
Viene de «El mito de Esparta (1): Prietas las filas»
Trasladémonos a la época en que el lobby gay oriental decide lanzar una OPA hostil sobre los viriles efebos griegos del otro lado del mar Egeo. El verdadero papel de Esparta contrasta bastante con el mito revisitado en la película y el comic de Frank Miller, mito que se sustenta en dos acontecimientos puntuales principales: la negativa de Esparta a aceptar la sumisión a Persia, y la dichosa batalla de las Termópilas. Si bien ambos episodios concretos son incontestables, la visión de conjunto de las guerras Médicas deja la leyenda un poquito por los suelos.
En el año 499 a. C., las ciudades jonias, en la costa occidental de la actual Turquía, se rebelan contra el rey persa, Darío I, y corren a pedir ayuda a sus primos de la Grecia continental. La principal potencia militar helena por aquellas fechas, Esparta, responde valerosamente que es que ahora mismo le viene un poco malamente, que si hay que ir se va, pero que ir pa ná es tontería. Los únicos que finalmente ayudan a los jonios son Eretria y Atenas, a las que Darío cogerá el número de la matrícula desde entonces. Así que en 490 envía emisarios a todas las polis griegas exigiendo el agua y la tierra, símbolo persa de sumisión. Todas aceptan excepto Atenas y Esparta que, en una muestra de dominio del sutil arte de la diplomacia, los arroja a un pozo al grito de «¿Queréis agua y tierra? ¡Pues hala, al pozo, que os vais a hartar!», hito culminante en las relaciones internacionales hasta la aparición en la historia de los aragoneses. Huelga decir que hasta para los estándares griegos esto se consideraba un pelín maleducado.
Después de semejante éxito diplomático Darío organizó una expedición para invadir Grecia y desembarcó en Maratón. Los griegos que salieron a defender la libertad, la justicia, Occidente y bla-bla-bla y quienes obtuvieron una resonante victoria fueron los atenienses en exclusiva. ¿Y los espartanos? Pues mandaron a trescientos hoplitas (parece que tenían algún tipo de fijación con el numerito), pero qué mala suerte, oye, que llegaron tres días después de la batalla, porque hay que ver a quién se le ocurre poner una pelea en plena Carneia, que es festivo sagrado y cómo estaba el tráfico en el istmo de Corinto.
El sucesor de Darío, Jerjes I, decide vengar la derrota de papuchi. Un enorme ejército persa invade Grecia desde el norte, así que Atenas y Esparta se alían de nuevo y acuerdan dar el mando militar terrestre a los espartanos, únicos soldados profesionales de Grecia, y el marítimo a Atenas. La primera línea de defensa es el paso de las Termópilas, por tierra, y el cabo Artemisio por mar, donde una flota ateniense impedía que los persas desembarcaran rodeando el desfiladero. Y hete aquí que de nuevo a los espartanos les viene mal, qué coincidencia que otra vez son las fiestas de la Carneia y que ellos en esas fechas no luchan, vaya por Apolo. Pueden disertar sobre el significado de incumplir esta prohibición y sobre el sacrilegio en la Grecia Antigua, pero ya les adelanto yo que los casos en que una ciudad griega se pasa las prohibiciones religiosas por el forro cuando les interesa son abundantes. Hasta los propios oráculos lo hacen. Al final se les cae un poquito la cara de vergüenza y tras largas discusiones típicamente griegas, se presenta uno de sus dos reyes —Esparta era una diarquía—, Leónidas, con los trescientos hoplitas de su guardia personal. Todos conocemos cuál fue el resultado, por obra y gracia de dos mil quinientos años de marketing patriotero, y quiénes pasaron a la historia, a pesar de que, por contraste, palmaron todos los tespios varones en edad militar (y eso que, además de ser una ciudad mucho menos importante que Esparta, ellos no eran militares profesionales), una pila de focidios y locrios y por supuesto, los dos ilotas que cada espartano llevaba como asistencia personal, que no es cosa de cansarse mucho. Esta es una diferencia importante: los hoplitas espartanos disponían de dos esclavos para que les tuvieran todo listo y en orden, una rareza exclusiva de los chicos del Peloponeso. Así que esto de subir el monte ellos solos con todo a cuestas, es más falso que un euro con la cara de Chiquito de la Calzada.
