
La mitología griega es un paquete de expansión que Occidente instaló hace siglos como un almacén de símbolos, delirios y explicaciones medio poéticas, medio drogadas, con el que la Hélade intentó poner orden en un mundo donde los dioses se peleaban por deporte, los mortales sufrían por encargo y los monstruos molaban más que nadie, todo hay que decirlo. Detrás de cada mito hay un trauma familiar, una metáfora política o una sesión de terapia interrumpida por rayos y centauros.
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Donde nace el trueno (y se indigesta Cronos)
Zeus nació en una cueva del monte Ida, en la isla de Creta, porque hasta los dioses necesitan un escondite prenatal. Su madre, Rea, lo parió entre rocas para evitar que su marido, Cronos —ese padre que se tomaba la paternidad como una dieta alta en proteína— se lo tragase como hizo con sus otros hijos. Cronos no comía por placer, sino por prevención: un oráculo le había advertido que sería derrocado por uno de sus descendientes, así que decidió tragárselos a todos, como primer buen conspiranoico.
Rea, harta de ver cómo cada parto terminaba en banquete, urdió un engaño primitivo pero efectivo: cambió al recién nacido por una piedra envuelta en pañales y entregó el paquete a Cronos, que lo devoró sin mirar, porque cuando hay hambre… Mientras tanto, Zeus crecía en secreto, amamantado por la cabra Amaltea y custodiado por los curetes, un grupo de soldados que bailaban y chocaban sus armas para silenciar el llanto del niño. Así fue como el trueno aprendió a respirar en silencio.
El futuro padre de los dioses creció en la sombra del pánico y el engaño, y cuando fue lo bastante fuerte, hizo vomitar a su padre liberando a sus hermanos y declarando la primera guerra civil del cosmos. El Olimpo se construyó con ansiedad prenatal y una piedra mal masticada.
Hades, la madre y la cosecha secuestrada
Todo empezó con una flor. Perséfone, hija de Deméter, caminaba despreocupada entre los campos cuando la tierra se abrió bajo sus pies y Hades, dios del inframundo, emergió para raptarla. Raptar es el verbo eufemístico que se usa para no explicar el resultado de estos raptos: violación. No hubo consentimiento, solo una grieta, un carro oscuro y el descenso forzado al inframundo. Aquel rapto no fue solo el desencadenante del mito, también explicó el funcionamiento de las estaciones. Deméter, diosa de la agricultura y de la vida que germina, al descubrir la desaparición de su hija, abandonó sus funciones divinas como quien apaga una maquinaria sagrada. Las semillas dejaron de brotar, los campos de florecer, y el mundo de alimentarse. La primavera se detuvo porque la madre no podía encontrar a la hija.
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Por reportajes como estos es que me hice hincha de Jot Down… siempre son una parada obligatoria en mis dias, Saludos…
Tendré que volver a leer la teogonía griega pues creo que falta la castración de un olímpico, un mito inquietante, digno de Freud. Mi simpatía va a Hefesto, o Vulcano, un gran laburador metalúrgico, y encima rengo, un estajanovista ante litteram, siempre al yunque y sudando. Excelente lectura, gracias.
Más de estos artículos por favor. Como dice Gabriel Luque, estos artículos son los que hacen especial a Jot Down.
Siempre he considerado a Démeter como una madre posesiva y a Perséfone como una hija que quería abandonar el nido como fuera. Teniendo en cuenta que Hades es el más moral (para nuestra concepción de la moral) de los dioses griegos, lo del rapto-violación en este caso me suena más a fuga con el novio.
El resto de los dioses, cuando raptaban-violaban a mortales, o a sus hermanas, sobrinas y tal, las dejaban tiradas a la semana pero Hades pasó por vicaría gustoso tras pelear por su novia con su jefe y no se le conocen más amantes (ni raptadas-violadas).
Pero vivan las madres coraje eh? no perdamos el relato de vista!
Qué va, Hades también era un picha brava por llamarlo de forma benévola, Lo que hizo con Persefone lo volvió a intentar con la ninfa Mente, (transformada en Menta por su mujer) y con Leuce, transformada en Álamo Blanco. Éso recopila Graves en sus Mitos Griegos de Estrabon, Servio y Virgilio