
Hay verdades incontestables, también, en la ficción. Una de ellas es que en las películas de superhéroes de las factorías de Marvel y DC se ven menos muertes que en La casa de la pradera. En la última de Superman Laura Linares decía que el alienígena de Krypton es «noble sin ser ñoño, fuerte sin ser invencible, bondadoso sin ser tonto». ¡Pero que mierda de superhéroe! Seamos serios. Lo cierto es que salvo honrosas excepciones como Guardianes de la Galaxia uno necesita altas dosis de insulina para bajar la glucosa cinematográfica a la que nos someten las grandes productoras, empeñadas en servirnos peleas sin sangre, guerras sin cadáveres y villanos que mueren fuera de plano para salvaguardar nuestros influenciables cerebros.
Sin embargo, todo el empeño por inundarnos de héroes enmascarados que rescatan gatitos se hace añicos con la irrupción de una serie que trata a los niños, adolescentes y adultos como que realmente son, unos cabroncetes que disfrutan viendo cómo desmiembran desde los protagonistas hasta los villanos pasando por los NPCs con su fama injustificada. Estamos hablando de Invencible, una serie nacida de la mente privilegiada de Robert Kirkman, el mismo que nos enseñó en The Walking Dead que la supervivencia es un juego de porcentajes y de tripas abiertas. Aquí, el poder no viene con una moral prefabricada: viene con la física de un tren bala a 500 km/h, con vísceras salpicando la cámara y con la certeza de que ser héroe significa, sobre todo, ser el último en morir.
En el papel, Invencible es un cómic que empezó como un guiño juguetón al género y acabó como una carnicería sostenida durante más de 140 números. En pantalla, su adaptación animada ha llevado esa violencia hasta donde Amazon deja manchar de rojo las pantallas amoled. El resultado es un reality show de dioses con hemorragias internas. Los superpoderes no son metáfora de la responsabilidad, sino de la letalidad. Y en este parque de atracciones sin frenos, la muerte no es el final de un arco: es un espectáculo gráfico con planos detalle y sonido envolvente.

Omni-Man, el mayor villano allende galaxias
En el centro de esta ópera sangrienta está Omni-Man, alias Nolan Grayson: padre, mentor y depredador alfa. En su disfraz de héroe terrícola, lleva décadas salvando a gente que, en el fondo, considera ganado para el matadero. Es un viltrumita, parte de una civilización que basa su cultura en la eliminación de los débiles y la conquista sistemática de planetas. Su misión en la Tierra no era protegerla, sino ablandarla para el día de la anexión. Durante años jugó a ser el esposo ideal, el padre protector, el aliado de todos los héroes. Y entonces, un día, como quien se quita una corbata incómoda, dejó caer la máscara.
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hey, que no es para tanto! la serie sorprende y es más que divertida, pero, a mi juicio, la mezcla de cotidianeidad, violencia extrema y épica galáctica a veces no acaba de cuajar… aunque desde luego, es drogaína pura, a qué negarlo.
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Pingback: Invencible: La serie de superhéroes que rompe esquemas con su violencia extrema y su narrativa brutal - Hemeroteca KillBait
Lo he repasado varias veces y estoy bastante seguro de que en la serie no hay ningún episodio con la destrucción de Las Vegas. Para un check rápido, si buscas en YouTube o en Google solo aparecen viñetas de cómic. No sé si al autor se le han confundido cómic y serie…