
¿Saben esas películas que las ves y dices, joder, menuda puta mierda, pero luego tienen un final molón, un final que te obliga a revisionar todo el metraje, un final que te vuela la mente? Un plot twist, vaya…
Bueno, pues eso fue el Giro. Cien horas (bueno, ochenta y cinco horas) de coñazo para cinco minutos con intensidad máxima. ¿Justifica la espera? Pues miren, no. ¿Se disfruta el momento? Pues miren, sí. Ambas cosas son compatibles. Pero vuelvan a leerlo. Cien horas, cinco minutos.
Si alguno identifica esta Corsa Rosa con su vida sexual es que tiene un problema, amigos.
Dos favoritos, muchos bostezos
Tú al Giro siempre llegas con ganas, porque el Giro viene después de las clásicas (y las clásicas lo molan todo, las clásicas son ciclismo del bueno, las clásicas son eso por lo que seguimos mirando este deporte) y montas películas gordísimas en tu cabeza, arrancadas siderales, más épica que un Ikki vs Saga. Y luego meh, y luego ejem, y luego mus.
Y, luego, la realidad.
Sí, colegas, el Giro de Italia lleva un par de años disfrazándose de metáfora sobre la vida.
Pero antes, pues eso: ansiedad. Elucubraciones. Favoritos. Este año dos, solo dos, nada más que dos. Pero qué dos. El primero es esloveno (ser esloveno tiene mucha cosa en esto de las bicis), se llama Primož Roglič, era saltador de esquí, luego ganó tres Vueltas, pudo ganar un Tour, lo perdió en la última cronoescalada (ojito), tiene en su mismo conjunto a otro ciclista mejor que él (a día de hoy). Vamos, que sonaba esto de Primož como un último baile, una oportunidad postrera, un homenajear al gran campeón. Sobre todo teniendo en cuenta quién era su oponente…
Porque Remco Evenepoel llegaba para confirmarse, para decir que guay, que puede con las tres semanas (la Vuelta es símil, pero solo símil), que en catorce meses vamos a la Grande Boucle y nos cascamos con Tadej y Jonas. Recién había ganado Lieja, recién (aunque menos recién) fue campeón del mundo. Credenciales bien chulas, porque el último belga que escaló Lavaredo vestido de arcoíris pues… Esperanzas. Que haya un cróner (un cróner inmenso, un cróner monstruoso) disputando grandes garantiza leña, porque los escaladores tienen que recuperar. Y Remco es, encima, tío que bascula entre ofensivo (sobre la bici) y orgulloso (orgulloso tipo Calderón de la Barca, tipo dar una hostia con el guante, mañana al amanecer, Playa de Covachos). Vamos, que responde, se crece por encima de sus posibilidades, tiene comportamientos de Merckx aunque no tenga las piernas de Merckx. Megalomanía, y eso siempre es bueno.
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Un artículo a la altura del Giro que describe.
Bastante insufrible como el giro, por favor recuperad a Guillermo Ortiz para hablar de ciclismo.
El Giro no lo he visto – y no me he perdido nada, según parece – pero el artículo descacharrante. :D :D :D
Marcos no puedo creer que te hayas olvidado por completo de Derek Gee, una pena : ,,,, (
Pues yo no he visto ni medio minuto de Giro (estoy de acuerdo en que se están cargando este deporte y que como sigan así va a perder cualquier tipo de interés), pero la crónica es genial.
Se ha exagerado, por un casual, la epica del momento del problema de la cadena?
Cuando se busca poner el mayor número de chorradas por palabra se acaba obviando a Derek Gee, una de las revelaciones del Giro…
Paré de leer. Este artículo no está al nivel adecuado. Si a cada chorrada que dices tengo que pasar un tiempo buscándole la gracia (perdón, a lo mejor soy lento) no mola.
Una de vez en cuando, entre párrafo y párrafo, vale, pero 3 por línea… no.
En fin, si quieres parecerte a Pérez Reverte, vas bien. No digo que eso sea malo.
Un saludo