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Cansa un poco este panfleto lleno de interpretaciones absurdamente ventajistas y exageraciones cómicas mezcladas con datos para colar como verdades absolutas. Que sí, que viva el progreso, que si se te tuerce el gesto al oir ya tanta oda a la multiculturalidad, a la santísima inmigración, a las muy necesarias lenguas cooficiales y a las amnistías oportunas es que eres un facha espartano. Ya está, ya lo hemos pillado, no hace falta seguir.
Fernando, aquí no se habla de nada de eso. Pero come el que se pica, ajos come, me da que sí, que eres más facha que un bote de Brúmel servido en tricornio Benemérito. Y que lo que te j_de es que te pongan delante que el epítome de los estados fascistas era en realidad un puñado de esclavistas que aportaron un total de 0 unidades de cultura a Occidente (como todo lo de derechas, vamos).
Hace ya unos días que dejé un comentario no aparecido. Este será el último que deje en Jot Down.
Bueno, mi comentario se refería al contenido, pobre, pero sobre todo al estilo del artículo.
La información que nos deja el artículo puede hallarse en la wiki mejor redactada y sin gracietas de profe de insti desesperado ante los gamberros a quien se dirige.
Los comentarios al primer artículo sobre Esparta se delataban.
Es claro que pagar un céntimo por esta revista cultural no tiene mucho sentido.
No dejes de participar, me interesan habitualmente tus intervenciones.
No puedo hablar por terceros, pero a veces los comentarios se van a spam. Me extrañaría que haya un post ninguneado.
Si es tan amable, cierre con cuidado la puerta al salir. Gracias.
Vaya, ni un céntimo va a dar, pero bien que se arredra la autoridad moral de leer gratuitamente y criticar lo que no le gusta. Buen ejemplo de «troll añejo»
Si lo que cuenta este artículo lo encuentras igual sólo que mejor redactado en wikipedia no sé para qué lo acabaste de leer. Cuando yo detecto que eso pasa de verdad dejo de leer y punto. No sé, Fran, qué fibra te tocó el artículo, hay mucha mito con el filohelenismo en general, no sólo con Esparta. Serénate, deja la cabeza en blanco y disfruta de los tres artículos de la serie, que de verdad que merecen la pena. Ni la calidad de información ni las reflexiones las encontrarás en ninguna a wiki.
Se ha perdido una ocasión, ya que estamos desmitificando, de comentar que la carrera de Maratón (la que da lugar a la actual prueba olímpica) es un mito que nunca tuvo lugar, y que lo que sí sucedió fue la que corre hoy en día bajo el nombre de Espartatlón, porque lo que sucedió realmente es que un heraldo griego, *antes* de la batalla se pateó de una tacada los ~250 km entre Atenas y Esparta para pedir ayuda, cosa que hizo sin detenerse el heraldo en unas 36 horas (el récord actual es de unas 20 horas).
Los heraldos, que sí que se zampaban estas distancias sin uso de monturas -eran personsjes sagrados, cosas de la sociedad griega- hicieron mucho màs por todo el aura de Grecia y su civilización que todas estas miserias que son vulgares guerras de clase, zafias como todas, baste pensar en la infraestructura necesaria para que un pavo se patee descalzo un A Coruña-León con periódicos puntos de hidratación (como pare de correr antes de su destino, no hay dios olímpico que lo ponga en marcha de nuevo).
Los romanos, que por lo visto eran muy pràcticos y en mi opinión sufrìan de meningitis crónica patológica, tenían un sistema de correos bastante tradicional (carros, jinetes) con toda la infraestructura, corrupto hasta el tuétano y que funcionaba como el culo, como se demuestra en numerosos episodios históricos y no digamos ya si hablamos de su deporte nacional, la guerra civil, que fue continua desde -753 hasta +476, sin descanso, ni los espartontos y los atedementes le echaban tanta pasión.
Pero claro, un correo romano era un puto funcionario, un heraldo era un héroe nacional y sagrado. Los incas tenían un sistema como este, los aztecas como los romanos. Los castellanos/españoles un sistema patentado de Pánfilo de Nárvaez, me limpio el ano con las Reales Órdenes (ni correo funcionarial, ni heraldo religioso, el puto noble de turno con la encomienda), a Hernán le fue de lujo, a Lope de puta pena. Pero esto son otras historias.
https://en.m.wikipedia.org/wiki/Spartathlon
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