Deportes

“Pistol” Pete Maravich: el ídolo con el corazón roto (I)

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Sí, vamos a hablar de baloncesto. O mejor dicho, de un ser humano que se refugió en el baloncesto y al final fue completamente secuestrado por el juego al que tanto amaba, que se escondió detrás de un icono y a quien su propio icono suplantó ante el mundo; un espíritu vulnerable devorado por su propia fama. Hablaremos de lo que el baloncesto hizo por él, de lo que hizo con él y de lo que hizo contra él. Pero dejemos que sea alguien tan improbable como Bob Dylan quien tome la palabra en primer lugar. «¿Dylan? ¿En un artículo sobre baloncesto?» Pues sí, Bob Dylan, el músico, el poeta de las melodías amargas. Porque por poco que parezca tener que ver con el mundo de la canasta —y en realidad no lo tiene— Dylan siempre ha demostrado un fino olfato para detectar el talento ajeno, siempre ha sabido apreciar la obra de otros. No en vano, tras conocer la trágica y prematura muerte del protagonista de este artículo, escribió una canción inspirada por él. Que sea el legendario trovador, pues, quien comience a contarnos la historia:

“La radio estaba encendida y emitían las noticias. Me sentí horrorizado al oír que Pete Maravich, el jugador de baloncesto, se había desmayado en una cancha de Pasadena; simplemente se había caído y ya no se volvió a levantar. Una vez vi jugar a Maravich en New Orleans, cuando los Utah Jazz aún eran los New Orleans Jazz. Era algo digno de ver —una tupida mata de pelo castaño y calcetines caídos—, era el sagrado terror del mundo del baloncesto, el que volaba alto, el mago de las canchas. La noche en que lo vi jugar hizo un dribbling con la cabeza, anotó desde detrás de la espalda, encestó sin mirar, dribló a todo lo largo de la pista, lanzó una pelota al tablero y recogió su propio pase. Era fantástico. Anotó algo así como treinta y ocho puntos. Podría haber jugado a ciegas. Pistol Pete no ha jugado profesionalmente desde hace un tiempo y se pensaba que estaba como olvidado. Pero yo no me había olvidado de él. Algunas personas parecen haberse desvanecido, pero cuando de verdad se marchan es como si jamás se hubiesen desvanecido en absoluto”

Y Dylan tiene razón. Es como si nunca se hubiese marchado. Cuando un espectador piensa en ese ente abstracto y poderoso llamado NBA —esa especie de octavo arte que ha llegado a desafiar al propio Hollywood por el predominio en el espectáculo—, cuando mira esa liga de superestrellas que durante los ochenta forró las carpetas de adolescentes de medio mundo con las imágenes de un nuevo tipo de artistas que habían conquistado las canchas, ese espectador no ve a la NBA: lo ve a él. Incluso aunque no sepa que él una vez existió, aunque no le suene su cara y desconozca cómo se llamaba, pero él está allí, mirándonos con ojos tristes. El espíritu de la NBA es su espíritu. Al menos el de la NBA ideal, aquella que muchos querrían recuperar de entre tanto músculo y tanto mate. A veces el deporte son números, y entonces interesa a las mentes dinámicas o a los niños más estudiosos de la clase. A veces el deporte es competición, y entonces interesa a los tertulianos de bar y a quienes viven de confeccionar titulares y portadas. Y a veces, pocas, el deporte es un arte: los términos “mejor” o “peor” ya no son los más importantes, sino “más bello” o “menos bello”, “más inesperado”, “más difícil” o incluso “más inexplicable”. Entramos en la tierra de lo mágico, y entonces es cuando más nos interesa el deporte a quienes, como Dylan, nos empeñamos en seguir recordando al prestidigitador del peinado Beatle y los calcetines caídos.

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27 comentarios

  1. Tremendo, espectacular. Muchas gracias.

  2. Brillante!!! Me ha mantenido enganchado de principio a fin…, espero ansioso la siguiente parte. Gracias.

  3. Grande, E.J.

  4. dcdsoundsystem

    Quizás sean cosas mías, pero por época, por biografía, y hasta por parecido físico si me apuras, siempre he encontrado cierto paralelismo entre la figura de ‘Pistol’ Pete y la de Alex Chilton: http://en.wikipedia.org/wiki/Alex_Chilton (casi como un ‘Pistol’ Pete con guitarra). De hecho, me gusta imaginar de forma inocente a Maravich escuchando a Big Star mientras daba sus primeros pasos en la NBA de la época… Finalmente, ninguno de los dos pudo triunfar de la manera que les hubiese gustado.

    Gran artículo, espero con impaciencia la segunda parte.

  5. No tengo nada contra Pete Maravich, pero nunca he entendido por qué se siguen escribiendo columnas y más columnas sobre él. Entiendo la mística del perdedor y tal, pero no que sea casi el único jugador de la década de los setenta sobre el que se escribe. En vez de los que ganaban partidos y eso.

