
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
(Pedro Calderón de la Barca, La vida es sueño)
Una tarjeta de visita con el misterioso nombre de Paprika se transforma en el título de la película mientras arrancan los primeros compases de «Baikaiya» («Mediational Field»), de Susumu Hirasawa. La protagonista, Paprika, conduce una moto, pero, al mirar a su derecha, se funde con su propio dibujo sobre el cohete que aparece pintado en el lateral del camión que la está adelantando. El cohete sale disparado sobre la ciudad y, tras sobrevolar algunos edificios, encontramos a Paprika dentro de un anuncio expuesto sobre una fachada; ahora, en otro; luego, en la pantalla del ordenador de un trabajador que se ha quedado dormido en la oficina, pero no, está ahí, en la propia oficina, y, cuando se marcha, ya no es un ser tangible, sino una proyección con aire fantasmal que el vigilante de seguridad no percibe por los pasillos. De pronto está en la calle, chasquea los dedos y el mundo se congela mientras ella cruza entre el tráfico paralizado; ahora está zampándose una hamburguesa, unos tipos le hablan, los reflejos de su cara en diferentes cristales muestran distintas expresiones de incomodidad; sale fuera, da un salto tras un patinador y está en la camiseta del patinador, pero, cuando la cámara se aproxima a la imagen de la camiseta, esta es, en realidad, la realidad. Paprika nos mira y aparece de nuevo sobre la moto, y, a continuación, en el coche que la adelanta, y ahora no es ella, sino Atsuko Chiba, su alter ego en la vida real, si es que todavía podemos distinguir lo que es real de lo que no.
Satoshi Kon supo descifrar como pocos directores de cine lo difícil que es entender la manera en que se desdibujan las fronteras entre las distintas realidades que cohabitamos. Su particular visión nos advierte de que esos universos no son compartimentos estancos sino mundos conectados mediante transiciones tan sutiles que, al menor pestañeo, se nos escapan. Él mismo llegó a confesar que los recuerdos y los sueños tienen tanta importancia como la realidad, poniendo de manifiesto que realidad, fantasía y ficción no se organizan en sus historias según la jerarquía que nuestra razón exige, sino cumpliendo el mandato de esa sinrazón que nos lleva a transitar por espacios liminales con la naturalidad de quien cruza una puerta o se lanza por una ventana.
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Creo que hay un error,el nombre es biakkoya
Satoshi Kon es la unica vez que una figura publica me hizo llorar con su muerte, tras todos estos años nunca puedo evitar que se me salte alguna lagrima al pensar que el mayor genio de la animacion nos abandono tan pronto.
Me pasa lo mismo. No sé si pudiste ver el documental que se lanzó en Filmin hará un año durante muy pocos días pero se te hace un nudo en la garganta al ver cómo todos los que le conocieron hablan del maestro.