Destiempos Opinión

Ricardo Cantalapiedra: El arte de la disipación

Javier Krahe

Si no nos disipamos de vez en cuando, van a acabar con nosotros. El arte de la disipación siempre ha sido esencial para vivir razonablemente en circunstancias agobiantes. No se trata de “derrochar la hacienda, desvanecerse, quedar en nada una cosa”, una de las acepciones del diccionario. Se trata de otra acepción  legal, ortodoxa y marchosa: “Vida de distracciones y placeres”. Lo que soñaba Juana La Loca para todos los españoles, menos para su marido Felipe El Hermoso.

Hay mucho tipo de distracciones, es obvio. Algunas son muy caras; los placeres acaban cobrando mucho. Tenemos al lado disipaciones sencillas que nos amenizan el día de forma fácil, amena y gratuita, muchas veces sin salir de casa. Me voy a fijar en cuatro: la viñeta del periódico, los crucigramas, el juego del telediario y el cantautor Javier Krahe.

La viñeta, princesa de las páginas de opinión, nos dice lo que pasa diariamente, bueno o malo, en un instante y con una sonrisa más allá de la cotidianidad. Es el oso panda del periódico que retoza por todas las secciones del mismo, incluidos los editoriales. Y así, tomas el café tranquilamente y se te pone un esbozo de jovialidad al comenzar el día. Miras la viñeta. La vuelves a mirar. Luego te lo piensas más y te entra un ataque de risa que alborota a la clientela del bar. Ojean la viñeta, se la van pasando entre ellos. En unos minutos ya está carcajeándose todo el local. Esto te deja disipado casi todo el día hasta que sale Santa Austera en el televisor y te devuelve el mal café que nos va degradando rigurosamente.

Hay muchos tipos de pensadores gráficos, cantidad de estilos, algunos de ellos magistrales, como el maestro Mingote que se fue. Pero tenemos varios más. En El País, por ejemplo, están dos buenos ejemplares: El Roto y Forges, cada cual en su terreno, retratan diariamente el grito, el esperpento, los bancos, el sarcasmo, los prohombres y superhembras, el silencio, el cine, el fútbol, la sátira, la ternura, el cabreo, las frases lapidarias, las estocadas temerarias y las chicuelitas garbosas. Don Francisco de Goya, genial humorista social, sería en estos momentos un viñetista perfecto, de igual modo que don Francisco de Quevedo sería un columnista genial.

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Un comentario

  1. María José Carballo

    Artículo original, sibilino y profundo a la vez, para el que quiera entender.

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