
Esta entrevista se encuentra disponible en papel en nuestra trimestral nº32
Solo hay una forma de no caer rendido ante Asier Etxeandia (Bilbao, 1975): evitar mirarlo directamente a los ojos. Fracasamos en cuanto abre la puerta de su casa. Lo que deslumbra no es su terraza, en la que centellea el perfil de Madrid, ni su frenética perrita Gora, ni una hospitalidad de comuna hippie. Es esa cosa indefinible que Asier tiene atrapada entre párpado, pupila e iris.
No es cantante, actor, bailarín o performer, aunque haga todo eso. Es fantástico, lo dice él. «Artista», sentencia, y eleva el mentón. Fue un niño maltratado que actuaba para amigos invisibles, un freak que se está cobrando su venganza. «Las personas a las que hacías bullying y pegabas en el cole somos los que hacemos los libros, películas y discos que escucháis. Nos vais a admirar, nos vais a hacer ganar», dice.
A eso se dedica ahora, a ganar. Llenó teatros, rueda con Almodóvar y por fin ha formado su grupo de música, Mastodonte. Esto último es lo que más le ha costado: durante mucho tiempo solo lo tomaron por «un actor que canta», un animal escénico con voz rasgada que podía coger el micrófono si hacía falta. Pero ni cuando vivía en una casa okupa, o vendía vibradores, o dormía en bancos de la calle, o cantaba «Paquito el chocolatero» en verbenas de pueblo, se libró de ese deseo asfixiante: la música.
Conforme va desgranando su historia, su vida, se va construyendo sobre la mesa un altar de cosas importantes: una foto de su abuela, otra de Tomaz Pandur, un póster firmado por Pedro, vinilos. Dice que lo han querido para tres vidas y que tiene pavor a la vejez. También a la soledad, aunque es un poco en balde: durante la larga conversación jamás mira el teléfono, pero a su casa van llegando amigos de hace décadas. Tiene sus iniciales tatuadas, y ellos lo llaman «el cumplesueños». Su risa estalla como una tormenta de verano; su palabra más repetida es emoción.
En la terraza aún hay restos de la última fiesta. «Nací el día de san Maricón. Aquí lo celebramos a manguerazos», cuenta. Presume de saber que va a cumplir los sueños que le quedan. Sin descansos ni vacaciones. Porque, si se para un segundo, él solito se encarga de destrozarse. A veces piensa que no es suficientemente bueno. Debe de ser el único.
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No se para que mandamos naves a Marte pudiendo llegar al ego de este señor.
Madre mía, que intensidad en cada respuesta, que sensibilidad a flor de piel cada dos frases, que necesidad de convertir cualquier vivencia en EL EVENTO.
Por lo que veo, sobreactúa en todas las facetas de su vida, no solo delante de la cámara o en el escenario.
Pues que ratito más agradable acabo de pasar con este señor. A pesar de lo extensa no se hace nada larga la entrevista…La verdad es que no conocía demasiado de su trayectoria pero parece un tipo interesante que cree en lo que hace.
OLÉ!!
Amo a Asier. Le vi en “El intérprete” 5 veces, y lleve a unas 20 personas en las distintas ocasiones.
En un momento personal muy duro, me ayudó a salvar mi vida con esa obra.
Y es un intenso, con dos cojones, porque puede y lo vale todo, y un encanto en el trato personal (pude hablar con él un ratito tras una de las representaciones, agotado y extenuado tras la maravilla que era esa obra, todo atención a mí persona).
Animal escénico con mayúsculas.
Le conocí en la nueva serie de Netflix, SkyRojo, y me sorprendió muchísimo. Buen actor!
Me encanto la entrevista, felicidades por su trabajo.
Saludos!
Pablo.