Cine y TV

Delphine y Carole: callarse no es de guapas

Delphine y Carole
Carole Roussopoulos y Delphine Seyrig. Imagen extraída del documental Delphine y Carole. Imagen: Les Films de la Butte.

París, 1969. Una mujer jovencísima de ojos azules, flequillo alborotado y dientes separados sale llorando de las oficinas de la revista Vogue. Se llama Carole, tiene veinticuatro años y acaba de ser despedida. No tiene más estudios que el título de bachillerato de letras que había obtenido en Suiza. Ni más ingresos que el cheque del finiquito que porta en su bolsillo. Sin embargo, todo eso no importa. Aquel día Carole no tenía un plan B, pero sí una necesidad: almorzar. Y a veces solo hace falta hacer caso a un rugido de tripas para que tu vida cambie por completo. 

 «A partir de ahora es una mujer libre, ya no tendrá más jefes que aguantar». Sin querer admitirlo, Carole se estaba sintiendo cada vez más y más convencida por las palabras de aquel joven que acababa de conocer en la cafetería en la que había parado a comer. Tras horas de conversación descubrió que ese muchacho de mirada hundida y corta estatura era poeta, se llamaba Jean Genet y estaba completamente fascinado con un aparato revolucionario que había llegado hace poco al mercado. Insistía a Carole en que, con el dinero del finiquito, debía hacerse con él. Era una inversión de futuro. 

La vehemencia con la Genet hablaba de aquel invento resultaba hasta contagiosa. Tanto, que nada más terminar de comer el poeta, Carole y Paul Roussopoulos —amigo de Genet y futuro marido de Carole—, se encaminaron al número 1 del boulevard Sebastopol de París para comprar la segunda videocámara portátil que se vendió en Francia. El primero en adquirirla había sido, quince días antes, Jean-Luc Godard.

Para Carole aquella máquina era un milagro. Rápidamente entendió que el aparato que tenía entre sus manos no solo contaba con infinitas posibilidades técnicas que explorar, sino que también le brindaba un inmenso poder: el de dar voz a quien hasta entonces no la había tenido. Con la segunda ola del feminismo ya avanzada, Carole tenía claros cuáles eran sus intereses y sus prioridades. Quería que mujeres de todo tipo se situasen delante de su objetivo. Ya fuesen amas de casa, estudiantes, obreras, activistas o prostitutas. Su experiencia le había demostrado que, cuando a una mujer se le daba la oportunidad de hablar sobre cualquier tema, siempre tenía cosas interesantes que decir. Más aún si el asunto en cuestión era el sexo:

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Un comentario

  1. ¿Jean Genet joven en 1969?

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