
Un cielo verdoso y zinc
se vislumbra entre las ventanas de un tren sonámbulo
que recorre espacios imposibles…
Traqueteo onírico, ¿cadáveres o maniquíes? Un revisor zombi, espectro o resucitado. En el interior de una clepsidra mental un hombre desorientado busca a su anciano padre entre los pasillos abandonados de un sanatorio en ruinas.
Una dama como una muñeca viste un orlado vestido blanco, porta un parasol ante la atenta mirada de un maligno Pigmalión. Carruajes de fornidos caballos, de color blanco o negro… el adulterio entre una mujer madura y un estudiante universitario, un hombre con bigote mira por la ventana sucia, mujeres con vestidos floridos cuchichean sobre nimiedades, el trauma de la guerra persiste en medio de calles grises y blancas, de palomas perdidas y miradas veladas, en pisos compartidos de ropa colgada, cristales translúcidos y velas derritiéndose en la oscuridad, un violín suena entre los cortinones de la casa burguesa de un viejo catedrático de medicina, una anciana polaca habla en francés a un joven, gotas de lluvia en la ventana, los turgentes pechos de una mujer se desnudan ante la lejana mirada lasciva de un polaco con sombrero de bombín, su padre anciano moribundo yace en una cama verdeazulada en donde los rayos de sol azules iluminan su rostro de cera, ángeles con brillantes armaduras metálicas, vírgenes danzando en círculos con transparentes camisones blancos y rosas, besos furtivos, sensuales visiones de orgías cardenalicias, monjes contemplando tríos lésbicos, lujuria, avaricia, gula, pecados capitales,
celuloide que arde en llamas sobre la nieve, y el hielo quebrado, sobre una calavera blanca con ojo rojo de cíclope, sobrevolando las ruinas de un palacio tapado con telas de araña, musgos y líquenes, maderos podridos. Gritos mudos. Silencios aulladores.
Un niño grita tras el cristal de un vagón de tren, golpea la ventana mientras la locomotora arranca, ante la mirada perpleja de un soldado inmóvil con casco de hierro, árboles yermos a los pies de las marismas neblinosas, cuervos negros graznando entre negras ramas sin hojas, fotografías de cadáveres demacrados, recuerdos de campos de concentración, fusilamientos de madres con niños en brazos, adioses, despedidas, tribulaciones, laberintos subterráneos de ríos cavernosos, avernos vengativos.
Una habitación rosa es la jaula de cristal de una damisela decimonónica en apuros. En una taberna se discute sobre el futuro de las personas sin contar con ellas, vinotecas llenas de tahúres, ladrones y pícaros, bebedores de cerveza, versos voluptuosos, una mujer viaja en avión recordando su último amor antes de la guerra, manuscrito encontrado en una soga, un carromato cruza Sierra Morena rumbo a Andalucía, parándose junto a piedras pobladas de calaveras y huesos en donde dos ahorcados cuelgan de sus sogas, atadas a unos troncos de pino, duelos de espada cabalistas, pistolones y mosquetes, textos alquímicos, moras seductoras de una sexualidad arrebatadora, vanidosas difuminaciones, un niño en un caballo blanco portando un gran cirio que se derrite bajo la nieve, soldados caminando, ancianas rezando en iglesias oscuras, gitanos cuentacuentos, hermanos dieciochescos portando puñales, la bruma en los prados verdes, espadas, tanques, pistolas, vodka fuerte, nazis de las SS, plazas cafeterías restaurantes, muertos sobre la tierra yerma o sobre la hierba helada, paisajes polacos, españoles, escoceses, viajes en el tiempo, también bailes y danzas y chanzas, antiguas transmutaciones, demonios del averno que resucitan de sus tumbas, muertos suicidas que se negaban a morir, violencia, supervivencia, recuerdos de violaciones o el arte de ser amada, recuerdos en prisión, en celdas inmundas, prismáticos y espejos bifurcando miradas, ejecuciones, un intelectual se lanza al vacío por la ventana, sonidos de pianos y de relojes mecánicos en la noche oscura en la oscura noche en la noche inhóspita, en el día que no llegará…
vicio y libertinaje en medio de guerras religiosas de fanatismos protestantes, rusos o alemanes, franceses y españoles, fotografías de soldados olvidados, de niños huérfanos y de padres sin hijos, de ancianos sin futuro y de códigos cifrados, dibujos en papeles ardiendo, consumiéndose en una papelera, un teléfono negro que suena y suena, pero nadie lo coge, el humo de un cigarrillo de mujer en un avión a París, fundido a negro, la memoria de un ciego ante una mujer tocando el laúd en la noche fría, conjuros y encantamientos, fogatas de las que surgen antorchas inquisidoras, otro caballo blanco surcando la niebla,
oro de mis sueños, un alcohólico con sombrero y gabardina deambula bajo la lluvia intensa de Cracovia, delirios, miradas perdidas, baldías, fiebres de vodkas y sombras y lágrimas, sudor, más sudor frío, una soga al cuello, ya ahorcado, suena el timbre de una puerta que nunca abrirá, koniec,
Kamera: mensajes ocultos, músicas extrañas, suena un piano, raíles de vías hacia destinos improbables,
sonidos poblados de símbolos, diarios de pecadores o historias sin importancia, toda una pléyade de alegorías imposibles, de vendedores ambulantes, medias de encaje, prostitutas como maniquíes, faldas, piernas y rabinos cantores bailando al son de alegorías de niebla y brumas matinales, más viajes en el tiempo, mitos, sueños transformados en realidades paralelas, en mundos alternativos que transcurren entre humedades glaucas y sonidos acuáticos de goteras y tictacs imposibles.
Nunca despertaremos de nuestros verdaderos sueños.
Cfr:





