A grandes números, Loquillo y Sabino Méndez llevaban más de veinte años sin concebir un álbum juntos. Morir en primavera (1988) supuso el final de una colaboración continua a lo largo de la década de los ochenta y sobrevino con ruptura ruidosa y cruce de reproches y pullas públicas. Méndez rememoró aquellos años en el libro autobiográfico Corre, Rocker. Crónica personal de los ochenta (2000), que inicia una trayectoria literaria que, de momento, se ha movido en el terreno de la no ficción y el pronombre personal en primera persona. La síntesis del que fuera excepcional compositor (suyos son hits como Cadillac Solitario, Ritmo del garaje, La Mataré, El Rompeolas o Todo el mundo ama a Isabel) y esforzado guitarra rítmico de Loquillo y Los Trogloditas no puede ser más lisa y sintética: “Éramos pues jóvenes. Éramos desmesurados. Éramos tan, tan estúpidos que, de puro estúpidos, éramos prodigiosos…”. La estupidez no evitó la dependencia a la heroína de Sabino, una de las principales causas de su marcha de la banda, como tampoco las un tanto exageradas maneras de Loquillo por escenificar sin pausa el personaje de Rock’n’Roll Star autóctono. La juventud tiene sus peligros y delirios. Aun así, queda el prodigio materializado en siete discos a los que ahora, exhibiendo canas los dos, escondiendo una mínima curva feliz de pertinaces gastrónomos (no en vano el chef Sergi Arola contribuye en los coros de varios temas) y cultivando paternidad, hay que sumar este La nave de los locos (2012), recopilación de diez canciones compuestas por Sabino y que Loquillo hace cómodamente suyas con la producción de Jaime Stinus. Se trata de temas cronológicamente dispares, descartes de álbumes anteriores, composiciones concebidas, en principio, para otros propósitos y que ahora adoptan unidad conceptual merced al proyecto conjunto.
El primer tema del álbum, que Sabino ya grabó en su único disco en solitario, El día que murió Marcelo Matronianni (1996), declara: “Somos la clase media./ Soy uno más de ella./ Sabemos que hay de todo,/ pero que muy pocos de los sueños febriles son para nosotros”. Queda, pues, muy atrás la épica rockera del chaval de barrio con torres de hormigón y acero, y fachadas desconchadas al fondo, y el paso de los años ha ayudado a asimilar una posición social en el mundo más acorde con la realidad individual. La clase media. En cualquier caso, los versos tienen el mérito —como todas las letras de solidez literaria, y estas diez composiciones son una muestra impecable— de amoldarse a los sucesos consuetudinarios. Sí, en el marco de una crisis que ha tocado la línea de flotación de la clase media e irremediablemente acabará hundiendo el actual estado del bienestar, aportación máxima de dicha clase a las sociedades modernas, pocos de los sueños febriles pueden alcanzarse. Más bien todo lo contrario. Vamos llenos de pesadillas. “Mar está en el paro./ Rosa hace terapia./ María compra en la herboristería./ Jaime está en la cárcel, cuarta galería./ Ramón tiene un bar./ Su hermana va a votar./ A Dani le han crecido ya un par de hijos./ Oriol se pelea por un puesto fijo./ Eunucos, donjuanes./ Tenores, sopranos./ Curas, policías, reyes o payasos./ Políticos, barmans, ladrones, soldados…” Esta mínima presentación de historias y personajes dispares, como en el cuadro de El Bosco que da título al disco, refleja una barahúnda acorde con los tiempos de confusión y que encuentra como respuesta una actitud (sin disfraz) de compromiso personal e intransferible: “Con rabia y ternura, con desespero,/ por ti, por mí, por todos los que quiero…/ Yo bailo el rock…”. El escueto estribillo con tintes irónicos recalca una concepción del rock (sobre todo en su derivación punk) como inmediata respuesta rugiente y airada, pero, al mismo tiempo, exhibe una desfachatez hedonista frente a los responsables de las tropelías y los despropósitos de los (des)gobiernos. Frente a la sordidez moral y material sólo queda marcarse un rock. Yo bailo el rock.
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La verdad es que hizo temazos sabino pero ahora está acabado, comparte memoria con aquel genio pero no tiene nada que ver
«Ciertamente, nadie ha sabido como Loquillo encarnar las composiciones de Sabino Méndez. Más polémico es el debate de si Loquillo ha logrado superar artísticamente aquella etapa.»