    • E.J. Rodríguez

      Hola meej,

      Cuestión interesante. En este caso el artículo lo sugirió un lector en los comentarios de un texto sobre Ricky Rubio y me pareció una buena idea. Sé que hubo jugadores tan buenos y mejores que Pistol Pete en aquella década, sobre los que se podría escribir también, y quizá lo haga. Gente que efectivamente ganaba más partidos. Pero Pete Maravich es un personaje especialmente interesante, alguien con toda una historia psicológica detrás. Además tenía algo que no se puede comprar ni vender y que tiene poco que ver con los porcentajes de victorias… y ese «algo» era el carisma. Quizá fue un «prototipo fallido» de la figura de superestrella NBA, pero nadie puede negar que tenía más condiciones que nadie entonces para el estrellato (hablo de estrellato en estado puro, de amor del público, no hablo de victorias, anillos ni trofeos), aunque no todo le fuese bien. Es un personaje con el que resulta fácil empatizar, que nunca dejó de ser un niño triste (algo que el público, inconscientemente, captaba), alguien que no disfrutó demasiado de su mucho dinero ni de su fama.
      Sí, se podría escribir sobre las cifras de Walt Frazier, por ejemplo… pero cuando a Maravich se le han dedicado películas o canciones, es por algo. Es la clase de figura que trasciende el deporte que practicó, y cuya historia puede interesar a cualquiera, incluso aunque no sepa nada sobre baloncesto. Y creo que eso es lo importante: las historias. Creo que por ese motivo se sigue hablando de él, y este tipo de personajes, al despertar esa simpatía, ayudan a que gente ajena al baloncesto sienta curiosidad y busque algún video de Maravich en Youtube: «a ver qué cosas hacía este jugador del que están hablando aquí». Es difícil crear nuevos aficionados simplemente volcándoles promedios de asistencias o estadisticas de los play-offs. Además, el juego de Maravich podía no ser el más efectivo para alguien con una mentalidad más de «ganar partidos», pero era un estilo de juego extraordinariamente bello y espectacular. Eso tiene también un valor intrínseco que va más allá de las cifras.

      Un cordial saludo.

    • Es el tipo de jugador que esta por encima de los números, marca época por lo que era y por como jugaba…sin más despues entramos a debatir si era mejor o peor.

      Pero tiene un intangible que no tienen los demás, por muchos números, anillos, o estadísticas.

      Impresiona y se te queda en la retina, porque divertia.

      Es como si a mi me preguntas…¿Quien es el mejor jugador y el mejor equipo que has visto? Y te respondo que Jason Williams y los Kings de hace 10 años. No ganaron nada pero te divertian y te sorprendian y eso…eso marca.

      Al menos a mi.

  6. Deseando leer ya la segunda parte. Gran artículo.

  7. me ha encantado!!

  8. de locura. Pedazo de texto

  9. Pedro Torrijos

    Hay una interesante discusión sobre Pete Maravich en el foro de la ACB:
    http://foros.acb.com/viewtopic.php?f=1&t=449045#p21534926

  10. Me ha encantado. Me ha emocionado. Además me he motivado y me he puesto la banda sonora de Hoosiers (http://grooveshark.com/#!/album/Hoosiers/6246905) porque me ha recordado en cierta medida al personaje de Jimmy. No sé mucho de baloncesto, he visto poco y he leído lo suficiente como para considerarme un ‘inculto avanzado’, pero no conocía la historia de Pistol. Fantástico, muchas gracias, de verdad que me ha emocionado y espero la segunda parte. Gracias y a seguir así, sois un ejemplo.

  11. Da gusto leer este tipo de articulos. Desconocía la historia de este jugador, y lo único que sabia de él a fecha de hoy, era la comparacion que habian hecho de RR con este jugador. Esperando la segunda parte de esta gran Historia. Enhorabuena al redactor.

  12. Pistol lo tenía… vaya sí lo tenía.

    También espero la segunda parte por supuesto. Muchas gracias EJ.

  13. Bernardo de Gálvez

    Gracias por el artículo, señor E.J. Rodríguez. El Pistol ofrece una buena historia. Estos artículos son de los que hacen afición.

  14. Grandioso artículo.

  15. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | “Pistol” Pete Maravich: el ídolo con el corazón roto (y II)

  16. Pues siento poner la nota discordante, pero me parece demasiado hagiografico.

    Creo que ya en 1971 estaba mas que claro que Pete no era el mejor jugador universitario de la historia (de hecho le eligen en el numero 3, a cualquier anterior potencial «mejor universitario de la historia» los habian elegido en el numero 1). Ni el segundo. Ni el tercero. Jugador de enorme talento, anotador compulsivo y chispa especial pero en universidad poco importante, en conferencia flojita y donde podia hacer lo que quisiera sin tener responsabilidades sobre el resultado final. Un calco a su carrera NBA.

    Lo otro que me me parece muy exagerado es lo que se desprende del texto sobre que Pete hizo de la NCAA una competicion de masas («transformaron aquel ignorado baloncesto de facultad en un gran espectáculo de primer orden»). Ya lo era mucho antes por su propia idiosincrasia. De hecho muchisimo mas importante y relevante que el baloncesto profesional.

    Aun asi me parece un buen articulo en general, muy currado, simplemente la tendencia a la desmesura en el acercamiento al jugador no ayuda, me gustan mas los tonos mas neutros

    saludos

    • Michael Jordan, que para mí fue el mejor jugador de todos los tiempos, fue nº3 en el draft del 84 (el primero fue Sam Bowie, y mira qué finos estuvieron los que lo eligieron).

    • Además, el propio «Magic» Johnson le puso como inspiración. De hecho, yo diría que algunos de los movimientos de Jordan tienen reflejo en lo que hacía este hombre. La historia está llena de gente muy avanzada que no sintoniza bien con su época, y a la que sólo se le reconoce muchos años después.

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