
Jot Down para bodegas LAUS
Abajo kun, la tierra y arriba chien, el cielo. Tus pies sobre el principio pasivo, la que acoge para fructificar, la tierra del Somontano. Y tu mirada acogida por ese límite horizontal que la separa del cielo, apenas roto por algún cerro y en la lejanía por las sombras de los Pirineos. Pocos lugares del mundo reflejan tan bien en las características de su paisaje los principios opuestos de la filosofía oriental. La fuerza pasiva de un lado, su contraria activa del otro, y una superior que las contiene, aúna y modera. Es el mundo, el tianxia, el todo bajo el cielo.
Geográficamente, pocas regiones están más lejos de Confucio y la filosofía del Tao que la de esta denominación de origen. Pero hay algo que las conecta, una bodega que supo ver la capacidad de este lugar para reconciliarnos con nosotros mismos. Eso que hoy, con la fatiga pandémica, se ha vuelto más necesario que nunca. Encontrar la paz interior mediante la unión de las milenarias técnicas orientales con un legado no menos ancestral, la viticultura heredada de Roma.
En el kilómetro 42 de la carretera que va de Barbastro a Monzón, en Huesca, se alza un monolito negro que nos anuncia esta unión de legados. Un nombre en latín coronado por el trigrama kun, uno de los símbolos del I Ching, Libro de las Mutaciones. Este tratado filosófico que acabaron compartido taoísmo y confucianismo habla del mundo como un lugar en perpetua transformación. Concebido como un libro de adivinación, su utilidad final es ayudarte a que te conozcas a ti mismo y alcances el equilibrio. La coincidencia con el aforismo escrito en el templo griego de Delfos, «conócete a ti mismo» es, más que casualidad, la expresión universal de que los seres humanos, independientemente de las culturas y las épocas, buscamos lo mismo. Paz y bienestar en el desorden del mundo.
A esa reconciliación nos llama la representación del kun, la tierra en contraste con el cielo, en este sobrio monolito. Seis líneas paralelas que son más un concepto que una palabra, traducible igual por tierra, sentimiento, cesta de flores o principio receptivo. Bajo ellos la palabra Laus, el elogio, la celebración. Nombre también de una bodega imprescindible en el Somontano. Nombrada con la lengua de los romanos para unirnos con aquel milenario pasado oriental en esta tierra de transición entre el valle del Ebro y los Pirineos.
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