
En 2015, fui a Blanes en tren a entrevistar a Gaby Alegret, cantante de Los Salvajes. Por boca oreja, me había llegado años atrás que su biografía Los Salvajes y yo. Nuestra salvaje historia (Lenoir, 2007) era una joya. Efectivamente, lo era. Las escenas de conjunto que toca para que se diviertan en el litoral los turistas, la experiencia unos españoles casi barbilampiños que se van a Hamburgo como habían hecho antes los Beatles y el tratar de sacar un grupo profesional de rock en la España franquista me parecían tres episodios que tenían que estar cargados de vivencias impresionantes y eran, cada uno por separado, de gran interés para nuestra historia de la música popular. Tenía mucha esperanza en la entrevista. Aunque Los Salvajes y su legado no tengan mucha pegada en las nuevas generaciones, confiaba en que el encuentro iba a ser tan bueno que tendría interés como descubrimiento para el que no los conociera.
Cuando Gaby me recogió en la estación en su coche, estuvimos hablando tranquilamente de todo un poco. Conocía su época heavy en los 80, pero pensaba que había sido transitoria o circunstancial. Él, sin embargo, insistía en el tema. Me iba contando a quiénes había conocido y detalles como que todavía estaba enfadado con Ian Gillan. En un momento dado, dije: «Para el carro ¿por qué tratabas con todos?». Y contestó: «pues porque fui promotor, yo monté los primeros conciertos de heavy metal en España». No tenía ni idea y le exigí que en la entrevista dedicásemos una buena parte a todo eso. Ahora, siete años después, recuerdo hasta el tono de voz con el que me contó cada anécdota. Nunca me he reído tanto en una entrevista. Mereció la pena aceptar este trabajo solo por aquella mañana de invierno en el chiringuito desangelado de una playa completamente vacía al borde del neumotórax por las carcajadas.
Tanto es así, que tras el encuentro Gaby recuperó su afición por la escritura y acaba de publicar Segundos fuera (Albany, 2022) un segundo volumen de memorias que abarca sus años como promotor de conciertos, pero también en los que gestionó discotecas heavies y fue representante de artistas. Con músicos a su cargo, es muy interesante, por citar uno de ellos, el caso de Tebeo, grupo del para siempre recordado y añorado José Antonio Manzano, que surgió para aprovechar la fiebre de Tequila, y de los que siempre he dicho y digo que su «Mientes» podría haber estado en el Grande Rock de Hellacopters, pero como este grupo estaba orientado al fenómeno fan, es decir, a las chicas adolescentes, quizá el hecho incomode al fan de los suecos, que es gente muy seria con estos negociados. Aunque no sé con cuál de los dos grupos en directo habría más peligro y emociones fuertes. En aquella época, cuenta Gaby, se llegó a hablar de prohibir los conciertos de «grupos de fans» por la chica de quince años que murió en el concierto de Los Pecos de 1980. Sus experiencias frente a las adolescentes enloquecidas son desgarradoras en estas páginas.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Solo para corroborar que efectivamente Def Leppard son unos moñas, indignos de estar adscritos en la etiqueta Heavy Metal. Me reconforta hasta niveles insospechados saber que le abrieron la cabeza a Joe Elliot. Y eso que soy un tipo tranquilo que siempre prefiere hablar a pelear, pero he odiado hasta la saciedad su sonido ultraproducido y sus baterias techno ridiculas.
Supongo que tendrían detrás una discografica que pagaba lo suyo para que lo pinchase Mariano García en el Discocross, ya que abrasaba al personal con los Leppard de manera inmisericorde. Mariano García era un extorsionador nato y usaba su programa Discocross a modo de navaja toledana para robar a todo el que se acercase al rock-heavy patrio. Solo pinchaba a un grupo si habia dinero por delante, por muy mierda que fuese, como el caso que nos «okupa». Otro que merece un buen articulo, abonado tambien a la corrupción y a la extorsion como medio de vida. De Mariano García me molestaba que iba siempre de difusor de la cultura del rock… menudo sinvergüenza ladron.
Pues si te reconforta hasta niveles insospechados deberías hacértelo mirar… Def Leppard no necesitan estar adscritos a la etiqueta heavy metal, ya que nunca lo fueron y vuelvo a insistir: ni falta que les hace.