Política y Economía

Todo lo que no habéis entendido de Petro y de la espada de Bolívar

Felipe IV ante la espada de Bolívar. Imagen CNC
Felipe IV ante la espada de Bolívar. Imagen: CNC.

Haremos, queridos niños, un recital de preguntas y respuestas: simples, como para gente que no lee novelas. Si tienen un poco de paciencia, llegarán a entender lo de esa espada como debe entenderse y no con lecturas de banderías madrileñas. También se espera con cierta ingenuidad el que evitarán simplificaciones sobre bolivarianismos y dirigentes políticos y sepan detectar dónde residen los temores verdaderos.

¿Es Gustavo Petro un guerrillero?

Si pertenecer en su juventud al M-19 es ser guerrillero, entonces llámenlo exguerrillero. No es que disparara mucho, si es que disparó, él dice que no: no se le conocen cadáveres ni nada por el estilo. Tampoco era un guerrillero a la castrista, de montaña y campo. Era una militancia urbana que incluso simultaneó como concejal en sitios como Zipaquirá, donde nació y vive hoy Egan Bernal, el ganador del Tour. La cuestión de fondo es que si quieren ver a Gustavo Petro como alguien con las manos manchadas de sangre, se hace complejo. Incluso durante el episodio violento más famoso del M-19, el asalto al Palacio de Justicia, él estaba en la cárcel. Acusado de posesión de armas, es cierto, pero es que se trataba de un grupo clandestino armado, qué esperan. Petro ingresó en el M-19 con diecisiete años y termina unos trece años más tarde. Convendrá entender por qué la gente se hacía guerrillera y por qué dejan de serlo y para intentar qué. Sigan.

¿El M-19 era un grupo terrorista?

Pues sí y no. Depende del sesgo que le dé cada uno a la palabra terrorista, que ya saben que es un término que la prensa anglosajona evita para reducir sesgos: lo que para uno es terror, para otro es liberación. Menahem Beguin comenzó de terrorista y terminó con el Nobel de la Paz. El «eme» se inició con tonos de Robin Hood y, a estas alturas, ustedes lectores implacables de polarizaciones, ya saben que robaron la espada de Simón Bolívar, alias el Libertador, como el símbolo de que la justicia no alcanzada debía ser instaurada. Si ustedes ven las imágenes de un episodio como el ya mencionado asalto al Palacio de Justicia (un episodio oscuro donde los haya por la reacción de militares y la involucración del narcotráfico) pues sí, es terrorismo. Sin matices. Lo que importa es que es un grupo político armado que se desmovilizó en 1990, incluyendo una ceremonia de entrega de armas de lo más sonada y, esto es importante, efectuando la devolución posterior de la espada mítica. Desde entonces sus militantes, entre ellos Gustavo Petro, se dedicaron a la política y participaron en la redacción de la constitución vigente, la de 1991. Pero lo cierto es que para muchos colombianos guerrillero es un término especialmente despectivo y especialmente doloroso. La guerra deja heridas intensas, las guerras civiles (la violencia colombiana lo es de facto, aunque no se le quiera llamar así) muchas más: en Colombia abundan las viudas y los huérfanos. También es ofensivo y espinoso el término paraco (paramilitar), que es la otra cara de la violencia guerrillera y cuya trayectoria ignoran generalmente todos los comentaristas periodísticos que han corrido a buscar enlaces en internet para explicar el honor mancillado del rey de España.

