
«Empezar su reducción en 2015, con vistas a su total aniquilamiento», era el sexto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, de la Organización Mundial de la Salud. (Esos objetivos fueron arrollados por el tren de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, pero esa es otra historia). Sin embargo, la malaria sigue siendo una enfermedad mortífera, de la que se contabilizaron 228 millones de casos en todo el mundo en el 2019; el año anterior había habido 405 000 muertes, algo menos de las 416 000 estimadas en 2017 y las 585 000 en 2010, continuando la paulatina bajada que se observa desde el año 20001. En 2018 y en el África subsahariana, alrededor de 24 millones de niños estaban infectados de Plasmodium falciparum —el parásito de la malaria más frecuente allí—, de los que 1.8 millones tenían anemia severa. En España, en los años veinte del siglo pasado, un pequeño grupo de investigadores logró erradicarla casi completamente, aunque la guerra civil truncó el proyecto, que no se vio culminado hasta 1964. Esta es su historia y la de las secuelas que ha dejado. Un pez voraz que asola nuestros ríos y charcas, una especia invasora que en cien años ha cambiado la ecología fluvial de la mitad sur de la península y que ahora supone una nueva amenaza.
El telón de fondo de esta historia es la miseria y el atraso de la España rural de principios de siglo. Según los datos de la Inspección para el Saneamiento del Campo, creada en 1910 por el Ministerio de Fomento, la superficie de cultivo que quedaba infrautilizada al tratarse de terrenos pantanosos ascendía a 400 000 hectáreas, y la morbilidad palúdica se situaba entre 500 000 y 800 000 personas, de una población de poco menos de 20 millones. Y de ahí los esfuerzos de algunos médicos epidemiólogos luchando contra una enfermedad terrible y devastadora, además de muy cara: la malaria, el paludismo. Eran pioneros en todos los sentidos porque «la lucha antipalúdica fue la primera intervención sanitaria española que se basó en criterios epidemiológicos, es decir, que se planificó según los datos de la prevalencia de la enfermedad».2 Por citar solo un caso, «de los doscientos términos municipales de la provincia de Cáceres, ciento ochenta eran palúdicos, abundando las fiebres perniciosas».3 Era un problema de salud que afectaba a todo el territorio nacional, porque «Badajoz, Cáceres, Huelva, Córdoba, Sevilla, Cádiz, Ciudad Real, Jaén, Murcia, Salamanca y Alicante se encontraban ante una situación de endemia grave, mientras que Álava, Málaga, Toledo, Albacete, Zamora, Palencia y Valladolid presentaban una endemia intensa. En el resto de provincias, la incidencia del paludismo era considerada leve».4
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Interesantísimo artículo. Gracias por la historia. Una cosa me ha quedado clara, ya no volveré a ver un cangrejo con los mismos ojos.
Muy buen artículo, y muy didáctico. Tan sólo echo de menos alguna referencia para poder comprobar la última parte del mismo referente al parásito y sus consecuencias..
Muchas gracias
Lo siento, no hay más datos ni bibliografía de la última parte. Eso es lo que convierte al artículo en algo tan difícil de creer. Es que es, literalmente, increíble.
De ahí mi sorpresa, hasta esa parte hay referencias y esta muy bien explicada la historia, pero el final la convierte en algo parecido a un programa de «Cuarto milenio» . Incluido el tema conspiranoico
Muy interesante el artículo, me parece notable. Sin embargo no tengo noticia alguna de un parásito que indujera al canibalismo entre los fore de Nueva Guinea, al contrario, el canibalismo ritual se ha descrito entre ellos como una tradición, desagradable pero obligatoria como respeto a sus muertos, me sumo al otro lector que quisiera tener referencias acerca de estos puntos. Por lo demás, enhorabuena.
Es verdad, esa parte no es creíble, y con razón.
Perdon:
«esa parte no es creíble, y con razón.»
Quiere decir que después de escribir un artículo tan extenso y al parecer bien documentado, lo ha tirado por la borda introduciendo una noticia falsa o sin fuentes y generando una intranquilidad en los lectores.
Es como tirar la piedra y esconder la mano…
Lo siento, pero no lo entiendo y me parece ridículo, por lo que agradeceriamos que se explique
Hola. Mira en qué sección está el texto. Es ficción científica, del estlo de otros artículos mios en esta misma parte de la revista.
Muy interesante y muy bien contado. Sobre todo, el hecho de que hubo paludismo en España hasta 1964, jamás lo habría pensado.
Es increíble comprobar que un mínimo cambio, como lo es mudar de habitat a un minúsculo pez, pueda generar tantas nuevas situaciones. Suponer que la luz solar, las estrellas y sus convulsiones, los vientos, sus procesos electromagnéticos, sus mares, montañas, profundidades , su temperatura, la peculiar y única forma de sus habitantes sean resultado de un todo organizado encuentra más lugar en la metafísica que en lo sensato. Recuerdo otra lectura, quizás en este mismo rincón literario, que hablaba de esas minúsculas particulas de mineral que son los granos de arena en el desierto africano. Con los vientos estacionales terminaban en la amazonia nutriendo su flora. Muchísimas gracias por la divulgación.