Sociedad

Plaza de Cataluña: en ocasiones veo fascismo #felipfuig

CP 29 05 11 3605
Plaça de Catalunya 15-M. Fotografía: Job Vermulen / Corodon.

Cuando estaba a punto de escribir un artículo en el que hacía la crítica de ciertas derivas políticas dentro del movimiento 15-M he asistido boquiabierto a las truculentas imágenes de los Mossos d’Esquadra apaleando sin motivo a los acampados de la plaza de Cataluña en Barcelona. Individuos sentados en el suelo ofreciendo resistencia pacífica —sin hacer el menor gesto de agresión a los agentes de la ley— han terminado siendo víctimas de una injustificada e injustificable brutalidad policial. He de confesar que a duras penas podía creer lo que estaban viendo mis ojos. Esto es España y estamos en el año 2011, ¿verdad?

Invito al lector a hacer un pequeño experimento: contemple de nuevo las imágenes y haga un pequeño esfuerzo de imaginación. Ya no estamos en el 2011, sino en 1960. Quien va a jugar una final no es el Barça de Messi, sino el Madrid de Di Stefano. Los uniformes ya no son los de los mossos, sino los de la policía franquista. Y, claro, es necesaria una limpieza de la plaza para que la Copa de Europa pueda ser convenientemente celebrada, por tanto se lleva a cabo un desalojo por supuestos motivos de «seguridad» e «higiene». Y ahora la pregunta: si sustituimos mentalmente todos estos elementos, ¿no es cierto que todo cuadra mágicamente? Eso es lo triste, que las escenas de este viernes 27 de mayo de 2011 no nos resultarían nada sorprendentes si se nos presentasen en blanco y negro: son, efectivamente, la clase de sucesos que ya sólo deberían pertenecer al pasado.

Las agresiones policiales en la plaza de Cataluña no son, mucho me temo, un hecho anecdótico, sino el síntoma de alguno de los cánceres que están convirtiendo nuestra sociedad en un ecosistema cada vez más inhóspito para el humilde ciudadano medio. Uno de esos cánceres es la absoluta predominancia en la motivación de nuestros gobernantes del interés económico sobre el respeto al ciudadano. Un grupo de manifestantes con los que uno puede estar más o menos de acuerdo pero que presentan una protesta legítima de manera pacífica y civilizada, han sido hoy mucho menos importantes y mucho menos merecedores de respeto para nuestras autoridades que, por ejemplo, un partidito de fútbol. ¿Saben ustedes por qué? Porque el fútbol es igual a dinero pero los ciudadanos inquietos son igual a molestia, y esto lo dice alguien a quien le gusta el fútbol y vio el Mundial banderita en mano. Pero ciertas autoridades han pensado que hay una final de la Champions League, así que la protesta legítima del pueblo va a tener que buscarse algún otro solar donde montar el chiringuito; la celebración futbolera es lo primero, las quejas sobre el desempleo, la corrupción o los defectos de nuestra democracia están ocupando una plaza que, al parecer, pertenece por derecho a la UEFA. Esto es lo que valemos los ciudadanos para la gente que nos está gobernando: nada. No valemos ni el esfuerzo de una negociación digna. Las prisas por barrer de manifestantes las áreas públicas se traducen en palizas porra en mano a ciudadanos indefensos.

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