
Gracias a las redes sociales, parece que todos estuvimos en uno de los conciertos del LUX Tour. Pero la realidad es que, en España, solo tuvimos ese privilegio menos de ciento cincuenta mil personas. Descontando a todos los guiris y agentes gentrificadores que pueblan nuestras capitales, probablemente lleguen, de milagro, a las cien mil. Solo un 0.2 % de la población nacional. Y, sinceramente, debería haber sido obligatorio pasar por semejante trance, igual que lo es acudir al registro civil. Yo tuve la suerte de ir. No fui uno de esos privilegiados que consiguió entradas nada más abrir la venta preferente: no tengo cuenta en casa de Ana Botín. Tampoco lo conseguí en la venta general, a pesar de estar como un loco pendiente de tres dispositivos electrónicos a la vez y varias conversaciones de WhatsApp. Creo que no hacía algo así desde que, siendo un adolescente, me levanté a las cinco de la mañana para ir al Teatro Real el día de la salida a la venta de las entradas del primer recital de la mezzosoprano Cecilia Bartoli al que asistí, la otra gran diva a la que no me puedo resistir. La desesperación, sin embargo, hizo que, con las entradas agotadas y la necesidad de escribir esta crónica, desembolsara una cantidad ingente de dinero que me da vergüenza reproducir para poder asistir a uno de los conciertos del LUX Tour. Todo estaba agotado en los canales oficiales. Miré fechas en ciudades cercanas, pero no me podía escapar. Así que sacrifiqué el viaje de Semana Santa que igualmente no iba a tener e hice clic en comprar. Estaba hecho. Iba a ir al concierto de LUX. Semanas después, un amigo vendía una entrada y pude recuperar parte de mi dinero, creyendo estar menos tarada de lo que en realidad estoy.
El concierto de LUX es una de esas experiencias estéticas en las que, por un momento, te encanta pensar que el arte no es político, aunque siempre lo sea, y donde recuerdas la increíble capacidad que hemos desarrollado los seres humanos para intentar explicar de un modo irracional el milagro que supone estar vivo. Las imágenes de aquel espectáculo están en la retina de todos, pero las casi dos horas de experiencia, no. Por eso quiero traer aquí el relato de ese concierto. Porque todos deberíamos haber ido. Porque en realidad todos fuimos. Espero que las palabras puedan evocar lo vivido aquella noche en Madrid.
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Menudo rollo. Pero NO es mi rollo…
Todo este texto para decir…¿ qué?
Porque ? Señor..Porque? Señor.. este castigo. La que nos ha caido con Rosalia, puro Marketing para un producto simplon.. al pan pan, y al vino vino. ya vale..