Ciencias

Publico, ergo sum

La biblioteca de Babel de Borges” de Erik Desmazieres publico
La biblioteca de Babel de Borges, de Erik Desmazieres. publico

La escritura, aunque sea un hito reconocido en la historia de la evolución humana, sigue siendo probablemente un elemento infravalorado a nivel de evolución cognitiva. En primer lugar, aumentó hasta un tamaño indefinible y abrumador nuestra capacidad mnemónica, ya que representa el invento del disco duro externo de la mente humana. En segundo lugar, proporcionó un medio de transmisión y comunicación en el tiempo y en el espacio sin precedentes. En tercer lugar, generó una nueva y poderosa forma de pensar, donde conceptos e ideas se pueden literalmente visualizar, organizar, distribuir, y exportar fuera de nuestra cabeza. Todo esto en soportes bastante duraderos si los valoramos dentro de la escala de los tiempos históricos, donde los frágiles pendrives pierden de fiabilidad si se comparan con el papiro o con la misma piedra. Scripta, como siempre, manent

Pero, a pesar del poder increíble de la escritura, y de su rol totalmente fundamental en casi todas las sociedades del planeta, tampoco ha tenido el éxito esperado: incluso entre los que han pasado por un proceso de escolarización, los que leemos y escribimos de una forma cotidiana y consistente hemos sido, en todas épocas, una minoría. En general, la escritura se suele usar más bien para fines prácticos o administrativos, y la mayoría de las veces su potencial se extingue en una lista de la compra, en la redacción de una multa, o en anuncio de alquileres, más que como crisol mental de un ensayo o de un poema. Pero eso es, lo escrito se queda, y es la única forma de compartir un conocimiento en los almacenes de la consciencia colectiva.

No es de extrañar entonces que la ciencia también haya optado por este tipo de soporte, a la hora de tener que construir y transmitir un corpus de contenidos y de datos reconocidos y compartidos por la comunidad de estudiosos e investigadores, un corpus que es la base del conocimiento corriente público, así como de las discrepancias que (se supone) serán el motor de su propia evolución. Tanto para almacenar ideas como para ponerlas en discusión y propiciar su desarrollo, necesitamos una mesa común, donde poder recopilar y comparar el material disponible en un preciso momento, así como todos los elementos de su historia, o sea, del proceso que lo ha llevado hasta su forma actual. Fue así como, desde los albores de la investigación, la publicación se volvió el repositorio del saber y de la información científica global.

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