Cine y TV

¿Y si Dios no fuera el bueno de la película? Una soflama impía a propósito del cine religioso

La pasión de Cristo. Imagen Icon Productions. cine religioso
La pasión de Cristo. Imagen: Icon Productions.

No sabría decir exactamente qué buscaba, si era una forma de redención estética o simplemente un modo de justificar, ante mí mismo y ante la compañía poco exigente de un bol de palomitas infladas con aire de microondas, que soy capaz de consumir superproducciones bíblicas. Lo cierto es que aquella noche acabé viendo la enésima recreación digital de la ira divina en formato cataclismo: la historia de un Dios severo que, harto de nuestra miseria moral, decide anegar el planeta entero como quien tira de la cadena después de una larga digestión, con la salvedad de que esta vez la evacuación incluye humanos, ganado, vida salvaje y probablemente alguna inocente orca anticapitalista que pasaba por allí. Solo un hombre, justo entre los justos, recibe el mandato de construir un arca y jugar a zoológico flotante mientras el resto del mundo se ahoga —literalmente— en su propia culpa. A mí me pareció un slasher en versión líquida, pero en la web tenía el aplauso de crítica y público.

Fue entonces cuando surgió la pregunta: ¿cuál es exactamente el mensaje religioso que vehiculan estas películas? ¿Qué idea del Todopoderoso quieren sembrar en nuestras almas marchitas los señores que manejan el cine piadoso desde sus despachos con crucifijo de mármol y café de cápsula no reciclable? Porque si uno repasa con calma, y no con devoción bovina, la lista de filmes que solían aparecer en la cartelera cada Semana Santa —o en esas sobremesas sudorosas frente a la tele de Jueves Santo, entre torrijas y empacho de incienso— la conclusión no es que Dios sea amor, sino que Dios es, cuando menos, un sádico con presupuesto.

En Los jueves, milagro, por ejemplo, lo milagroso no lo pone el cielo sino una cuadrilla de caciques que, deseosos de revitalizar el turismo local, organizan un fraude devocional con la ayuda involuntaria del tonto del pueblo, al que convencen de que se le ha aparecido un santo. Que el pobre crédulo sea Pepe Isbert no aligera la carga sacrílega, sino que la multiplica, porque la ternura del rostro y la entonación del actor no hacen más que resaltar la estafa emocional que se construye a su alrededor. Si Berlanga no fue excomulgado por esto fue porque a los censores franquistas les gustaba más la sotana que la semiótica, pero ahí está el germen del verdadero escándalo: ¿y si los santos fueran negocio? ¿y si la fe tuviera rentabilidad por metro cuadrado?

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4 comentarios

  1. Pingback: El cine religioso: ¿un reflejo distorsionado de Dios y la fe? - Hemeroteca KillBait

  2. Antonio Yelo

    Buenísimo el repaso que el autor hace del cine religioso. Y muy oportuno que de incluya La Vida de Brian. Dios se descojona de nosotros. Nos creó porque se aburría. Todas las tardes se asoma a mirar lo ridículos que somos aquí abajo. Por eso Monty Phython entendieron mejor que nadie de qué va esto de la vida.

  3. “Justicia y compasión” es el resumen teórico que hace Spinoza sobre la religión de sus mayores, los hebreos, y debido a su análisis detallado y exhaustivo le valió el desprecio de sus connacionales. Este silogismo no podrá cambiar en aquellos que crean aunque mínimante en algo superior, trascendente, en sus infinitas maneras de presentarse. E inevitablemente es la Compasión que se me presenta cada vez que, solo por curiosidad por algun pasaje, veo otra vez estas peliculas galardonadas con Oscar, pretenciosas y grandilocuentes hoy, ignorantes de las costumbres, vestidos, con maquillajes extravaganes, con dialogos irreales. Entonces me descubro diciéndome, perdónalos señor, no saben lo que hacen. Gracias por la lectura.

  4. Cuál es exactamente el chiste de La vida de Brian que se ha quedado rancio?

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