Arte y Letras Arquitectura

Nadie está a salvo en casa

Zelda Rubinstein en Poltergeist, 1982.Imagen MGM casas encantadas
Zelda Rubinstein en Poltergeist, 1982.Imagen: MGM.

One need not be a chamber to be haunted

One need not be a house;

The brain has corridors surpassing

Material place.

(Emily Dickinson)

Hay que darle la razón a Emily Dickinson en que todo está en la mente, pero al mismo tiempo convendremos que una casa puede contener o sugerir algunos de los mayores terrores de nuestra existencia. La paradójica idea del hogar como el sitio más inhóspito imaginable, el lugar de donde resulta más difícil escapar, ha alimentado ficciones desde hace siglos. Como ardid aparece ya, antes de Cristo, en el argumento de la farsa teatral de Plauto Mostellaria (que puede traducirse como La casa encantada), donde uno de sus esclavos engaña al rico propietario de un inmueble diciéndole que está «maldito» y habitado por un fantasma. Sin embargo, el mito tal y como ha llegado a nuestros días no quedó instaurado hasta el nacimiento de la novela moderna; después el cine lo popularizó aún más y, de forma más reciente, las series se han encargado de apuntalarlo, cuestionando las famosas palabras de Dorothy/Judy Garland.

En ningún otro lugar se pasa tanto miedo como en casa, según estas historias. A veces, porque obligan a convivir con la memoria oculta de ciertos hechos, secretos que emergen y persiguen, espíritus de mala fe. En otras ocasiones, el problema no está tanto dentro como fuera, y entonces habrá que ver si los muros y puertas y ventanas son capaces de proteger a sus moradores de la amenaza exterior. Puede que no sea lugar de residencia sino de paso, un sitio extraño al que se llega por voluntad propia o infortunio: la casa a la que no se quiere regresar o de la que no se regresa. Lo perverso puede asociarse a la propia estructura del edificio, a habitaciones concretas, a su estado de conservación o incluso a su condición de ente vivo. En los relatos que siguen, estos lugares abyectos son más que escenarios perturbadores; representan «la primera herramienta conjuradora del pavor», como los define Rosa María Díez Cobo, autora de la antología Arquitecturas inquietantes (2022).

Con esa connotación surgen en la literatura de terror gótico, empezando por la fundacional El castillo de Otranto (1764), de Horace Walpole, quien quince años antes había reconstruido la oscura y triste Strawberry Hill House, que plasmaría en su ficción. Otro sombrío castillo encierra horrores sobrenaturales en Los misterios de Udolfo (1794), de Ann Radcliffe, obra a la que alude una de sus más afamadas descendientes: en Otra vuelta de tuerca (1898), su protagonista se pregunta si la mansión de Bly encerrará «un misterio de Udolfo». Décadas antes de la novela de Henry James, que daría lugar a numerosas adaptaciones audiovisuales, entre las que brilla Suspense (1961), de Jack Clayton, Edgar Allan Poe había firmado La caída de la Casa Usher (1839), precedida del poema «El palacio encantado», donde «cosas malvadas, con ropas de aflicción» acechan a su dueño en un símbolo de su decadencia mental y física. Las ratas de las paredes (1923) es la contribución al subgénero, en forma de historia corta, de H. P. Lovecraft, quien como lector tenía en un altar La casa y el cerebro (1857), de Edward Bulwer-Lytton, y El papel pintado amarillo (1892), de Charlotte Perkins Gilman, claustrofóbico cuento que anticipa el tema de la obra teatral llevada al cine como Luz que agoniza (1944) por George Cukor y que daría nombre —gaslighting— a un tipo de abuso psicológico. Precursora es también La casa en el confín de la tierra (1908), de William Hope Hodgson, en este caso del horror cósmico y la weird fiction: «Llama y entra bajo tu propia responsabilidad», diría sobre ella Alan Moore. Una advertencia aplicable a cualquiera de los lugares abominables proyectados por los maestros de la escritura de terror contemporánea, como La maldición de Hill House (1959), de Shirley Jackson, autora que cimentó los espantos domésticos; La casa infernal (1971), de Richard Matheson, considerada la novela de casas encantadas más aterradora de la historia por Stephen King, o la casa de los Marsten en El misterio de Salem’s Lot (1975) del autor de Maine, cuya propia y espeluznante residencia ha sido lugar de peregrinación para sus fans.

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6 comentarios

  1. Mencionar a una obra de teatro, Los forjadores del Imperio, escrita por Boris Vian en 1959 y estrenada en nuestro país en 1977. Una familia acomodada, de reconocibles rasgos burgueses, se ve asediada en su mansión por el acoso indefinido de unos presuntos entes amenazantes, que los obligan a subir gradualmente de planta en el edificio que habitan, mediante un difuso cerco expresado en ruidos. Los acompaña un extraño personaje envuelto en harapos y heridas flatulentas, sometido a continuas vejaciones… la familia va sucumbiendo gradualmente de acuerdo a diversas peripecias autodestructivas, que acaban en el exterminio familiar, en medio de las expresiones jocosas del incómodo residente, único superviviente. Perdonen el evidente destripamiento de la trama, pero aborrezco la visión infantil de los que huyen del spoiler como si se les apareciera el demonio.

  2. Diego Lorente Morales

    Te ás dejado todo un clásico en este género:Pesadilla diabólica de Dan Curtis y del año 1976.Casa antigua,una pareja con niño pequeño que la alquilan para el verano,unos siniestros propietarios y… En fin,no destripo más para el que no la haya visto.Decir solo que el planteamiento y la atmósfera que consigue inyectarle el director son magníficas.Una cult movie en toda regla.

  3. La novela La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski.
    El comic Box, de Daijirô Morohoshi, aunque no sea propiamente una casa sino una construcción en forma de cubo con vida propia.
    Y, por encima de todos, el relato Casa tomada, de Julio Cortázar.

  4. The Lady os Shalott

    No me gusta mucho eso de añadir lo que no está en los artículos en plan «hey, te has dejado esto» «no has mencionado aquello» haciendo gala de los conocimientos que otros han despachado. Para eso, que cada una escriba su artículo. Dicho esto… No me resisto a sugerir y recomendar la película Vivarium del 2019 que aúna todos estos terrores y alguno más

  5. Pingback: Jesús Callejo: «En el mundo del misterio hay fraudes y hay cachondeo, como en cualquier otro mundillo, pero también hay cosas que debes tomar en serio» - Jot Down Cultural Magazine

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