
Leo mucho ahora. Llevo dos años leyendo mucho. Pero ni aun así soy un buen lector. Con los libros que no me gustan, sencillamente no puedo; y con los que me gustan, debo esperar el momento adecuado. Soy un lector perezoso, esquivo, fácilmente derrotable. Siempre he necesitado inspiración para leer.
El caso más llamativo es el de esos autores que sabía que me iban a gustar pero para los que no encontraba el momento. Hubo años de demora hasta que me entregué a su lectura. Me ha pasado con algunos de mis favoritos: Bernhard, Jünger, Proust, Montaigne.
Con Bernhard me pasé años leyendo solo el principio de Tala y de Hormigón. Me divertían enormemente, pero algo me impedía avanzar. Leía una o dos páginas y los dejaba. Meses después volvía a abrirlos, leía esas mismas páginas y me volvía a interrumpir. A la vez, algo me decía que Bernhard era mi autor e iba acumulando sus libros. Era quizá la fabricación, medio involuntaria, de un destino. Aquí conté cómo se desató. Me tuve que ir unos meses a Ibiza por trabajo y le presté a un amigo mi apartamento de Madrid. Entre las lecturas me llevé Hormigón, solo porque transcurría en parte en Baleares (en Palma). Y al fin llegó el momento: lo leí entero y quise más. Telefoneé a mi amigo para que me mandase todos los libros de Bernhard que tenía en el apartamento, un montón. Y ya no paré hasta que leí a Bernhard completo.
La fiebre por Jünger fue anterior. Me compré Radiaciones en cuanto se publicó en España, por mi afición al género de los diarios. Pero cada vez que lo empezaba me empantanaba en la lectura. La primera sección, «Jardines y carreteras», en que Jünger cuenta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en su pueblecito alemán y su avance por la campiña francesa en la retaguardia del ejército, me aburría. Lo empezaba una y otra vez, y una y otra vez lo abandonaba. Algo, sin embargo, me hacía insistir. Esto es lo significativo. En uno de mis intentos, tomé la resolución de empezar por la sección segunda, «Primer diario de París». Y ahí se produjo el clic. La primera anotación (18-2-1941) empieza así: «Antes de las primeras luces del alba llegada al descargadero de la estación de Avesnes, donde fui despertado mientras dormía profundamente». Luego cuenta un sueño, que termina con esta imagen prodigiosa: «Junto a uno de aquellos campos, que estaba cubierto de un espeso sembrado verde, veía a mi madre, que estaba aguardándome; era una mujer joven, maravillosa. Yo me sentaba a su lado y cuando me cansaba ella tiraba de aquel campo como si fuera una manta verde y nos cubría con él». Jünger concluye: «El cuadro visto en este sueño me ha llenado de dicha y ha estado proporcionándome calor mucho tiempo, mientras de pie en la fría rampa de descarga dirigía las operaciones».
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Usted, querido Montano, dice y da por hecho que ha leido a Thomas Bernhard, pero lo que ha leido en verdad es el señor Miguel Sáenz- uno de los más grandes de la traducción – interpretando el alemán de Thomas Bernhard en español. Y menuda interpretación es aquella, impresionante: de todo adictivo a mi me ha resultado Bernhard en el español de M Sáenz (en inglés, bastante menos, lo cual no quiere decir que sea «mal traducido» al inglés, ni mucho menos).
Volviendo al hilo del otro día, si fuese el caso que Don Miguel Saenz hubiese hecho un pequeño «error» o «una lectura discutible» en un texto de Bernhard que alguien «cazara», a mi me daría igual. Sus traducciones son magníficas, cosa en que creo que hay unanimidad de opinión.
En cuanto a su lista, faltan autoras, ¿no? Escritoras como Jane Austen, George Eliot, las hermanas Brönte, Marguerite Yourcenar («Memorias de Adriano» es estupendo), y hoy en día alguien como a Dona Tartt quien llega a combinar lo popular con lo literario con gran acierto… No llego a entender por qué «The Secret History» no sea conocido en español entre los jovenes, fue un bombazo en su día en EEUU… pero parece que no ha hecho eco aquí…
Lo de no leer por haber leído es un poco como lo que decía mi abuela como excusa cuando no teníamos hambre a la hora de la comida por haber picado antes: no comer por haber comido …. es interesante cómo algunos libros los quieres y te marcan aun antes de haberlos leído, como explica muy bien. Lo que es una pena es que Radiaciones de Jünger sea hoy inencontrable