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Malditas etiquetas sociales

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Etiquetas sociales

Rodrigo es un joven adolescente de diecisiete años que ha estado buscando constantemente sus sueños en un mundo sin guía. Respecto a sus padres, hermanos y otros familiares/amigos, Rodrigo está lleno de dificultades para reconocer, identificar y dar sentido a todos los contextos de desarrollo que le rodean.

La mayoría de las personas con desarrollo normativo, los denominados «neurotípicos», nos levantamos y canalizamos sin problemas todos los estímulos que nos envuelven. Automatizamos estos sin ser conscientes e incluso sin dar la importancia que realmente tienen, que no es otra que sentirse vivo y comprender mínimamente el funcionamiento del mundo que ya de por sí resulta complejo.

Pero para Rodrigo resulta todo un reto, ya que presenta necesidades vinculadas con la autorregulación emocional y tiende a malinterpretar contextos sociales y las intenciones de los demás. Da la sensación de que no se percata de los sentimientos de los otros. Sus padres ya sospechaban que algo no iba bien cuando Rodrigo no jugaba e interaccionaba con sus iguales. Se mostraba irritable y se enfadaba por el sentimiento de frustración que experimentaba.

Sorprendía a la hora de expresarse, pues usaba un lenguaje poco usual para su edad: fluido con una variedad léxica notable. No obstante, el lenguaje figurado no lo llevaba tan bien. Si un amigo, en sentido humorístico, le decía: «Hoy me voy a cortar las venas», él le respondía: «¿Por qué te quieres suicidar?». Así pues, no acaba de interpretar las metáforas, frases hechas y otros recursos literarios que toda persona usa a diario.

Seguramente, todos tenemos a un Rodrigo en nuestras mentes; a un niño o a un joven al que la sociedad define —malditas etiquetas sociales— de raro, friki o extravagante en los mejores casos. Las características de estos niños se relacionan con un trastorno del neurodesarrollo: trastorno del espectro autista —TEA—. Y si tuviéramos que indicar los apellidos del trastorno, indicaríamos el síndrome de Asperger —SA—. Estos apellidos no están reconocidos explícitamente en los últimos manuales de psiquiatría. Sin embargo, los profesionales del mundo de la educación y de la sanidad no se olvidan del apellido Asperger y generan esfuerzos para recordarlo constantemente.

Así pues, en la última versión, la quinta, del DSM —Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales—, el Asperger, junto con otros trastornos asociados, se obvia al quedar relacionado inequívocamente con el grado 1 del Trastorno de Espectro Autista. Este establece diferentes grados: grado 1: precisa ayuda; grado 2: precisa ayuda notable; y grado 3: precisa ayuda muy notable.

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