
Para alguien que como yo fue joven en los años 80 y 90, décadas en las que teníamos claro que las banderas eran irremediablemente excluyentes y dañinas, vivir esta época de rearmamento globalizado del nacionalismo, especialmente virulento desde la pandemia, puede ser causa de perplejidad. Presencio estupefacto estos tiempos: es como volver atrás a un pasado primitivo donde el «derecho de conquista» lo justificaba todo y donde la exhibición orgullosa de los colores tribales se hacía a sabiendas de que sembrarían semillas de discordia florecidas en nuevos estallidos de muerte. Ahora entiendo la popularidad del fútbol como sucedáneo de la guerra. Su principio atávico es el mismo, crear mitos en torno a una división artificial, estipulada por el azar del nacimiento: el ellos contra el nosotros hecho monumento. O mejor, en el caso de las guerras, panteón.
Volvemos a eso: la fraternidad universal, el ilustrado «soy ciudadano del mundo antes que todo» ha dejado de ser un objetivo deseable; el tribalismo ha vuelto —si es que alguna vez se fue— con una agresividad pasmosa. Y el cine comercial, barómetro instantáneo de la salud moral de los pueblos, lo lleva reflejando desde hace años con una naturalidad, alardeo y desparpajo que hiela los sentidos.
No creo que sea casual que esa oleada de neonacionalismos en la pantalla incumban tanto a cinematografías occidentales como a los otros grandes bloques de poder. Pero los casos de Reino Unido y Rusia resultan especialmente sangrantes… presagio metafórico de una sangre que se verterá cada día en mayores cantidades.
Christienizando el colonialismo
De toda la cinematografía internacional reciente, la que mayor miedo me da es la rusa y la que mayor rabia, la británica.
Lo de Reino Unido clama al cielo, pues la manipulación de su propia historia es de un descaro descomunal: no contentos con convertir en El instante más oscuro (Darkest Hour, 2017) al reaccionario colonialista Winston Churchill en un progre enrollado y a favor del mestizaje, capaz de bajar al metro a charlar cordialmente con todas las «razas británicas» de los años 40, la nueva hornada de versiones audiovisuales de Agatha Christie se lleva la palma de la adulteración histórica para hacer proselitismo de su civilización. Obsesionados con reflejar la diversidad étnica (iniciativa por sí sola genial donde las haya), productos televisivos como la serie Agatha Christie: ¿Por qué no le preguntan a Evans? (Why didn’t they ask Evans?) de Hugh Laurie o largometrajes mainstream como Muerte en el Nilo (Death on the Nile) de Kenneth Branagh, ambos de 2022, aplican del modo más retorcido esa integración de actores de etnias desfavorecidas (africanos, indios) para endosarnos una lectura interesadamente distorsionada del Imperio británico: básicamente, la idea de que las relaciones sociales entre sus clases y razas era horizontal. ¡Cuando si algo caracterizó al Imperio británico es precisamente todo lo contrario! Un imperio no se consigue consensuando, sino imponiendo a rajatabla el propio lema del Brittish Empire: «Dieu et mon droit». Dios y mi derecho.
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Menudo pastiche en el cual el autor deja muy claras sus filias y sus fobias. Diría que lo que viene haciendo Branagh los últimos años no es dejar en mejor lugar al Imperio Británico (él es norirlandés de familia protestante), simplemente busca darle un toque inclusivo, más «woke» como tantos reboots y diversas secuelas actuales, que lo que persiguen es precisamente criticar el cine y la ideología de antes. Respecto lo de «Kingsman», es delirante que presente una película fantasiosa ya de por sí basada en un delirante cómic como si se tratara de una modélica (en el rigor histórico) producción de cine de época, por ejemplo «Los duelistas» de Ridley Scott (1977).
Eso no es woke en el sentido que estás tentado a invocar, es lo contrario precisamente. Si lo woke está presto a denunciar las relaciones de explotación, de desigualdad, de dominio jerárquico de clases, géneros o «razas» un filme que no denuncia y que lo esconde para contar una historia tergiversada en la que las clases que han obstentado el poder tradicionalmente, la aristocracia, sale beatificada y mistificada lo único que consigues es un filme rancio, por mucho reparto multiracial que tenga. Es como lo del negro de Vox, aka el mayordomo de Django.
