Música

Aznavour: la vida antes del éxito

Charles Aznavour en París 1959
Charles Aznavour en París, 1959. Fotografía: Getty.

Existen en el mundo de la música dos formas de llegar a la fama: progresiva o repentina. En la primera, el cantante va construyendo una carrera ascendente, con hits cada vez más importantes que le llevan a un estatus de ídolo generalizado.

En la segunda, hay dos clases de cantantes: los que deslumbran con su primer trabajo —producto del valor indudable, apoyo del comercio, de una promoción bien hecha o todo junto— y aquellos generalmente curtidos en la música que, de una forma tan sorprendente como la de su anterior olvido, se convierten en ídolos y ocupan los primeros puestos de las listas.

Este es el caso menos frecuente, y fue el de Charles Aznavour. Tiene hasta un punto misterioso, bien visto, que pasasen quince años hasta que su voz fuera reconocida por el público y se convirtiese en el fenómeno que todos conocemos. Porque ese fue el tiempo que Aznavour tuvo que esperar para encontrar el aplauso del público, una discográfica, etc. No es que trabajase en otra cosa, ni tampoco fue un artista de editar tropecientas cintas domésticas que enviaba a las compañías. No. Charles vivió todos esos años de rechazo en su ciudad, París, conociendo a todas las personas que necesitaba: representantes, editores, empresarios, músicos, etc. Actuó como telonero de una primera figura y llegó a hacer más de una gira. Consiguió una serie de éxitos como autor y grabó varios discos. Pero en el momento en el que parecía que ya iba a dar el salto, una mala crítica, el desprecio de un empresario o un público que le daba la espalda le hacían volver al ostracismo.

Nació en mayo de 1924, en París, en un humilde hogar de armenios refugiados en Francia tras la Primera Guerra Mundial. La madre era una cómica-actriz errante, y el padre un cantante errabundo; habían huido de la insegura situación política de su territorio —debido al holocausto armenio, ellos vivían en Rusia— que se extendió por el Imperio otomano y la República Turca. Charles nació ya en París, por lo que no tiene que aprender el idioma, y las lenguas rusa y turca y el gran poso de la cultura armenia quedará como un eco en su presencia física y en su voz —un eco, siempre presente, pero no voz—. Charles hereda la vocación por la música desde niño y lo vuelca todo en ella. Para él no habrá otra cosa, y el mundo sin música será algo increíble, además de funesto.

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