Entrevistas Sociedad

Raúl Baltar: «La mayor parte del tiempo de nuestra vida estamos trabajando, y es poca la gente que tiene la fortuna de conocer su vocación desde la infancia o la juventud»

Raúl Baltar para Jot Down

Tiene las piernas largas, la cara fina y el aspecto de un hombre al que es totalmente imposible echar los sesenta y dos años que tiene. Pero es que Raúl Baltar (Vigo, 1963) sigue siendo un maratoniano de tres horas. Un hombre que puede pasar un día entero sin comer y un lector de libros impenitente. En el pasado fue un banquero de éxito. Trabajó en España, en Perú y en Venezuela, donde nunca pretendió ser Gordon Gekko, el villano de las películas de Wall Street.

Estamos con él en un céntrico hotel de Madrid pegado a la Castellana. En la cafetería nos concede las dos horas siguientes de su vida. Acaba de venir de A Coruña, donde vive su hija pequeña. La paz acompaña su mirada y su vestido. En 2019 se fió de una hoja de Excel para neutralizar su vida de ejecutivo. Hoy es dueño de casi todo su tiempo y, antes de darte la mano, te transmite esa serenidad en la mirada.

«Hubo un año en el que llegué a realizar trescientos vuelos entre países», recuerda.

Tu hija de 16 años quiere ser economista, como su padre.

Sí, le atrae el mundo de los mercados de valores y ahora comienza a preguntarme sobre finanzas y sobre cómo se mueve el mundo a través de las empresas. Ella comienza a darse cuenta de que muchas cosas se mueven en función de lo que pasa en el mundo de la economía. Está en esa generación en la que todo está muy cercano, muy a flor de piel…

¿Y todo eso son solo números?

Pues no son solo números, fíjate. Yo estudié Economía y me considero más un humanista. En realidad, aunque tengas que lidiar con las matemáticas o la estadística, Economía debería ser considerada una carrera de humanismo. Es más, yo, que he trabajado en banca tantos años, no diría que los números han sido lo más importante: te hablaría, sobre todo, del manejo de las habilidades que te permiten acceder a la gestión de la gente. Para mí, que he sido banquero 35 años, la economía es eso…

Toda una vida.

Mira, yo empecé en Arthur Andersen de auditor. Terminé la universidad y fui con un amigo que era un crack en la carrera, al edificio Windsor. No sabía que acompañarle me iba a cambiar la vida. Subimos al piso 24, donde estaba Arthur Andersen, para que él entregase el currículum. Y entonces la chica de la recepción me dijo: «¿Y tú no lo vas a entregar?» Ni lo había valorado. Me daba vergüenza por mis notas, que no eran buenas, pero lo entregué.

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2 comentarios

  1. Me muero por saber qué fue del amigo al que acompañó a dejar el currículum.

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