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21 comentarios

  1. Si reducimos todo al tema de la espada, la situación es muy sencilla.
    Petro sigue el pequeño manual del «populista revolucionario latinoamericano», lo de la espada es solo un golpe de efecto populista, es usar el recuerdo de Simon Bolivar para tocar la fibra, aglutinar consenso nacional y demostrar como él es capaz de mojarle la oreja al «Imperio Español» porque es un antiimperialista de ley.
    En fin …., lo visto en todos los desafortunados países de latinoamerica que han caído en manos de este tipo de gobernantes.
    En cuanto al Rey, fue una víctima de un mal anfitrión que lo ha puesto en una situación incomodísima, visto la polarización de posturas que hay hoy en España, si se levantaba lo iba a criticar la mitad de España y si se quedaba sentado lo iba a criticar la otra mitad y esto bien lo sabía su anfitrión pero nada le importó.
    Lo siento mucho por el pueblo colombiano que legítimamente busca un cambio real a la situación de tanto dolor mantenida durante tantas décadas.
    Lo mas irónico de todo es que mas pronto que tarde, veremos al «antiimperialista» y «anticapitalista» mendigando por los organismos financieros internacionales.
    Como dije, esto ya se ha visto, este tipo de gente van en contramano de la historia, por eso siempre salen mal estos experimentos

    • Si me lo permite y con todo respeto, creo que no me ha comprendido o no me he hecho comprender: la tesis del artículo es, como dice otro comentarista más abajo, que el empleo de la espada es un elemento de consumo interno y nada que tenga que ver con venganzas poscoloniales o reivindicativas desde una perspectiva indigenista o similar, como realiza AMLO en México por ejemplo. No quiere decir, tampoco, que Gustavo Petro no pudiera estar de acuerdo con ello, pero el hecho de que el rey no se levantase es una pura casualidad y que el uso del símbolo es completamente independiente de su presencia. Está estrictamente vinculado a las acciones del M-19 y de lo que representó este movimiento en la historia reciente colombiana. El resto de valoraciones de las políticas de Gustavo Petro son posibles, pero este episodio tiene otras claves que en España se han comprendido mal por carecer del contexto. Gracias por su lectura.

    • ¿Por que no se calla?

  2. Estupendo artículo y repaso a la política y guerra colombiana. Muchas gracias.

  3. Creo que el autor ha pasado por alto los falsos positivos que es también es terrorismo y del muy gordo.
    A propósito de la espada, la acción de Petro es para consumo interno que en otras latitudes no se ha querido entender como tal. Si el Rey se hubiera levantado no habría pasado nada, porqué es lo que hicieron el resto de jefes de estado y representantes, pero no lo hizo y demostró ser un buen derechoso sin demasiado olfato político, otra vez. Se le jaleará igualmente y se le denigrará de igual forma pero lo cierto es que se equivocó, entiendo que conscientemente, y se lió.

    • Tiene usted razón en que el caso de los «falsos positivos» es relevante a la hora de comprender la degradación del conflicto colombiano y a la hora de poner en la balanza las argumentaciones de cada interpretación de la guerra.

      Para lectores no familiarizados, el caso de los falsos positivos es un escándalo que afecta el Ejército colombiano por el cual se asesinó, según la JEP (Jurisdicción Especial para la Paz), a más de seis mil civiles sin causa, acusación o juicio con el fin de cobrar primas por consecución de objetivos militares: se hizo pasar a ciudadanos normales por guerrilleros para contabilizar sus muertes. Las cifras difieren de unas fuentes a otras y no se ha determinado si existió un amparo real ante esta práctica por parte del Gobierno colombiano de modo previo a su conocimiento oficial, aunque gran parte de la sociedad sospecha que fue tolerado y que no pudo ser ignorado. Juan Manuel Santos, que era el ministro de defensa en su momento, ha expresado cómo fue el proceso de asimilación del problema (partiendo desde la incredulidad, habiendo pedido Santos disculpas por esto) y cómo se terminó con él.

      En el artículo hago alusión acerca de la involucración de los agentes gubernamentales en las prácticas del paramilitarismo y no me extiendo con este problema, pero efectivamente demuestra cómo la argumentación de que el conflicto colombiano es únicamente el resultado de una insurgencia de guerrillas marxistas contra un estado democrático se queda corta: los agentes del estado vulneraron la ley y los derechos humanos en favor del paramilitarismo y en contra de denuncias periodísticas y de otras formas de oposición.

