
Cuánto peligro corres un lunes. Puede que vayas a morirte de aburrimiento en la oficina, o que te estrese desde primera hora ese penetrante olor a colonia de cierto colega. O que la lista de éxitos se atasque mientras conduces y repita una y otra vez «I Got You, Babe». Como le ocurría a Bill Murray en Atrapado en el tiempo. Ya sabes, el Día de la Marmota. Pero qué pasa si tienes uno de esos empleos donde tienes que mantener tu atención bien despierta para regresar a casa sin percances.
Imagínate ser extractor de veneno de serpientes, instalador de líneas de alta tensión en China a cien metros del suelo, el actor al que le toca recibir las patadas de Jean-Claude Van Damme, un jugador de fútbol americano, o técnico especialista en hidrógeno líquido en una clínica de criogenización. Seguro que te parecen empleos demasiado exóticos como para haber respondido, de pequeño, a la pregunta qué quieres ser de mayor. Pero si recorremos el mundo podemos encontrar a personas que se ganan la vida en las ocupaciones más variopintas. Y un buen puñado de ellas requieren, además de preparación, formación y habilidades, tener un buen seguro de vida, que según qué casos podría cubrir alguno de estos supuestos.
Cuando eres Homer Simpson todos los días
Quién se atrevería a bromear con una central nuclear si no es un descerebrado muñeco amarillo. La gracia del empleo de Homer es precisamente esa, que ningún técnico nuclear se comporte de forma tan loca. Precisamente por ser el empleo más peligroso del mundo, para ti mismo, la población que rodea a la central, y en realidad casi el mundo entero, es también uno de los más seguros. El índice de accidentes es mínimo y la mortalidad, cuando se produce, de uno por cada tres mil. Aunque desde luego esos accidentes acaban siendo los más famosos de todas las profesiones, con diferencia.
Si heredas un viñedo francés o italiano, a lo Russell Crowe
El peligro común de la Toscana italiana y de la Provenza francesa es producir continuas tramas románticas en forma de libro o película. Pocos oficios de la Tierra habrán sido rodeados de tanto romanticismo como la viticultura. Pero poca broma con ella, pues como el resto de oficios agrícolas el manejo de tractores, cosechadoras y otras maquinarias es de los más peligrosos del mundo. Lo que llega a nuestra mesa suele tener tras de sí un largo reguero de accidentes, a veces fatales.
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Supongo que lo de cero a cien en menos de un segundo no debe tomarse en sentido literal, esa aceleración no la consigue ni siquiera un coche de fórmula uno.
Se me ha ido la mano con la hipérbole. De hecho ni siquiera está muy claro que alcancen los cien kilómetros hora, posiblemente una exageración propia de tipos como Hemingway por su afición a pescarlos con caña, de ahí salió El viejo y el mar. Lo que sí está muy documentado es el arranque explosivo de estas especies, que a menudo sufren buzos y barcos, quedando ensartados. Hay un paper bastante bueno, y en abierto, intentando determinar si su velocidad es o no un mito, analizando la capacidad muscular https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5087677/ donde concluye que es menor, pero que sí que pasan de cero a mucho en un tiempo muy, muy breve.
Los repartidores que van en bici me parece de lo más peligroso. Se juegan la vida y encima está muy mal pagado.
Allianz sube las primas a tres tipos de trabajadores: primero, los motorizados (que incluyen motos, quads y patinetes eléctricos). Misma exposición que el repartidor que va en bici con el añadido de estamparse con mayor facilidad. Después, los policías, militares y bomberos. Finalmente está el grupo de los deportistas entre los que se encuentran los escaladores, que incluyen a los albañiles. En éste añadiría al emparejamento, «deporte» siempre de alto riesgo.