
En una recóndita urbanización sanluqueña habita el maestro. Su casa no tiene pérdida: posee el nombre de una de sus composiciones más conocidas. En el interior, bañado por la luz matinal y vestido con un kimono, Manuel Muñoz Alcón (Sanlúcar de Barrameda, 1943), universalmente conocido como Manolo Sanlúcar, tiene un aire de sabio zen que casa bien con su sensibilidad y su talante reflexivo. Tocado pero no abatido por la enfermedad, retirado de los escenarios para volcarse sobre el proyecto enciclopédico que le ha llevado quince años de desvelos, La guitarra flamenca, el creador de algunos de los más memorables trabajos de la historia del arte jondo recibe a Jot Down con toda hospitalidad. Más solemne al principio, poco a poco se relaja y la sonrisa aflora frecuentemente a sus labios cuando se trata de rememorar episodios de su larga vida profesional, aunque tampoco elude hablar de las heridas que le han marcado.
Una guitarra flamenca, ¿era lo mismo en un hogar como en el que usted creció, que en una casa de hoy, en el siglo XXI?
Posiblemente no. La manera de mirar la guitarra flamenca de hoy no es la misma, a pesar de los lazos comunes con la guitarra tradicional. La diferencia está en la conciencia en la que se va a instalar el guitarrista. Hoy, como tantas cosas, los asuntos se simplifican para que lleguen más fácilmente a la gente, y eso influye en el carácter final con el que uno se sitúa, y lo que transmite a los demás. Pero estas son evoluciones dirigidas, no nacen espontáneamente, se va por los caminos que convienen a quien convenga. Hoy no existe la observación de los valores que existía en mi época, o en la época anterior a la mía. Teníamos una conciencia de la evolución, nos sentíamos responsables de algo que estaba naciendo, aunque llevaba muchos siglos gestándose.
En sus memorias recuerda las penurias que existían a su alrededor. ¿El hambre puede ser una buena escuela para algo, o por el contrario es siempre algo degradante, que no enseña nada?
Yo creo que el hambre enseña mucho. Y el hambre en el flamenco tiene mucho sentido, provoca a la composición. Por ejemplo, me estoy acordando de una letra de bulería por soleá que decía «si no fuera por mi hermana/ me hubiera muerto de jambre./ Nunca le faltó a mi hermana/ cachitos de pan que darme». Ese pensamiento o recuerdo el artista lo aprovecha para recrear un sentimiento de ternura, de solidaridad.
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Manolo Sanlúcar, al igual que Pepe Cepero tuvieron la mala suerte de coincidir en el tiempo con ese gigante irrepetible que fue Paco de Lucía. Ocurre como con los ciclistas que tuvieron la desgracia de coincidir en el tiempo con Anquetil, Merckx o Hinnault, que lo ganaban todo. Paco de Lucía fue el primer guitarrista flamenco que consiguió independizarse de la figura del «cantaor» (quien, hasta entonces, mandaba en cada palo) y ser proyectado como figura internacional. Eric Clapton, Keith Richards o Santana convinieron en que por melodía, armonía y ritmo, el guitarrista andaluz reinaba sobre cualquiera de ellos.
Dudo mucho que Paco odiara nada, ni a nadie. No estaba en su personalidad. Recuerdo haberle oído comentar que como apenas fue a la escuela y no tuvo oportunidad alguna de estudiar se aferró a la guitarra como único modo de poder sobrevivir. Pero pasaba miedo constante a romperse una uña, pues la recuperación era difícil al no tener otro medio de vida. El mejor testimonio lo aporta él mismo gracias a un vídeo del año 1972:
https://www.youtube.com/watch?v=T06qedkgfbA
En 0:40 tiene un fallo y mira a Pepe Cepero. Entonces se emplea a fondo y no vuelve cometer error alguno. Construye la pieza en torno a un motivo de Falla, pero apura más de la cuenta y tras finalizar, en 3:38 aparece el miedo. Necesita revisar sus uñas detenidamente. La guitarra que le conducía al éxito era origen de un temor constante que en aquellos años padecía. Una uña astillada y «game over».