Hubo débiles intentos de hacer progres ciertos géneros, pero ya el panorama está aclarado y ya hay series claramente para derechistas.
Caballero:
El cine es un negocio internacional cuyo enfoque es proporcionar entretenimiento a la mayor cantidad de personas con la mínima inversión. Enumera usted una serie de productos audiovisuales como si estos fueran una herramienta con la que se pretende ganar lo que he escuchado llamar la lucha por el relato. Y sí, puede sea así, pero eso es una consecuente, una derivada inesperada. En mi experiencia normalmente los productores suelen estar más por ganar dinero que por ondear banderas. Esta refiguración de las sociedades que retratan no tiene como fin alterar el pasado, sino conquistar al público del presente. Entienda que la industria da al público lo que pide, esto es lo más terrible.
Por otra parte quiero comentarle que considerar que los pueblos, las naciones o los estados, poseen un carácter, un alma determinada, como usted afirma a partir de una digresión sobre Sthendal es algo muy feo. Primero porque usted está haciendo lo mismo de lo que acusa a las producciones que comenta: aplicar una tabla rasa a una sociedad compleja y describirla como más se acerca a sus fines, en su caso reforzar un argumento en un párrafo de continuidad. Y segundo porque no se puede decir que los españoles o los rusos son así o asá, nunca. Le diré porque: considerar que existe una esencia común a una población es una de los axiomas del fascismo.
Le recomiendo la lectura de la transcripción de la conferencia de Umberto Eco, no recuerdo ahora si la encontrara con el título: Contra el fascismo o El Fascismo eterno, tras esta lectura quizás esté más preparado para encontrar en si mismo y los demás lo que aquel llamaba zonas erróneas.
Sí, a lo mejor le ha quedado algo esencialista el texto. Es el problema de usar el lenguaje con el que hemos categorizado sin tomar precauciones, a la manera de Eric Wolf. Recordemos que en la clasista Gran Bretaña hubo un movimiento obrero muy potente que fue laminado por Margaret Thatcher y al que previamente la cultura de masas venida del otro lado del Atlántico subvirtió hablando de clases medias. Pero de todas formas tampoco veo que sea tan simple como qué la industria da lo que pide la gente. Hay un Sistema, con mayúscula, que selecciona y financia sus ideas afines, su propaganda y sus valores. La cultura nunca es tan neutra.
Muy de acuerdo, -Me he acordado leyéndote de la de millones de muertos que produjo el colonialismo liberal, el laisse faire británico, en la India en el siglo XIX. Fue de órdago. Entre 40 y 60 millones de muertos en las diferentes hambrunas en las que el grano indio era llevado a la metrópolis mientras las autoridades británicas actuaban desarticulando las instituciones indias que protegían a los agricultores e impedía que se muriesen de hambre cuando el efecto de «el niño» golpeaba la India. Un despropósito que debería ser recordado de vez en cuando, viendo quien manda en el mundo.
Aquí
https://es.wikipedia.org/wiki/Holocaustos_del_fin_de_la_era_victoriana
Pues yo sí estoy de acuerdo en lo que dice. El cine es como las redes sociales: nada es verdad, pero influye.