      Si para determinados elementos de la sociedad colombiana el origen de la guerra es una insurgencia contra un estado democrático y enclava a las «Autodefensas» (el nombre que se da a sí mismo el paramilitarismo es relevante para comprender las posturas) como una reacción legítima que termina en excesos, el hecho de que el estado (en el mejor de los casos) no haya podido controlar a sus miembros simplemente refuerza la tesis de un conflicto enquistado en el que cualquier legitimidad de origen queda sin efecto ante la magnitud de los crímenes. Y de cara a los elementos de la sociedad que acceder al poder representados por la victoria del Pacto Histórico es un elemento más del simbolismo de lo difícil de esta victoria, de las expectativas de cambio y lo singular de la situación política

  4. Andrea Moss

    ¿Es el M-19 un grupo terrorista por quemar el Palacio de Justicia a instancias de Pablo Escobar, porque quería destruir las pruebas en su contra almacenadas en el edificio? ¿O por recurrir al narcotráfico para financiar sus operaciones militares? Sí. Y sí. ¿Más preguntas?

  5. Muchas gracias por el artículo, muy interesante. No conozco bien la actualidad colombiana, y me ha ilustrado bastante.

  6. Como colombiano, agradezco artículos como este.
    Desde mi perspectiva de haber vivido de primera mano muchos de los acontecimientos tan bien descritos, me he estremecido al recordar esa sensación que describe tan acertadamente Gonzalo, de los que crecimos con el miedo real a que nos mataran por pensar diferente.
    Y el párrafo con el que cierra, maravilloso y evocador, se lo he leído en voz alta a mi pareja española, en este exilio de casi 20 años, con la emoción de saber que por fin, tras mas de 200 años, llego el gobierno de los Nadies.

  7. El día que dejen de ser tan talibanes de la RAE, haciendo traducciones de extranjerismos de uso universal a otros que ni siquiera son de uso corriente en la Península, van a escribir mejores artículos. Tomen nota: ESTABLISHMENT: eso… el grupúsculo de basura inamovible, generalmente de ultra derecha, vinculado al poder económico-financiero extractivista, más sus brazos político y periodístico, es ESTABLISHMENT y no «Establecimiento» (Negocio, Comercio, Chiringuito, etc.) Así, en inglés en todo el Universo conocido y ma’allá. Excepto, parece ser, claro, para la cuadrúpeda prensa e’pañola.

  8. Uriel Tovar Ortiz

    No hay mucho que decir sobre el fenómeno PETRO; Su virtud fue la perseverancia dentro de su identidad durante largos años; se mantuvo fiel a sí mismo, y le llegó su oportunidad; y aunque no sabemos cuál sea su perversaa intención o la de sus «Padrinos» o «Jefes» internacionales, debemos estar muy alertas a los giros que pueda dar en cualquier momento, aunque si se apoya en los pésimos resultados de sus camaradas de chile, Argentina, Bolivia, Perù y Venezuela, decida apartarse de la agenda 2030 y hacer un gobierno de transiciòn pacìfica

  9. Me ha parecido muy instructiva, muchas gracias al autor. Si tiene a bien, ¿dónde o cómo clasificamos a Mockus? Siempre me pareció un verso suelto en la política colombiana.

    • Antanas Mockus padece parkinson y se encuentra alejado de la política. Es un personaje único. Ideológicamente se mueve entre elementos claramente conservadores (se proclama católico), como otros liberales, ecológicos y socialdemócratas. En mi opinión personal, Mockus como Fajardo, forman parte de un intento de tercera vía entre el izquierdismo filoboliviariano o claramente marxista cuando el término bolivariano no estaba en uso, y el conservadurismo tanto ideológico como institucional del poder tradicional colombiano. Una tercera vía de intelectuales racionales y serenos con brillo en las políticas municipales, alejados de la violencia y centrados en la superación de los problemas humanos del subdesarrollo, pero que no han logrado el triunfo a nivel nacional, quizá porque entenderlos bien no es sencillo para las capas de población más medianas (mediana en sentido estadístico: de renta y educación).

