
Los hosteleros, restauradores, baristas y dueños de pubs de Benidorm han puesto en marcha una iniciativa tomada de las verbenas populares y de las fiestas de moros y cristianos. Consiste en vender talonarios de tickets de diferentes colores que los usuarios pueden utilizar para desayunar, comer, cenar y tomar copas donde les apetezca, dentro del circuito de los que se han adherido al proyecto. Un todo incluido sin pulserita ni ámbitos en aislamiento, porque los papelillos se pueden gastar en total libertad.
Renovarse o morir, ya que, por un más que módico precio, se puede pasar una semana de vacaciones, con la opción de elegir siempre y sin estar sujetos al buffet del hotel. La idea que se ha puesto en práctica tiene dos ventajas fundamentales: de un lado, el reparto de lo que se pueda ganar y la solidaridad de los empresarios entre sí y, de otro, el estímulo de la calidad del producto por aquello de ser preferidos por los consumidores. Son, en fin, ofertas a la baja que permiten la supervivencia del sector adaptándose a las circunstancias; ya vendrán otros tiempos, mejores o no, pero estos son los de ahora mismo.
Es la historia de Benidorm desde que dio el salto hacia lo nuevo: una población de pescadores que se subió, sin complejos, al carro del ocio cuando la posguerra daba a luz generaciones mejor alimentadas y con otros intereses más allá del trabajo y el ahorro.
Se atribuye a Pedro Zaragoza, alcalde en la década de los cincuenta, la idea de sustituir la economía tradicional de la zona por el turismo. La pesca era entonces un oficio artesanal que calaba sus redes a unas pocas millas de la costa y la agricultura, basada en la vid, sufría de epidemias de filoxera que arruinaban las tierras de la comarca y de sus limítrofes. No lo hizo solo, convenció a un grupo de amigos que vieron, como él, el negocio, y pensaron concienzudamente en cómo hacerlo: transformar el pueblo en una ciudad de vacaciones, sacarle rendimiento a los arenales que forman las playas, atraer gentes de interior y del extranjero y pasear el nombre de esta pequeña aldea de pescadores por las cabezas de medio mundo relacionándolo con el placer.
Benidorm es un enclave, término que se asocia de inmediato a unos pluses de intensidad económica, política, demográfica o turística. Los enclaves son territorios dotados de fuerzas telúricas que se empeñan en actuar pase lo que pase y eso ha sido siempre: un espacio convertido ahora en un hinterland geoeconómico, lleno de gente, en el que no dejan de pasar cosas; lugar entre el mar y la montaña, cuchara que contiene una pequeña porción de tierras con una gota de roca en forma de isla frente a la playa.
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En mi mente visualizo al Coronel Kurtz (Marlon Brando) viendo la segunda foto y murmurando: «El Horror, El Horror…»
¿Quién en su sano juicio, aparte de los que nacieron y estuvieron ahí toda la vida, querría desplazarse a ese escenario de Blade Runner quemado por el sol? Incluso toda esa caterva de catetos (al estilo Alfonso Arús) de las islas británicas, deberían tener derecho a saber que las alternativas a ese decorado de cartón piedra se encuentran en la Costa Brava, Costa Azul, norte de Italia…
Benidorm es y será necesario para concentrar a todos esos turistas a los que no querrías ver en tu pueblo. Yo, que soy del pueblo de al lado, me horrorizo al ver que nos ponemos de moda, causando que muchos horteras vienen a disfrutar de nuestras playas y alterar nuestra placidez mediterránea.
Todo el mundo tiene derecho a veranear, pero para que los veraneantes más indeseables no nos fastidien el verano a los demás Benidorm funciona de lujo como concentrador de muchos de ellos.
Benidorm vende un magnífico producto que la gente quiere y compra, con un posicionamiento de marca casi único en Europa. Por eso es uno de las primeras industrias de la Comunidad Valenciana
No hay nada inmoral en ello. Nadie busca la estética o la elegancia en unos altos hornos o en una fabrica de coches, se busca productividad y rentabilidad satisfaciendo las demandas de sus clientes al mejor precio
Yo soy valenciano. Cuando viajo por el mundo y digo que son español de Valencia, me preguntan que dónde está eso. Siempre les digo que cerca de Benidorm y en el 80% de los casos lo conocen. Que un taxista de Nueva York conozca Benidorm es significativo
No juzgo el gusto de la gente que va allí, pero ya nos vendría bien en España tener más Benidorms
Maravilloso artículo que refleja la esencia de Benidorm, su historia, sus anecdotas, su urbanismo, su gente emprendedora, su clima, su paisaje, la gran calidad de sus playas, un enclave maravilloso, a pesar de la fama que algunos han querido poner.
Mi enhorabuena a su autora.
lo que pasa en benidorm …se queda en benidorm…
En EEUU tienen las Vegas y nosotros Benidorm. Tuve ocasion de vivir alli durante 3 años y cambio mi vision del lugar. No es turimos cutre..ni guris…ni viejos, yo mas bien diria que es la diversidad de todos ellos, ese pequeño lugar que convierte Beni es un reflejo a pequeña escala del pais. En benidorm hay hoteles de 5 estrellas y pensiones de mala muerte…hay bare asquerosos y restaurantes con estrella. Eso si todo dentro de la jauria que es aquello en verano. Creo que cualquier observador de la comedia humana y porque no decirlo, explorador de las diversas clases y culturas sociales alli se lo pasa de miedo.
El del comentario de vivo al lado…si eres de la Vila todos los de tu pueblo cuando se aburren terminan en benidorm…jajaaj