Los ingleses serán muchas cosas, pero no son tramposos y cutres como los españoles más veces que no en el trabajo…
Prefiero a los españoles en lo social con diferencia, pero en lo profesional, me quedo con los ingleses 100 veces de 100…
Les gusta trabajar, como a los escoceses, viven para eso, y no conciben de los negocios como un excusa para dar el palo al otro, que es lo que se lleva en España…
Además a extranjeros… muy mal eso se ve en mi tierra…
Además, mucho Brexit, pero no habrá un Estado en todo la Union Europea que tiene incorporado en su filas tantos extranjeros, cosa inexistente en España, ni hay una cadena publica que ha hecho tanto contra el racismo como el BBC,… Siguen teniendo sus virtudes, la inglaterra liberal, a pesar de sus muy obvious defectos y cada vez peor decadencia con el Brexit…
En cuanto a re-escribr la historia del Imperio, por supuesto lo hacen, como los españoles como López Linares y su delirante documental «España, la primera globalización…»
Alucino que el autor se pierda el tiempo con la bazofia de series que se hacen sobre el imperio hoy en día, pero los españoles seguramente hacen lo mismo cuando rueden el pasado…
Se han cargado usteded la separacion de poderes, cosa que no se puede hacer. Hay cosas que no se pueden hacer en democracia. Todo lo que se teme que vaya a pasar en EEUU si gana Trump, ya se ha hecho aqui….
Es muy posible que era preferible que 5000 catalanes sufriesen un enorme injusticia que el gobierno se meta donde los jueces…. y todo con una frivolidad de lo mas chocante..
Hay cosas que no se pueden hacer. No meter tu jersey de lana escocesa en la lavadora a 40 grados, se encogera. No hacer. Abstenerse. No meter el dedo en el enchufe de la pared. Te puedes quedar frito alli. No hacer. No manejar el coche beodo. Te puedes llevar a alguien por delante. No hacer. Abstenerse. Desistir. No meter tu perrito en el micro ondas tras lavarle el pelo…
Es alucinante. Que cojones hace la cabecita loca de Carles Puigdemont dictando terminos al gobierno de la nacion? Como es posible esto que estamos viendo? Ese señor deberia haber dimitido hace mucho. Hizo su apuesta y perdio. En democracia, eso significa que te vas a tu casa….
Alucino con España. 30 años sin rodar a Victor Erice. Urbizu lleva casi 15 creo sin pelicula. Y los Apellidos Marroquis arrasando….
Lo unico, los españoles en general son mil veces mas inteligentes que sus politicos y periodistas y siniestros jueces. El español de a pie es un tipo sensato comparado al elite….
Todo tiene un limite. No quiero pensar lo que vaya a hacer la derecha cuando vuelvan al poder….. pero me temo mucho que esto vaya a acabar mal…
Tío, qué pesado eres. Vas dando la murga en todos los posts, hablando de “tu libro” independientemente del tema, poniendo a España a caer de un burro.
Puede que algunas de tus afirmaciones tengan una base de verdad, pero tu vehemencia y cinismo, tu insistencia, tu trolleo continuo, tu busqueda de atencion mediante la descalificación…
Ojala encuentres algo o alguien que te haga feliz y te traiga paz. Y asi de paso, nos la traerá a nosotros.
Como pretendes amar el mundo si no amas tu país? Pero que falta de sentido común!
Todo lo contrario, la palabra país esconde muchas cosas, como casi cualquier palabra. La palabra país es esencializadora, y mistifica y engaña porque pretende buscar una inmutabilidad y una homogeneidad que es más falsa que los billetes de un euro, por mucho que se los imagine. Todo cambia. Esconde sobre todo a las personas, sus relaciones, condiciones, intereses, relaciones de poder y resistencias. Esconde la desigualdad y el juego de los poderosos. Es un dios creado para mantener el chiringuito cuando otros dioses ya no están, por eso los nacionalismos y los patriotismos se acercan tanto a la religión, porque sirve para controlar. Util es, a algunos más que otros. Pero no me pida que la ame, porque no se lo merece.
Se critica de «The King’s Man» que «las clases oprimidas gozan del permiso señorial para formar parte voluntaria como agentes altamente cualificados en la defensa del régimen colonial (…). Como si el sistema de jerarquía de clases británico hubiera integrado desde su génesis a todas las razas y tratado con igualitarismo a la mujer.»
Se critica de «RRR», respuesta adecuada india «durante el mismo período que «mostraba» The King’s Man», el «machismo (las mujeres indias apenas se inmiscuyen: tampoco luchan ni matan)».
En qué quedamos? Queremos fidelidad con la representación de la mujer en aquel período o no?