En los años ochenta del siglo pasado Mario Camus se convierte en el rey del guión adaptado del cine español; esos años escribe y dirige versiones, para televisión o para cine, de genios como Galdós, Cela, Delibes, Lorca, Barea y, horror, Cebrián. Veinte años antes, durante su aprendizaje, dirige algunas películas de Raphael, colabora con Saura, hace espaguetis con Terence Hill y escribe y dirige dos adaptaciones de Ignacio Aldecoa (la tercera la haría ya avanzados los setenta). Con los cuentos de Aldecoa aprende su trabajo, y lo hace cuando las obras del cuentista vitoriano todavía están frescas (Young Sánchez, la primera, la dirige Camus a los cinco años de editarse el cuento, y el propio Aldecoa colabora en el guión). Al contrario que los autores de las adaptaciones de los años ochenta, Aldecoa todavía no era un clásico. Ahora ya lo es.
Partiendo de que todas las películas de boxeo, como las de submarinos, son buenas, Young Sánchez brilla de un modo especial en la historia del cine español por las magníficas escenas en los gimnasios (que tanto gustarían al capitán Oveur) y por los alucinantes escenarios barceloneses que muestra y que en su mayoría, madrileño yo, lamentablemente no reconozco —mi Barcelona son algunas canciones de Loquillo y unos cuantos libros de Marsé—. Aunque el cuento se desarrolla en Madrid, Camus lo pasa a Barcelona, imagino que por imposición de la productora, y la película gana gracias a la estética portuaria (esa pelea al borde del mar que seguro que hace llorar a Sabino) que luego solamente se vería en alguna peli de Bruno Lomas y antes en el cine negro de A tiro limpio y otras extrañas joyas negras que hace poco emitió 8madrid TV (¡larga vida a Enrique Cerezo!). Las escenas lo-fi a la salida de la fábrica de Olivetti, rodadas desde lejos de forma documental, el aperitivo con el capitalista con la Monumental como telón de fondo o la pelea final dentro del bellísimo edificio Gran Price ya no las voy a olvidar.
Si el cuento de Aldecoa son tres pinceladas en las que se muestra la vida de barrio del boxeador aficionado Paco Sánchez, quien quiere pasar al profesionalismo para ser Young Sánchez, con la hermana fea, la madre enferma, el padre ansioso del triunfo de su hijo —interpretado por el capitán de todos los mitos, el excelentísimo Luis Ciges—, los compañeros del gimnasio y de la fábrica y amigos ex-boxeadores que, como personajes de Garci, hablan de un mundo desaparecido, en la película Camus y Aldecoa se ven obligados a crear un argumento, y lo hacen sin salirse ni un centímetro del tópico: joven humilde y ambicioso saca la cabeza fuera del barrio olvidando a quienes le crearon —argumento que Camus repite con un Raphael ultraamargado en Cuando tú no estás—. Los desconocidos del reparto —excepto Ciges y Carlos Otero, genial como boxeador fracasado, actor que también sale en la de Raphael y en A tiro limpio— y el blanco y negro un tanto costroso crean un neorrealismo de andar por casa con zapatillas de cuadros donde las lágrimas no dejarían de correr por nuestras mejillas si en vez de Julián Mateos estuviera Alain “Rocco” Delon haciendo de Young. El protagonista, al dejar atrás a sus amigos del gimnasio —y no dejando que su hermana se dé el lote con un chavalote en la calle— se hace un personaje antipático y la cinta, sin un personaje central que caiga bien, se hace un poco cuesta arriba. Camus trata de suplir esa carencia llenando al entrenador de humanidad y sabiduría maqrolliana, ya que sabe desde el primer momento que Young le va dejar porque es lo que siempre sucede (leer esto último escuchando Qué nos va a pasar).
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Hola,
El cuento es real en el sentido de que las hojas sudan, tiemblan las páginas cuando al final Young marcha hacia Valencia para el combate por llamarle de alguna manera al lugar al que el destino -inevitable- al que Aldecoa le conduce.
No he visto la peli de Camus. El cuento huele a linimento, a jamón del malo, a abrotanomacho. Qué grande Aldecoa. Qué grande.
Otra de Camus con reparto imposible es «Volver a vivir» con Raf Vallone haciendo del mejor entrenador del Racing de Santander, la guapísima Lea Massari y el delantero centro Manolo Zarzo rematando en la playa de Laredo.