan chuzos de punta) tenía que suspenderse a causa del coronavirus. Al final, solución in extremis, movimiento de fechas y el Giro que se va para octubre. Fechas más de Amstel. De Amstel Curaçao Race, claro. Sensaciones raras.
No ayudaba la participación. Si ya en ocasiones el Giro parece un negocio entre italianos (y naturalizados como Tonkov) esta anómala temporada iba a traer concurrencia especialmente magra. Del Tour solo repetían Bilbao y Miguel Ángel López, pues doblar era casi imposible. El cafetero, además, duró un suspiro, porque en mitad de un recta perdió el control de la bici y se estampó contra las vallas. Una cosa rarísima para un tipo que suele hacer cosas rarísimas (en el anterior Giro, sin ir más lejos, se lio a hostias con un espectador).
Era la primera crono (ganó Filippo Ganna, pero de él vamos a hablar más adelante) y su ausencia supuso un duro golpe para Astaná, en principio equipo más potente de la prueba. Buenos peones y dos tipos de nivel como López y Vlasov para proteger a su gran líder, Jakob Fuglsang. Al final el colombiano se escoña, el ruso tiene que abandonar al dar positivo por COVID (también volveremos a esto) y Jakob… pues oigan, ni fu, ni fa. Demasiado tarde para dar el gran salto, quizá deba quedarse como (gran) corredor de clásicas y vueltas pequeñas. No es poco, otros nos dedicamos a juntas letras.
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Qué forma tan agradable de resumir el giro
Gracias….
2 minutos 40 segundos, por poner algo… ¡Grande Marcos!
¡Qué manera de escribir! Felicidades por la crónica. Es muy difícil describir la sonrisa que se le va poniendo a uno a medida que lee sus artículos. Gracias de verdad porque siempre es un placer leer sus artículos.
Nunca sabremos qué habría pasado si el día del Stelvio el Sunweb hubiese dado libertad total a Hindley en la última subida, pero la sensación que quedó es que el australiano tenía mejores piernas que Tao. Tampoco qué hubiese pasado si la penúltima etapa se hubiese podido celebrar como estaba diseñada originalmente pasando por el Agnello porque aunque Hindley lo intentó varias veces en Sestriere, la pendiente del puerto permitía ir a rueda razonablemente bien.
Yo esperaba también que éste fuese el Giro de Kruijswijk y que se pudiese resarcir de su caída en 2016; pero tampoco pudo ser esta vez y como dice en el artículo, quizás nunca será para el holandés. Recuerdo perfectamente aquel Giro de 2016 y la exhibición del ciclista del Jumbo a pesar de contar con un equipo bastante débil. Su choque contra esa pared de nieve que parecía no tener fin justo después de coronar el Agnello es una imagen que se me ha quedado grabada en la memoria.
Quizás no ha sido la mejor edición porque la nómina de participantes no era tan laureada como otros años. Quizás la carrera quedó un poco deslucida a las primeras de cambio con el abandono de varios favoritos. O quizás este año nos conformamos con poco. No lo sé. El caso es que el Giro tiene algo que lo hace muy especial que poco a poco te va atrapando. Es diferente al Tour o la Vuelta. Es simplemente el Giro. Y con eso nos basta.
¡Viva el Giro!
Entiendo poco de la terminología ciclistica, pero su prosa es estrepitosa. Es siempre un placer leerlo entendiendor poco y riendo tanto.El esprés en tacita pequeña es una joyita italiana que se me hace difícil encontrarla en España o en Alemania, y si le hecha un chorrito de grapa, mejor aun. Por mi pueblo pasó una vez el giro, y puso todo patas pa’arriba. SPQR, Sono Pazzi Questi Romani por la bici, como decía Obelix. Viendo tantas muchachas dale que dale a la bici, me pregunto si veremos alguna vez una copia del giro para mujeres. Cada vez son más. Gracias y a la próxima.
Felicidades por la crónica, cualquier aficionado que no haya podido seguir la carrera, aquí tiene un magnífico resumen. Brillantísimas ‘pullas’. Por algún momento pensé que él que escribía era Javier Ares.
Por poner algún pero, me disfrazo de crítico.Castroviejo que también venía del Tour e hizo de gregario de Guerreiro, otro luso que subió al podium por etapa y la maglia azurra. Y el circo futbolero siempre presente.