Por delante de Sanlúcar y Cepero yo pondría a Sabicas y, entre sus contemporáneos, sobre todo a Miguel Vega de la Cruz «, el Niño Miguel», a pesar de su esquizofrenia y adicción a la heroína. Su enfermedad ya lo dejó al 20% de sus posibilidades. El par de discos que grabó gracias a Paco dan fe de su buen arte. Paco de Lucía, por supuesto, reinó sobre cualquiera de ellos, tanto por el empuje, la exactitud, el ritmo, el fraseo, la composición y la nitidez del sonido que conseguía. Fue una síntesis del flamenco, del mismo modo que lo fue Bach de la música en su tiempo.
Excelente reportaje, El Maestro Manolo Sanlucar, es único he irrepetible, solo agradecerle sus conocimientos y el legado que nos deja, y al que se le debe de reconocer como el guitarrista flamenco mas completo de la historia del flamenco. Merecedor sin ninguna duda de la primera llave de Oro al toque flamenco.
Es un gran guitarrista y tiene muy buenos discos pero un poco de humildad nunca viene mal…
Ahí le has “dao”. Como personalidad, Sanlúcar siempre fue tirando a arrogante, lo que nunca le hizo demasiado bien. La manera de tratar a la prensa, en particular la local, no fue su fuerte. La vejez lo ha moderado bastante. Recuerdo y bien cuando espetaba a cualquier periodista de provincias que ya sabía lo que ibas a preguntarle. Yo lo tuve que sufrir en una oportunidad. Me remitió el encargado de la página cultural porque no quería volver a tener que entrevistarlo. Los de la prensa regional nos vengábamos a renglón seguido. Citábamos en escuetas notas de prensa que iba a tocar o había tocado en tal o cual sitio y aprovechábamos para ponderar la figura de Paco de Lucía y radiar sus temas. En cualquier caso, conviene recordar que en aquella época, quienes llenaban las plazas y teatros eran Lola Flores, Rocío Jurado y la Pantoja. Paco ni con «Almoraima» (probablemente el culmen del flamenco clásico), ni con «Sólo quiero caminar» (obra seminal del nuevo flamenco) tampoco pudo asegurar en España jamás una taquilla completa, cosa que siempre sucedía cuando viajaba a EEUU, Alemania o Japón. Aquí daba tres conciertos en donde los empresarios sabían que tenía seguidores y luego se expatriaba. Recuerdo en la sección de discos solicitados lo raro que era que te encargaran un tema de Paco, mientras que Antoñita Peñuela, aún malograda, reinaba con «La Espabilá».
Totalmente de acuerdo contigo, Tibor de Machula. A Manolo Sanlúcar es de justicia considerarlo un músico excepcional, un gran ejecutante y un compositor excelso, aunque sin llegar a Paco de Lucía. Ese era precisamente uno de sus puntos flacos. Cuando le mentabas a Paco de Lucía sentía un recelo impresionante que no podía remediar, muy al contrario que Paco respecto a él. He hablado varias veces con Manolo y siempre se ha mostrado petulante y engreído. Yo que he conocido y he gozado de la amistad de los más grandes guitarristas de mi época, jamás había sentido un trato así. Sabicas: Un caballero. Paco de Lucía: Más sencillo imposible, Mario Escudero: La bondad personificada, y podría citar las virtudes de muchos más, pero Manolo tenía una personalidad muy enrevesada. No obstante, su categoría musical está fuera de toda duda.
La ciencia de la música es posterior a, en este caso, la guitarra.
Siempre hubo (y sigue habiendo), guitarristas flamencos totalmente analfabetos en lo que se refiere al «orden musical».
La guitarra flamenca es la expresión del alma y el sentir del pueblo.
Ir al teatro a un concierto esta muy bien, pero, si has tenido la suerte de ir a una fiesta familiar gitana , entenderás lo que es pureza del flamenco.
Y tanto. Cualquiera que haya pasado por el casco antiguo de Cáceres y haya visto a José Joaquín Saavedra se habrá quedado impresionado.
https://www.youtube.com/watch?v=Bx726MYz6Uo
Ha fallecido Manolo Sanlúcar hoy, 27 de Agosto de 2022, a los 78 años. DEP.
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Creo que el maestro Sanlucar, fue ante todo, el intelectual del flamenco en su conjunto. El último «Ziryab» que dotó al flamenco de la elegancia merecida. No se puede entender toda la antropología del Flamenco y parte de la cultura andaluza, sin leer y entender al maestro Manolo Salucar.
Que Caronte el barquero, lo haya dejado en el puesto que se merece. Gracias, maestro.
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