No veo la polémica por ningún sitio. Loquillo ha superado de sobra la etapa con Sabino y no sólo cambiando de tono en sus discos «de poetas». Quienquiera que lo dude que escuche «Feo, fuerte y formal», por ejemplo.
«El directo A por ellos, que son pocos y cobardes (1989) […]. Un fin de ciclo extraordinario».
* * * *
¡Por favor! ¡Si casi no se oía! ¡Cualquier directo de aquella época tenía mejor sonido!
Aquella espantosa producción tiró por la borda el trabajo anterior. Quizás, mirándolo bien, fue un fin de fiesta coherente…
Hombre, tirar por la borda… Está hecho con cuatro duros. Incluso hay algunas distorsiones. Muy punk, la verdad.
Quizás exageré, lo siento. Pero más lamenté en su momento aquel no-sonido. ¡Si hasta el directo de Glutamato Ye-Ye, grabado años antes -creo recordar-, sonaba mejor!
El artículo de usted, en cualquier caso, es de muy recomendable lectura, sobre todo para quienes tanto disfrutamos de LyT en los ochenta. A mí, después del directo, dejaron de interesarme (sin embargo, me compré los dos LPs siguientes. . Quizás algo tuviese que ver en ello la marcha de Sabino Méndez (también dejé a Robert Gordon, a Sleepy LaBeef, a Crazy Cavan, a los Meteors, a los Matchbox, a los Rebeldes, a Aurelio y los Vagabundos, a los Más Birras, etc.), aunque yo lo achaco a «cosas de la edad».
Saludos y gracias por el artículo.
Muchas gracias. Se lo agradezco. Robert Gordon ha envejecido muy mal. Y Cavan debe de tener un hígado de acero.
Que Robert Gordon ha envejecido mal? se ve que no has llegado a escuchar ‘SATISFIED MIND’ del 2004. Es simplemente una OBRA MAESTRA del tipo..
Muy buen repaso, asi da gusto leer artículos
La verdad es que nos caen simpáticos, pero no se puede negar que Loquillo siempre cantará muy mal y que las letras de Sabino son, cuanto menos, de un estudiante de BUP.
Hombre, cuando puedas pásanos algunas de tus composiciones para ver qué tal.
Deseando ya oir tus letras, macho
Otro cantante sin ningún talento, pésima voz, nula modulación que triunfa en el pop/rock/música melódica.
Enhorabuena por el articulo J. Bernal. No puedo esperar a escuchar el nuevo disco. Saludos desde LA
Y la nueva canción de LOQUILLO inspira es el post ‘Contento’ http://basketandtalent.com/2012/10/10/contento/
Loquillo es la anti música.
hombre, si no te gusta pues muy bien, pero, q es para ti la musica?
Para mí, «La nave de los locos», es mucho más que otro disco de Loquillo. Es un gustazo escucharlo así de bien. Como siempre, así de auténtico. Pero musicalmente, esta vez a dado en la tecla.
Creo que Loquillo sin Sabino no hubiera llegado donde está.
A mi Loquillo y Cia por lo general me parecieron poco mas que un refrito pachanguero a la espanyola. Credibilidad muy baja. Dejaron dos o tres temas decentes y ya.
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Obviamente Loquillo le debe todo lo que es a Sabino. Y punto. A ver si algún día tiene los cojones de reconocerlo en público, porque saberlo lo sabe muy bien.
Para los que eramos unos críos en los 80, Loquillo y T tiene sin duda 3 o 4 canciones de lo mejorcito del pop rock hispano de la época. Otra historia es la relacion de Sabino/Loquillo. Para mi Loquillo se acaba claramente cuando Sabino deja la banda, aunque no deja de ser digno de admiracion lo que ha aguantado sin el. Se ha sabido buscar la vida, como con aquel disco de poemas. Digno de admiración, aunque de una forma prescindible, similar a «admirar» que madonna lleve decadas dando el coñazo
Sin dudas, con seguidores y detractores, todos podemos concluir que Loquillo y los trogloditas forman parte de nuestra cultura musical, nos guste o no. Y eso es decir Loquillo al micro y Sabino a los mandos de la nave.
Lo que vino después, la carrera solitaria del Loco a mi me parece muy desigual, aunque siempre que viene a mi ciudad voy a verlo solico o con Nu-Niles, a mi me da lo mismo, canta igual en una sala chica que en el escenario del Interestelar (como se llama ahora). Por descontado, el Loco pensador poeta y escritor me resulta absolutamente prescindible, pero su oficio se lo sabe, y da bien la nota sobre el escenario.