Arte y Letras Filosofía

Bailar con la belleza y (no) verla marchar 

la belleza
Frank y Bill en el The Last of Us. Imagen: HBO.

De tu belleza soy tan ajeno
como de las crines de los caballos y las cascadas.
Este es mi último catálogo.
Respiro sin aliento
Te quiero, te quiero y dejo que te muevas para siempre. 

(«Las flores que dejé en la tierra», Leonard Cohen)

La belleza hace sentir del tamaño de un botón: pequeño y atrapado en alguna parte; en una mano, en una caja de costura o en la solapa de un abrigo, desprovisto de herramientas para desatarse a sí mismo. La mera idea de la hermosura aterra, deslumbra, resquebraja por dentro y descubre a quien la aprecia mortal y vulnerable por todo eso que no alcanza a comprender. Tanto es así que el filósofo Eugenio Trías comienza su ensayo Lo bello y lo siniestro citando dos frases que juntas se entienden mejor y que vienen a decir que, en palabras del autor, «lo siniestro constituye condición y límite de lo bello»: «Lo bello es el comienzo de lo terrible que todavía podemos soportar», de RainerMaría Rilke«Lo siniestro (das Umheimliche) es aquello que, debiendo permanecer oculto se ha revelado», de Schelling.

En definitiva, la belleza es sobrecogedora y el ejercicio de intentar atraparla no es un acto de dominación, sino de sumisión. Supone mirarla de frente sabiendo que nunca se quedará entre los brazos. En obras de uno de los mayores estetas de esta generación, Paolo Sorrentino, como La gran belleza y The New Pope, la bandada de flamencos volará hacia otro lugar, la jirafa es solo un truco y el hijo yaciendo a los pies de La Piedad será trasladado a su sepulcro. Aquellos que tienen como propósito en la vida buscar la belleza saben que será una persecución desde la lejanía, un avistamiento con prismáticos como en El leopardo de las nieves (Marie Amiguet y Vincent Munier).

Quien pretenda inmortalizarla, como Sophie con su cámara durante aquel verano con su padre en Aftersun (Charlotte Wells), sentirá pesar porque se quedará para siempre confundida entre sus recuerdos y los de su grabadora. Los que anhelen huir para vivir sumergidos en ella, como los protagonistas de Dolor y gloria (Pedro Almodóvar), se verán obligados que finalizar sus viajes y volver a sus respectivas ciudades. Quienes desean admirarla, aunque sea un poquito, son conscientes de que, de la misma manera que los protagonistas de In the Mood for Love (Wong Kar-wai), se cruzarán por las escaleras, coincidirán en cafeterías y restaurantes e incluso llegarán a bailar juntos, pero nunca se quedará. Amar la belleza es condenarse al idilio platónico.

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3 comentarios

  1. Pingback: Bailar con la belleza y (no) verla marchar  - Frases de Amor

  2. Muy hermoso!

  3. Pingback: Sometimes a coffee 39 – Klepsydra

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