Arte y Letras Filosofía

El artificio de la inteligencia

Conversaciones con una inteligencia artificial. Ilustración TAU
¿Conversaciones con una inteligencia artificial?. Ilustración: TAU.

Hace ya dos décadas que el gobierno de George Bush popularizó la desafortunada metáfora de los «daños colaterales» para referirse a los muertos de la guerra de Irak. Unos años más tarde, en España, se utilizaba la expresión «rescate financiero» para aludir al embargo de la Unión Europea, como si aquello se tratase de un momento catártico y heroico. En el ámbito médico, se lleva mucho tiempo advirtiendo a las mujeres de su «reloj biológico», para que se apuren en la reproducción. Por su parte, los economistas gustan de decir «crecimiento económico» cuando aumentan los índices del PIB, aunque eso no esté relacionado con ningún «crecimiento» efectivo de los ciudadanos de un país. También acostumbran a usar el término trickle-down economics («goteo hacia abajo») para introducir la falsa idea de que si los ricos se hacen muy ricos, eso repercutirá tarde o temprano en las clases bajas. Con una sugerencia parecida se habla del concepto «cadena de mando», inspirando la idealización de que en esa estructura jerárquica todos los eslabones son igualmente importantes. En la misma línea, se maneja el término «mercado laboral», para que parezca que los agentes implicados son asimilables a las verduras. O se usa la fórmula «batalla contra el cáncer», igual que si el enfermo fuera un guerrero del Vietcong. Y uno piensa, ¿quién se va a creer estas cosas? Pero es que resulta que a día de hoy seguimos debatiendo sobre la «inteligencia artificial».

No era cuestión de ingenuidad que nos creyéramos lo que significan las nociones del lenguaje, porque su razón de ser es justo esa. Hasta tal punto, que nuestro mundo se determina en arreglo a las ideas a las que conferimos importancia, como si la idea y lo que designa fueran correspondientes de manera «natural». Esta romántica circunstancia ha dado gasolina a los debates más ilustrados de cada época: san Anselmo de Canterbury demostraba la existencia de Dios a partir de su concepto, Descartes hacía lo propio con la noción de «sujeto» y Marx le criticaba a los ricardianos que usar la idea de «hombre» a modo de abstracción en el vacío conducía a un diseño económico bastante perverso. Parece que un caso análogo en nuestro tiempo es tomarse demasiado en serio lo que significa «inteligencia artificial». En este caso, el conflicto tampoco se resuelve respondiendo negativamente (o positivamente) a si los robots «piensan», sino observando por qué nos hemos metido en esta diatriba conceptual. La reflexión pertinente no nos lleva a investigar la «mente» o los «sistemas de software», sino a ese lenguaje que de vez en cuando hace de las suyas.

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4 comentarios

  1. No es un evento que confirma le regla, Sí también lo es. Faltan algunas comas que por ser suspensión -inhibición diría pues siempre se duda al construir- de la reflexión no tendrían que estar ahí, en un espacio vacío, como mudos puentes conciliatorios de la misma idea, el círculo ondulado de La inteligencia que no sale de Mí sostenido afán de comunicar la música, no ejecutarla, l imitación de lo externo en lo interno, eterno intento de acumular de rotas, como el griego o el latín, voces no lenguas muertas que por muertas viven en mí otra semilla que debe morir; el que existe es un solitario que acomoda las cartas esperando en volver a empezar; el que juega juega porque se aburre y no necesita inteligencia para huir del tedio del miedo. Las hormigas, las abejas, ¿son inteligentes?; pues claro que no, de otra manera no harían siempre lo mismo, solos nosotros nos perdemos en la multiplicación, suma al fin y al cabo, suma expresión de resultado cero. Sospecho que esta IA, Ay diría, nos va a hacer más burros, con todo el merecido respeto a los equinos que no conocen el ocio y apendieron a fuerza de palos aarar más o menos en Derecho, obligación sobre todo. Si fuese inteligente no escribiría tanto pues la duda carcome, ¿y a quién se le ocurre e regir estatuas a lo carcomido?

    • Con tanto palabrerío “inteligente”, me olvidé de señalar que su artículo es , no obstante el difícil concepto de inteligencia, uno de los mejores que he leído con respecto a la claridad. Gracias con retraso y con algunas consideraciones más de un profano. Tiempo atrás, quizás mucho para algunos, leía que la inteligencia se podía definir como la capacidad de resolver problemas, y entonces me preguntaba quiénes serían aquellos desgraciados que no resovían problemas si nos pasamos la vida haciéndolo, y no resolverlos sospecho que también es una forma de hacerlo a través del olvido. Si no hubiéramos resuelto problemas no habríamos llegado hasta donde estamos. Lo que escribo pienso que es una muestra más pues no resuelvo nada. Hasta los recién nacidos resuelven problemas cuando menean sus cabecitas para comunicar que están satisfechos, que no quieren mamar más. Esto hacían mis pibes por lo menos. Y el olvido, ¿no sería una muestra de inteligencia? Si olvidáramos, no perdonar por cierto, ¿no sería una forma de evitar conflictos? “…Si fuéramos a las tratativas con donos y con pretensiones mandadas al olvido las guerras estarían de más, y esto vale hablando de guita y fronteras, solo el amor queda afuera porque de por si es un dono, ¿no será que si me olvido existo…?” escribía un poeta de mis pagos. Gracias de nuevo.

  2. Tan brillante como el anterior sobre la metafísica de la física, siguiendo la estela nietzscheana de Verdad y mentira en sentido extramoral. Me ha gustado.
    La pregunta de Turing buscaba el engaño no la verdad, la ciencia ya era postmoderna en los años 50 del siglo XX.

  3. José Antonio

    Gracias por un texto tan inteligente, yo casi consigo entenderlo del todo :) Y diría que no está escrito pasándolo por el tamiz de la IA, porque tiene vida, tiene poesía, austera, pero luz all fin y al cabo. La pregunta sería porqué algunas personas han abrazado la IA como si fuera la salvación a todos sus problemas, en el ámbito profesional.

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