Arte y Letras Historia

El hombre que quiso ser Monte Melkonián (1)

Monte Melkonián 1
Monte Melkonián durante una operación del Ejército de Defensa de Artsaj, 1993. Fotografía: Zaven Khachikyan.

Beirut, 2 de marzo de 1982. José Antonio Gurriarán, periodista del diario Pueblo, se reúne con los responsables del atentado en el centro de Madrid que casi le arranca las piernas dos años atrás. Son cuatro armenios: dos encapuchados armados con un AK-47, otro al que le faltan los dos ojos y el brazo izquierdo y un tercero que luce barba de guerrillero y una Star en la cintura. Es el que traduce la conversación al castellano.

—¿Cómo es que habla mi idioma?

—Viví con mis padres en el Grao castellonense, hace doce años.

A Gurriarán le suena su cara. ¿La ha visto en algún periódico? Es posible. Pocos meses atrás fue detenido en Francia tras participar en la voladura de una sinagoga e intentar asesinar a un diplomático turco. ¿Y cómo se llama? En Francia era Dimitru Georgiu y Khatchig Avedessián, y en Beirut es Abu Sindi, pero será también Frederico Vella y Jack Daniel de forma simultánea, Timothy Sean MacCormick en la Yugoslavia de Milosevic…, así hasta convertirse en el comandante Avo en las montañas de Nagorno Karabaj. Su nombre real se puede encontrar hoy junto al de Charles Aznavour y otros veinticuatro más en la lista de «Héroes Nacionales de Armenia». Se llama Monte Melkonián. 

***

Castellón, 1968. En la academia de idiomas Ami, la señorita Blanca saluda a la clase, un grupo de niños extranjeros que estudian castellano mientras sus padres disfrutan del sol del Levante.

—¿De dónde eres?

—De California.

—Me refiero a tus ancestros, ¿de dónde llegaron?

El pequeño Monte duda porque, que él sepa, es estadounidense. ¿Se refiere la señorita Blanca al «país viejo» del que a veces hablan sus padres?

«Armenia», responde, tras despejar la duda. Por primera vez, Monte Melkonián se escucha a sí mismo pronunciar esa palabra: Armenia.

Nacido en 1957 en casa de un carpintero y una maestra de escuela, el pequeño Monte crece como cualquier otro niño californiano: pedaleando sobre una Schwinn entre los Boy Scouts y la liga infantil de béisbol, siempre bajo un cielo que gira alrededor del depósito de agua de Visalia («Capital Mundial de la Nuez»). De los ancestros, del «país viejo», apenas se habla en casa, pero la familia está a punto de emprender un viaje de quince meses en furgoneta por Europa, el norte de África y Oriente Medio: cuarenta y un países. Por supuesto, conducen hasta Marsován, la localidad anatolia de la que llegaron hasta California los abuelos maternos de Monte. 

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