
Este artículo es un adelanto de nuestra trimestral Jot Down nº 47 «Locomotive»
El 9 de agosto de 1928, Joseph Roth escribe a Benno Reifenberg, jefe de cultura del Frankfurter Zeitung, para explicarle que atraviesa un momento de colosal desconfianza y le extraña que el diario lo envíe a Italia, en plan hedonista, a escribir sobre balnearios. No le faltan motivos para desconfiar, pues en el periódico tiene enemigos poderosos. Por eso, le escribe: «Ahora usted me manda a Italia. Ante tantas amabilidades, timeo danaos, empiezo a barruntar el infortunio». La lectura de la anécdota activa como un tirador las enseñanzas de los clásicos, y me da el pretexto para aproximarme, con humildes apuntes, a una de las más fascinantes piezas literarias de la historia de la humanidad, y balbucear algunas cuestiones con relación a nuestro incierto presente.
El origen de la breve inserción en latín data de veinte siglos atrás. Procede de la Eneida, libro póstumo de Virgilio y cima del clasicismo romano. Timeo danaos et dona ferentes: «temo a los griegos incluso en sus regalos». La pronuncia el sacerdote troyano Laocoonte ante la visión de un enorme caballo de madera que, astutamente, los griegos han dejado en la playa en su, aparente, retirada.
Los autores clásicos sitúan la guerra de Troya (algunos afirman que no sucedió) en torno al año 1184 a. e. c., es decir, en la Edad de Bronce. El relato épico de la guerra entre griegos (dánaos, argivos, aqueos) y troyanos (teucros) dio como resultado una de las grandes obras de la literatura, la Ilíada, epopeya seminal de una cultura que el Mediterráneo irradió durante siglos. De esa guerra contra la antigua ciudad anatolia, también conocida por el nombre de Ilión, procede la artimaña del caballo de Troya. Un engaño colosal que provocará la caída de la ciudad y el destierro de Eneas, origen de numerosas leyendas de la épica grecolatina.
Según la Odisea, compuesta, aproximadamente, en el siglo VIII a. e. c., el héroe Epeo es el artífice de la construcción del caballo con la ayuda de la diosa Palas Atenea y el artilugio responde a una treta de Ulises, que llena sus entrañas de soldados. La astucia del caballo de madera no ocupa apenas espacio en este magnífico texto atribuido a Homero, pero circuló, polinizó y fertilizó en el imaginario popular también a partir de otros fragmentos en otros poemas. Algo similar sucederá con el material dedicado al personaje mitológico Eneas, hijo de la diosa Venus o Afrodita y de un pastor. El imaginario mítico, fundamentado en fuentes textuales e iconográficas, se construye y deconstruye durante siglos, hasta llegar a Virgilio (70-19 a. e. c.), el poeta latino que con más profundidad ha perfilado y ampliado los detalles de las aventuras de Eneas y del fatal caballo.
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