  10. ¿No sería, sencillamente, que al rey le dio pereza levantarse? Un tío que no da palo al agua en su vida no creo que precisamente tenga que hacer un esfuerzo porque pase un objeto frente a él. Se habla mucho del gesto del rey pero paradójicamente, es el único que no hizo ningún gesto. Y eso, curiosamente, representó lo que es la monarquía y por extensión, la idiosincrasia de esta, nuestra nación.

    • Amén.

    • Saber lo que está en la mente de otra persona es inevitablemente especulativo: vago o no, todo su entrenamiento institucional y, si lo quiere, su labor «profesional» se basa en qué gesto debe adoptar en cada momento. Sólo puedo decirle que los únicos interesados en el gesto de «pararse» (en el español de América, «pararse» suele ser ponerse de pie) han sido los españoles y que el acto ni siquiera ha formado parte de las discusiones cotidianas de la población ni de la prensa colombiana. En favor del rey, se pueden apuntar varias informaciones públicas: tanto el que no estaba previsto en el protocolo (totalmente cierto) como el hecho de que, al parecer, el presidente de Argentina tampoco lo hizo. La aparición de la espada fue un acto destinado al consumo interno: el por qué es lo que explica o intentar explicar este artículo. Y todo el mundo quedó sorprendido de la decisión de Petro. Muchas veces la explicación más sencilla, la desechamos sin más: en un acto confuso e inesperado para el que no tenía indicaciones y que tuvo a los presentes esperando media hora, es bastante probable que simplemente estuviera contemplando la escena.

    • Vd. también es un ejemplo paradigmático de gran parte de la población española: esto es, hablar sin tener pajolera idea de lo que se dice. «Un tío que no da palo al agua en su vida»? ¿De verdad? Esa frase demuestra lo poco que se ha interesado en la labor institucional del Jefe del Estado (el Estado, o sea, el país donde Vd. vive, que digo yo que le interesara un poquito..) y lo feliz que demuestra su supina ignorancia. Es Vd. un cuñado de libro. Enhorabuena.

  11. Ed Libertad

    Leo este artículo cuando acabo de releer las primeras novelas y los cuentos de la mamá grande de G. Márquez , los releo porque leo los tres estudios de Vargas Llosa sobre G . Márquez, alterno uno por el día cuando tengo tiempo y reservo otro por la noche cuando tengo ganas. Lectura de violencia, injusticia, desigualdad , abuso … también de hambre, miseria, frío ,…. Si esto lleva respuesta , es a luchar para dejar de ver morir a tus hijos hambrientos, sin medicinas básicas, sin futuro … pero no nos engañemos el que mata es un asesino, sea con los pies descalzos , con bota militar o zapatos de cocodrilo. Y el que lo justifica un bastardo.

  12. Carl Sagan nunca lo haría

    En general, su artículo me ha parecido interesante y detallado. Hubiera deseado algo más de imparcialidad, pero reitero que es un artículo que aporta bastante información y antecedentes importantes que no podemos encontrar en los periódicos al uso, que ya bastante tienen con presentar la información con la inmediatez que se les demanda, como para andar remontándose a los fenicios. Hasta ahí, enhorabuena.

    Sin embargo, hay dos cosas que lamento de su artículo: una, los paños calientes con los terroristas: que si sí, que si no, que si era guerrillero pero mataba poco, etc. Oiga, no: no podemos querer tener memoria histórica para unos si, y para otros no.
    La otra, el primer párrafo al completo. Ya sé que es una cuestión de estilo, y que supongo que habrá querido darle al artículo un tono más bien coloquial y ligero antes de meterse en harina, pero igualmente lo considero un pelín ofensivo. Sabemos que es Vd. un experto en la política colombiana reciente (todos sus artículos en esta publicación se mueven en ese ámbito) por lo que no es razonable que llame «queridos niños, etc..» a los que no son expertos como Vd. ¿Le gustaría sentarse a ver un documental sobre el universo y que Carl Sagan le dijese, desde una neutra voz en off «y ahora, pedazo de burros, os voy a explicar el sistema solar»? no, ¿verdad? Pues eso.

