
Aunque parezcan nimiedades, se dice que la ropa cumple funciones más importantes que simplemente abrigarnos. Cambia nuestra visión del mundo y la visión que el mundo tiene de nosotros.
(Virginia Woolf, Orlando)
¿Por qué algunas estéticas nacen después de una crisis colectiva? Hay muchas y variadas modas que no son estéticas per se, sino que van mucho más allá de ponerse un determinado outfit: son la forma de gritar sin palabras un golpe emocional con determinada ropa, de expresar antes de decirlo y poder declararlo una conmoción muy fuerte que un colectivo ha experimentado.
Cuando vimos a Steve Jones salir al escenario tocado con un pañuelo con cuatro nudos nos hizo mucha gracia, pero, además de la risa, estaba claro lo que había debajo de la burla. Era dejar atrás, mientras lo reivindicaba, el mundo que el guitarrista conocía desde pequeño: ser bañado en la pila de la cocina, vivir en un sótano, el maleante que fue y el mundo de los transportistas e instaladores de cocinas que lo rodearon. Todo aquello se revelaba como una herida que los trapos que los Sex Pistols lucían se atrevían a reabrir: la crisis económica, las familias disfuncionales, los barrios destartalados, etc. Música aparte, claro. Nosotros lo entendimos a la primera, porque estábamos hartos de ver muy de cerca a los paletas madrileños con aquel tocado y nuestras familias se parecían un poquito a las suyas. También nos encantaban las pintas que llevaban los Pistols, porque aquello era lo más parecido a aparecer como unos vagabundos en el mundo del rock, hasta entonces lleno de raso y lentejuelas (el raso y las lentejuelas también molan, ¿eh?). Por supuesto que ellos no eran conscientes (Jones y Cook vestidos como dos macarras, John Lydon poniéndose ropa de los cincuenta además de los trajes de tartán que le hacía Vivienne Westwood), pero tanto ellos como los miles de restantes grupos punk nacieron tras el colapso del entramado financiero británico. No es casualidad, primero, que la música se hiciera minimalista y ruidosa. La actitud y la moda eran el territorio donde se negociaba quién era uno, donde se veía tal cual a una generación sin medios ni salidas.
En los ochenta, los jóvenes británicos continuaron pasándolo mal. El gobierno de la primera ministra Thatcher los golpeó con furia (no solo a ellos), y la moda respondió, al igual que la música. Muchos adolescentes se vistieron totalmente de negro e imitaron a los burgueses de la Francia del siglo XIX: se pintaron de blanco el rostro y se vistieron con ropas lúgubres para denunciar que la sociedad los trataba y los tenía por muertos. Esta moda, conocida como gótica, sigue en vigor, y no solo en UK, incluso en los países más insospechados. Muchos góticos todavía piensan que, en este mundo, por las razones que todos conocemos, ellos no son los zombis.
Hablo por mí, pero supongo que esto se puede universalizar: la ropa que escogemos nos alivia el miedo tradicional a una falta de control sobre el mundo. Nos da autonomía, además de servirnos como vehículo para mostrar nuestras emociones cuando no queremos o no podemos hablarlas.
La estética, muchas veces, no consuela, sino que confronta. En plena epidemia del sida, hubo una fuerte respuesta de las marcas y firmas comerciales (¿recuerdan las campañas, algunas que provocaron auténticos shocks en la opinión pública, por ejemplo, de Benetton, MAC y H&M?). Se vio el shock que estaba causando esta enfermedad: muchos diseñadores de gran fama murieron en estos años por culpa del sida, y los outfits para hombre se hicieron siguiendo la moda vogue latina y negra, mucho más andrógina de lo que había sido antes.
Un poco más raro resulta explicar la moda grunge como trauma económico, pero sí: en aquellos tiempos, a mediados de los ochenta, Seattle tenía una situación económica bastante precaria, y encima allí, por costumbre, los que querían hacer algo tenían que irse. Pero se estaban montando futuras organizaciones que, desde allí, en pocos años, defenderían los derechos del Tercer Mundo y los del planeta, criticarían la «globalización» y el capitalismo y se enfrentarían a los de la OMC. No creo que el grunge partiera de un trauma concreto, sino de diversos enfrentamientos con la realidad que derivaron en un inmediato estupor y resignación, tal y como suena su música. La ropa grunge es la consecuencia de aquel tremendo desencanto: los vaqueros rotos, las camisas de franela a cuadros (ropa usada en el pueblo, pero rara de ver en un grupo de música), las chaquetas oversized, las botas militares, pero sin cordones, todo con el aspecto descuidado y desaliñado del que hace gala su nombre.
La moda negociaba cada vez más la identidad desde el trauma. Tras el 11-S, entre la gente se puso de moda una ropa militarizada, oscura y funcional. Después de 2008 nació un minimalismo severo, no como filosofía, sino como respuesta al exceso que antes lo había invadido todo. La industria no lidera los tiempos: los digiere y los devuelve como colección de moda. La psicología lo llama moda como gestión del cuerpo. El cuerpo procesa lo que la mente no puede nombrar.
Estamos viviendo, aunque así, en medio del verano, lo de que el capital simbólico se quede más bien como una boutade (que me perdone el fantasma de Bourdieu), y no lo parezca. La nostalgia, que nunca es inocente, siempre es un síntoma, más bien la actual arqueología de la nostalgia. El revival año 2000, mezclado con el futurismo y la cultura pop. Detalles como los del dark academia o el pasamontañas como accesorio urbano no son caprichos de un algoritmo (aunque da para carcajada), son arqueología emocional de una generación que ha crecido con la ansiedad climática, la desaparición de las certezas, vistiendo décadas que no supieron cómo sobrevivir. Aunque yo, la verdad, algunos accesorios, como las gafas sobredimensionadas, los veo más bien como una broma de algún sanedrín de creativos para reírse de todos los trendsetters.
Dentro de la teoría del «interaccionismo simbólico», una perspectiva sociológica que afirma que la acción humana y la sociedad se construyen bajo los significados subjetivos que la gente asigna a los objetos, acontecimientos y conductas, hay un aspecto que trata la moda y que afirma que llevar puesta una determinada ropa es clave a la hora de determinar el significado de un artículo junto con el espectador de ese artículo. La ropa tiene diferentes significados que son distintivos para quien la mira, pero sus significados también están conformados por los contextos sociales, económicos y culturales. Vamos, que no es lo mismo comprarse un pañuelo en una sucursal de Humana que en una de Hermès. Aunque acabe en tu cabeza atado por cuatro nudos. No, ese tendría que ser uno de Guasch. Bueno, eso, si nos ponemos muy finolis.






