
1. Principios
Empezaremos con una obviedad: el principio de la novela coincide con el principio del proceso que le da título:
Alguien debía de haber hablado mal de Josef K., puesto que, sin que hubiera hecho nada malo, una mañana lo arrestaron.1
Otras versiones prefieren traducir «Alguien debía de haber calumniado» (verleumdet haben, dice el original), pero lo que ahora nos interesa de esta frase de apertura es más bien ese «debía de» (mußte) con el que el narrador introduce el verbo. Siendo así que se trata de una narración en tercera persona, ¿no cabría esperar que el narrador supiera si de hecho ocurrió o no ocurrió tal cosa? Pero he aquí que nos encontramos con una voz narradora que, de una parte, al narrar en tercera persona, logra distanciarse fríamente del héroe y, de otra, mediante una suerte de «restricción de campo»2 asume desde el principio su limitado punto de vista. («Debía de» y «sin haber hecho nada malo» son palabras que debemos relacionar antes con la conciencia del personaje que con el conocimiento o la ignorancia que el narrador tenga de la materia objeto de narración).
Se trata de una técnica muy querida por Kafka, empleada magistralmente en muchas de sus narraciones.3 De este modo, los lectores «vemos» a K. «desde fuera» y «nos vemos» al mismo tiempo inmersos en su situación, acompañándolo desde un principio en el proceso que acaba de comenzar y del que muy pronto tendrá noticia oficial. Si continuamos leyendo asistiremos al despertar del protagonista, extrañado de que no le hayan servido el desayuno a la hora acostumbrada, en la habitación que ocupa en una casa de huéspedes. Desde la almohada ve como la anciana que vive enfrente lo observa «con una curiosidad nada habitual en ella» (primer indicio del carácter invasivo del proceso en lo que a la intimidad del acusado se refiere). Al llamar para que le traigan el desayuno, entra en la habitación un extraño, de cuyo aspecto nos ofrece el narrador una descripción que vale la pena recordar:
Era delgado y de constitución fuerte, llevaba un traje negro ceñido, que estaba provisto de diferentes pliegues, bolsillos, hebillas y botones, y de un cinturón igual que el de los trajes de viaje, por lo cual parecía especialmente práctico, sin que a uno le quedase claro para qué había de servir todo aquello.4
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Interesante artículo. Yo ya me planteé cosas similares pero menos profundas al leer a Kafka.