Cine y TV

Íñigo Gurruchaga: Todos los hijos de Thatcher

La Dama de Hierro

Una divagación inspirada por la película La Dama de Hierro

En la casa del párroco de Epworth, una villa inglesa del norte en la que se extendió la agricultura tras el drenaje por encargo del rey de los humedales circundantes por el ingeniero holandés Cornelius Vermuyden, los voluntarios del Consejo Mundial Metodista explican a los visitantes de hoy que su vertiente del cristianismo nació en aquella misma cocina, por la aplicación sistemática de una madre de familia numerosa en el final del siglo XVII a la educación, alimentación, oración y sostenimiento de sus hijos.

Susanna Wesley tuvo diecinueve hijos, de los que sobrevivieron nueve. Dos de ellos, John y Charles, dieron el nombre a una forma de credo y rituales. Estudiaron teología, compusieron miles de himnos, cabalgaron por el país para predicar a cientos de personas congregadas en claros del bosque o ensenadas propicias, peregrinaron sin éxito a la América en la que disidentes exiliados de la Iglesia establecida sembraron el ideal de la Ciudad en la Colina y tuvieron vidas matrimoniales raras, con el aroma de desequilibro sentimental del que dieron ejemplo sus padres, arruinados por empeños evangelizadores, pleiteados a menudo sobre asuntos doctrinales y que dejaron para la posterioridad de su vida en común la sentencia de despedida del padre al partir a Londres por el desacuerdo con su esposa sobre la legitimidad del monarca de aquel momento: “Tú y yo debemos separarnos, pues, si tenemos dos reyes, hemos de tener también dos camas”.

Un reproche posible al retrato que la película La Dama de Hierro traza de Margaret Thatcher es la falta de referencias a su educación religiosa en el metodismo, una versión de la fe cristiana que aspira a un rigor luterano en el cumplimiento de la palabra evangélica pero que cultiva el sacramento del que se despojaron las bajas iglesias de puritanos, anabaptistas o cuáqueros, por su convicción de que ni rito ni jerarquía sacerdotal ni rey podían mediar entre la conducta de los hombres y las exigencias de las Escrituras. Los metodistas pioneros expulsaron de sus congregaciones a quienes no pagaban impuestos, mantuvieron vínculos con la Iglesia de Inglaterra, la del Estado, hasta sumarse a ella en el principio de este siglo.

Margaret Roberts nació en Grantham, a unos ochenta kilómetros de Epworth, en una familia en la que no hubo disputas religiosas pues la personalidad absorbente del padre, preboste municipal, predicador metodista y propietario de dos comercios, acalló la de la madre. La voz del padre reverberó en su hija, que lo recuerda en el filme con esta secuencia lógica: “Cuida tus pensamientos porque se convierten en palabras. Cuida tus palabras porque se convierten en actos. Cuida tus actos porque se convierten en hábitos. Cuida tus hábitos porque se convierten en tu carácter. Cuida tu carácter porque se convierte en tu destino. Nos convertimos en lo que pensamos. Eso decía mi padre”. Puesto que la biografía esbozada que tenemos de Margaret Thatcher (su apellido de casada) y esta película —en la que la madre no es siquiera capaz de leer o de mostrar alegría ante la carta de un colegio de la universidad de Oxford confirmando la concesión de una beca a su hija— insisten en que su padre marcó en ella la más poderosa y temprana influencia intelectual, sería imprescindible entender sus pensamientos para interpretar el destino de la Dama de Hierro.

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10 comentarios

  1. No sería del final del siglo XX ?
    «A esa geografía humana del final del siglo XXI dirigió la Margaret Thatcher»

    Muy bueno!

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  3. Qué lección, Iñigo!!! Me gustaría que hubieras hablado algo del acento de la Dama de Hierro, algo que al parecer exasperaba a sus detractores y de esa capacidad camaleónica que esbozas y que, a falta de VSO, no apreciaremos en Meryl Streep. Me alegro de encontrarte por estos rumbos.
    Julián

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