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El buen europeo no tiene casa

El buen europeo rilke
Rainer María Rilke, 1913. Fotografía: DP.

Nacido en Praga el 4 de septiembre de 1875, a Rainer Maria Rilke lo llamaban «el buen europeo». Por un lado, escribía en alemán y en francés; por otro, vivió en medio centenar de domicilios a lo largo y ancho del continente. El sentimiento de desarraigo lo acompañó toda la vida.

¿Es la infancia, como reza su frase más sobada, la única patria del hombre? La suya no fue especialmente feliz. Después de morir su hermana, su madre se empeñó en vestirlo de niña hasta los siete años, compensando con un exceso de mimos el fracaso de su matrimonio; a los once años, su padre lo envió a la academia militar, tratando de resarcirse del fracaso de su propia carrera en el ejército, lo que le proporcionó un «abecedario de horrores».

Pasó un año en Múnich, recién iniciada la veintena, so pretexto de terminar la carrera, cuando ya abrigaba el barrunto de que la poesía iba a ser su única ocupación. Allí conoció a Lou Andreas-Salomé, la mujer más determinante de su vida, que le sugirió que se psicoanalizase, buscase un empleo y se volviese, en resumidas cuentas, una persona normal. Fue Lou quien germanizó su nombre natal, René, como Rainer Maria. Nadie lo marcó tanto. Hasta su letra, que era inclinada y abigarrada, pasó a ser redondeada y clara, como la de ella. 

Después vino el viaje a Italia, consignado en un Diario florentino que solo puede entenderse como prenda de amor, y la llegada a Berlín, donde vivía ella con su marido. Durante esos meses cruzaron bosques poblados de gamos y corzos, caminando siempre descalzos, tal y como prescribían las enseñanzas del doctor Andreas, con quien Lou llevaba casada una década, acaso sin consumar jamás el matrimonio.

Decía el poeta y filósofo Valverde que Rilke era un germano muy eslavo, y lo cierto es que no sintió lo que era la patria hasta que no franqueó la espesura de la taiga. En Rusia conoció al pintor Leonid Pasternak (su hijo, Borís, quien por entonces tenía nueve años, pero que, andando el tiempo, alcanzaría fama mundial por El doctor Zhivago, nunca olvidaría el encuentro) y a León Tolstói, con el que no terminó de entenderse. No debía de ser fácil el trato con el hiperestésico Rainer, presa de la abulia y de los bandazos somáticos de la creación poética (cada pieza que terminaba lo dejaba exánime); basta imaginar su estampa con el cuaderno de apuntes en el bolsillo de su chalequito de satén abotonado hasta el cuello para hacerse una idea de su carácter pintoresco. Pero siempre hay un roto para un descosido y hasta el propio Rilke, quintaesencia del desarraigado, halló una tierra en la que podría haber echado raíces. 

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10 comentarios

  1. Pingback: El buen europeo no tiene casa - Frases de Amor

  2. Juan Manuel

    Excelente artículo.

  3. Excelente artículo, pues tiene una profumdidad poetica que llega a la médula del conocimiento y la sensibilidad.
    Muchas gracias

  4. Juan Manuel arango

    Un texto genial,muy bien documentado con referencia a otros autores!!!
    Felicidades!!!

  5. Walther Durán

    Impecable artículo… con cada cita a Rilke y cada georeferencia que le establece, teje usted cada hipótesis, de su sensibilidad, más atractiva e interesante que la anterior. Hipótesis que en el fondo son constatación de la posibilidad de entrever ésa realidad entre sacra y terrible que es la poesía: una de las más complejas creaciones -quiza junto a la de las ciudades- de las que ha sido capaz el hombre. Leerle a usted es un placer. Enhorabuena.

  6. Aniceto Lucena Flores

    Buenos días.
    No soy un ducho de la literatura y de la poesía. Por ello he leído este artículo sin ninguna postura crítica, solo con mucho interés, curiosidad y placer.
    Muchísimas gracias.
    Un saludo.

  7. Aniceto Lucena Flores

    Buenos días.
    No soy un ducho de la literatura y de la poesía. Por ello he leído este artículo sin ninguna postura crítica, solo con mucho interés, mucha curiosidad y muy gran placer.
    Muchísimas gracias.
    Un saludo.

  8. Llego casi por casualidad a su texto y cuánto he disfrutado, y de gratis!
    Gracias señor Freire, por enseñarnos mucho sobre Rilke utilizando sus mismas herramientas

  9. Muy bueno

  10. Pingback: Entre la desolación y el espejismo del progreso de la España vaciada - Jot Down Cultural Magazine

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