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Juan Gabriel Vásquez: «Nadie lee ficción, ni mucho menos la escribe, si está completamente contento con el mundo como está armado»

Juan Gabriel Vásquez para Jot Down

Afirmar que Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973) es uno de los más grandes escritores de nuestra lengua se me antoja una perogrullada. Basta echar un vistazo a su dilatada lista de galardones para constatarlo. En su haber se encuentran el Premio Alfaguara de Novela, el Premio Real Academia Española, el Premio Literario Internacional IMPAC de Dublín y el Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, entre otros. Ahora bien, vale la pena recordar, aun a riesgo de incurrir en evidencias anejas, que Vásquez es, además de un gran escritor, un teórico literario sine pari. Se trata de un intelectual que podría ocupar cualquier cátedra de literatura comparada y, de hecho, hace poco ocupó una de las más prestigiosas del mundo: la cátedra Weidenfeld de la Universidad de Oxford, en la que le antecedían figuras como Vargas Llosa, Umberto Eco, George Steiner o Javier Cercas. De aquella experiencia docente surgió El arte de la traducción, su último libro publicado, un ensayo sobre cómo la literatura nos ayuda a comprender (y contribuye a enriquecer) nuestras vidas. De modo que para cuando nos encontramos con este colombiano cosmopolita, y sin duda extraterritorial, la lista de preguntas, sobre su obra, pero también sobre actualidad o literatura, desbordaba lo razonable. 

Nos reunimos con Vásquez en el Instituto para las Ideas y la Imaginación de la Universidad de Columbia, un centro que reúne en París —a tiro de piedra de los jardines de Luxemburgo— a estudiantes de posgrado junto con poetas, artistas, músicos y pensadores. El día del encuentro el cielo amaneció cribado de nubes, pero para cuando nos sentamos frente a nuestro entrevistado, aquí, en un rinconcito acogedor de la biblioteca del Instituto desde el que escribe su siguiente novela, el sol comenzó a abrirse pasó a empellones y se coló a raudales por la ventana. Una cosa alumbrando la otra. 

Hay uno de tus ensayos al que vuelvo frecuentemente: Malentendidos alrededor de García Márquez, que forma parte de El arte de la distorsión. Ahí hablas, entre otras cosas, de la tradición del escritor. ¿Podemos empezar hablando de la tuya?

Borges escribió en los años 30 un ensayo que me importa mucho, El escritor argentino y la tradición, en el que reclama para el escritor argentino —pero esto se aplica a todos los latinoamericanos— el derecho de apropiarnos de cualquier tradición, de cualquier lengua. La idea de las tradiciones nacionales, o incluso lingüísticas, como algo que te limita, que te cierra espacios, siempre ha sido para mí uno de los enemigos que hay que vencer. Y una de las grandes lecciones del boom latinoamericano, creo yo, comenzando por ese padre del boom que era Borges, fue el derecho a romper las barreras de nuestra lengua que tanto agobiaron a García Márquez, a Vargas Llosa, a Cortázar. La idea de guardar cierta lealtad a su lengua o a su tradición territorial: ellos rompieron con eso y fueron a buscar sus influencias en Faulkner y en Hemingway y en Sartre y en Camus y en Kakfa y en los surrealistas y en donde fuera. Y eso es algo que, por fortuna, después del boom está bastante asentado. Entonces yo tengo muy claro que, para mí, mi familia empezó sobre todo con dos momentos:

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3 comentarios

  1. MacNaughton

    Siempre se olvida de Walter Scott cuando se habla de los grandes del siglo XIX, y sin embargo, tanto Tolstoi como Stendhal como Galdos estan absolutamente en deuda con Scott, quien basicamente inventa la novela historica como la conocemos hoy, y cuyo mejor libro no es «Ivanhoe» desde luego sino «The Heart of Midlothian». Su primera novela, «Waverley», publicado de forma anonima, fue toda una sensacion cuando salio…

    «Waverley» hace de ficcion el gran levantamiento de los clanes de Escocia en 1745 en contra la dinastia de la casa de Hanover y a favor de los Estuardos, y su heroe es un ingles del mismo nombre que viene a Escocia y acaba enamorado de la hija de uno de de los grandes rebeldes de los clanes…

    Puro romanticismo, pero fue el autor de moda en toda Europa hace 200 años… un escritor muy celebre.

    En Escocia hoy en dia Scott no es del gusto de muchos escritores al ser un ferreo unionista politico, aunque nacionalista cultural, pero su capacidad para escribir esta fuera de cualquier duda, docenas de novelas, cuentos y libros de no-ficcion, ademas de poeta de gran exito…

    Merece su lugar en el canon europeo, y es basicamente uno de los creadores de la imagen moderna de Escocia, como esta detallado en aquel libro reciente «Scott and Scotland»…

    Un dia se echo a llorar en the mound de Edimburgo al decir «no van a parar hasta no quede nada de la vieja Escocia (auld scotia) » . Era un unionista pero gran patriota escoces.

    Ademas, escribia en escoces mejor que Burns y en cuanto a Stevenson, seria casi impensable sin el legado de Scott. Stevenson apenas le menciona, lo cual dice mucho..

    Buena entrevista y me hare con ese libro de Vazquez sobre la traduccion enseguida… gracias, Jot.

  2. Siempre se olvida de Alejo Carpentier cuando se habla de los grandes del boom, y sin embargo, tanto García Márquez como Vargas Llosa como Cortázar están absolutamente en deuda con Carpentier, quien básiamente inventa el realismo mágico como lo conocemos hoy, y cuyo mejor libro no es «El Siglo de las Luces» desde luego sino «Los Pasos Perdidos».

  3. Pero sí creo que los lectores de ficción leen ficción porque están insatisfechos con la vida. Nadie lee ficción, ni mucho menos la escribe, si está completamente contento con el mundo como está armado, con su vida o con su experiencia.

    Bueno, la Industria Cultural no estaría de acuerdo con dicha afirmación, ya que precisamente sus pingües beneficios se destilan de una masa de lectores acríticos y moderadamente satisfechos de ese sopicaldo costumbrista, diseñado en la esfera de lo políticamente correcto, con las necesarias dosis de acíbar que mantengan al lector dentro de unos confortables parámetros de radicalidad de tintes cosméticos.
    Por supuesto, existen autores discrepantes que asimismo nutren algunas minorías de outsiders bien intencionados, pero que a efectos industriales, caben en un taxi. Dicho lo anterior, ha sido un placer asistir a vuestra conversación, a mi juicio y desgraciadamente, bastante alejada de la realidad.

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