    Por lo demás, un saludo, sin acritud.

    • Le responderé únicamente a la cuestión del terrorismo y le agradezco las palabras elogiosas, el resto es de interpretación libre. Es un hecho cierto que la denominación «terrorismo» genera discusión en su validez a la hora de analizar fenómenos violentos: yo sólo lo pongo sobre la mesa y ahora verá por qué si sigue leyendo. Michael Collins fue un terrorista (de hecho, probablemente inventó el terrorismo) que terminó negociando el estatus de Irlanda frente el Reino Unido. Frente a sus compañeros, también violentos, abogó por un acuerdo limitado en ambición política y terminar la violencia. Lo mataron, y se supone que fueron sus propios compañeros del IRA por renunciar a lo máximo. Parece que quien renuncia a la violencia como arma política no tiene derecho a la redención. También parece que hoy no tiene discusión la existencia del estado de Irlanda, nacido de una guerra ¿terrorista? ¿o una guerra civil? ¿o un enfrentamiento entre británicos y súbditos británicos un poco menos británicos? Volviendo a Colombia, resulta que el sesgo de alguna parte de la prensa y los comentaristas españoles ha sido reducir a Gustavo Petro a un ex guerrillero terrorista… Pues bien, en ese contexto, más vale ver toda la violencia política: el ejército colombiano asesinó a seis mil civiles (más que las víctimas del pinochetismo) sin juicio ni causa, sólo para cobrar primas de éxito. Los que ampararon eso son hoy ciudadanos respetables y nadie en la prensa española les llama terroristas. Quienes cooperaron y encubrieron el paramilatarismo colombiano se han sentado en el Congreso, nadie les llama terroristas en la prensa española. Con los terroristas han negociado todos los presidentes de Colombia recientes y han buscado desesperadamente acuerdos políticos. Por tanto, parece fácil pensar que el término «terrorista» es de difícil valoración a la hora de enjuiciar la tarea política final: es cierto que Petro no asesinó a nadie y es cierto que el M-19 empleó técnicas terroristas, como es cierto que renunció a la violencia con un pacto con el gobierno para hacer política y que respetó. Como es cierto que el M-19 es otro más de los muchísimos grupos armados que llevan en conflicto permanente desde hace décadas en ese país. Espero tome nota de mis calificativos sobre la acción real de las guerrillas (una toma de partido, como me indica) como las del paramilitarismo y el abuso de derechos humanos del propio gobierno y ejército colombianos. Si se ha tomado deliberadamente partido en algo en este artículo es en explicar que el protagonista del evento no fue el rey de España y que pensar que se pretendió ofender al rey de España o hacer un alarde indigenista o anticolonial no entendió nada. Porque la cuestión era que los Michael Collins colombianos pueden gobernar con las reglas del juego del estado. No se preocupe: Man in His Arrogance, es un discurso de Sagan que también disfruto.

      • Carl Sagan nunca lo haría

        Gracias por tomarse tiempo en responder. Entiendo sus explicaciones, y probablemente haciendo un ejercicio de abstracción podría llegar a darlas como buenas. Con lo de la abstracción me refiero a que yo debería dejar de ser yo, una persona nacida en España en los 70, hijo de militar, que vivió de cerca los atentados de ETA, que tiene amigos asesinados y al que la palabra «terrorismo» se le atraganta en todas sus manifestaciones (ya sea el terrorismo abertzale, el islámico, el de Estado, el de unos o el de otros: si una acción violenta va dirigida contra la población civil con el objetivo de sembrar el terror y forzar unos objetivos politicos sin pasar por unos objetivos estratégicos militares, eso no es una guerra sino Terrorismo).
        Esta incapacidad de comulgar con todo ello no es culpa suya, sino mía, supongo. En todo caso, gracias de nuevo por su respuesta.

        Un saludo.

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