
El taxista baja la radio y gira la cabeza apenas, quiere hacer un comentario sobre el dólar pero no puede porque el que subió se quedó dormido un segundo después de saludar tímidamente e indicarle el destino. Sumergidas en esa siesta diaria, breve pero ineludible, las neuronas del pasajero —Ariel Tarico [Santa Fe, 1984]— se reorganizan para optimizar los circuitos. Según el día, el combo de información que por allí circula incluye la que tenemos todos los mortales más la vinculada con otras muchas decenas de personas a las que analiza, imita, dibuja, construye, deconstruye, hace dialogar entre sí o con otros y hasta predice [«Un caso digno de psiquiatra», dirá de sí mismo durante la charla que mantendrá con Jot Down más tarde]. Son personajes del mundo de la política pero también periodistas, conductores, actores, toda clase de «famosos» y gente común y corriente, de quienes toma la voz, los gestos, cadencias y modismos con una precisión pasmosa para hacerlos hablar y exponerlos con humor e irreverencia.
El taxista echa un vistazo al espejo retrovisor. Está listo para despotricar contra algo o alguien, pero para su desgracia el pasajero aún duerme. Lo que el conductor no sabe es que ese que va atrás todavía no cumplió cuarenta y ya cuenta con una trayectoria larguísima en los medios, especialmente en radio. Que cuando era apenas un adolescente y todavía vivía en su Santa Fe natal, llegó con sus imitaciones a LT10 Radio Universidad Nacional del Litoral, para luego llevarlas a La 100, Radio Mitre y Radio El Mundo, entre muchas otras emisoras argentinas. Desconoce que ese que se durmió sentado en el asiento trasero también es un gran caricaturista, y que está trasladando al protagonista de «Tarico Fake News», una de las secciones más esperadas del noticiero de cable Solo una vuelta más, que sale por TN. No tiene idea de que ese es Tarico, el imitador que recibió varios Martín Fierro —el premio más importante de TV y radio en Argentina— por su labor como humorista. Ni sospecha que ese pasajero es quien hoy brilla junto a los periodistas Nelson Castro y Osvaldo Bazán en Crónica de una tarde anunciada, y en los pases entre los programas Pan y Circo y Esta mañana, en Radio Rivadavia, adonde justamente acaban de llegar.
Desde la ventanilla, lo ve entrar al estudio de Freire al 900 y, mientras refunfuña por el tránsito, vuelve a subir la radio. Unas cuadras más allá, escuchará a «Quique, el taxista» gritar desde el parlante «¡despacito con la puerta, que no es giratoria!», y el conductor —que sabe todo y no sabe nada— se va a morir de risa con el personaje, que es él, es todos los tacheros y es también Ariel Tarico.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






